
En un bar atestado de gente hay dos tipos sentados junto a la barra, conversando. Uno de ellos, gafas, barba de dos o tres días, media melena, un tanto con sobrepeso, habla casi a voces de cierta gestión que actualmente se realiza por parte de la Comunidad en cuanto a ocho hospitales prometidos en zonas que se están construyendo a marchas forzadas. Tilda a la presidenta de la misma de “hijadelagranputa” por su agradecida disposición para con los constructores. Este es el plan: El constructor lleva a cabo el hospital por 150 millones de euros que lo gestionará junto con la Comunidad. La Comunidad le pagará cada año una cantidad a 30 años con lo que el constructor habrá ganado el 3800% finalmente. Luego, esta señora, que tiene familia por todo lo ancho y largo del Pueblo que gobierna, se retirará con 1000 millones en un banco en Suiza. El otro, gira la cabeza, la agacha sobre el botellín que está bebiendo, asiente con una sonrisa, y se carcajea cuando el primero, alza la voz y exclama “... y esta hijadelagranputa...”. El amigo, pelo largo que le cae por la espalda, canoso, también con cierto sobrepeso, camiseta de joven que se las quiere dar de joven, y sin gafas aunque por lo que parpadea pudiera ser que lleve lentillas, piensa que alguien puede estar pegando la oreja, y que este puede ser un elemento del partido político de la misma "hijadelagranputa" y entonces provocar en este una respuesta, remover un poco más el lodo en el que se mueven nuestros políticos que gobiernan estrangulados con los cheques en blanco que les proporcionan los bancos, o con las ayudas de los constructores y otras alegres contribuciones y "regalos" de particulares. Se supone que si hay alguien que puede estar escuchando se dará cuenta, pensará que el que le escupe esos datos de gestión es del otro partido político actualmente en la oposición de la Comunidad. Pues no. Es un poeta. Un paria, un pensador libre sin ataduras, en paro, por desgracia, que realiza pequeños trabajos a editoriales, una persona culta por ende, que no solo critica a uno sino a otro, lo que supone un aliciente, por supuesto, para el que solo ve un posicionamiento político en contra de otro. Algo muy en boga en este país donde solo se comienza a ver el blanco y el negro, y donde surgen luchas que se han fomentado -por desgracia para todo el mundo y para la misma Democracia que ellos llaman y desmontan sin saberlo- el salvaje bipartidismo, del que se contamina también la misma gente de la calle. Se encuentran de nuevo en aquel siglo XIX, donde unos y otros se pasaban alegremente la pelota del Gobierno mientras descuidaban la gestión de un país ajeno a la Revolución Industrial que se producía en los países vecinos, condenando así a la hambruna crónica a casi el 90 por ciento de la población, la cual vivía en el campo, mientras el señorito, el cacique o el patrón junto con otras fuerzas, como el cura que aleccionaba con infernales castigos, vivían a cuerpo de rey Alfonso XII.
Andando la noche se encontrarán ambos en un bar, junto a otra amiga compañera de fatigas, extraído de cualquier pueblo en fiestas, con ambiente a muchachada treintañera, música agradable de baile actual y machacón, y conversarán con una periodista que trabaja en una periódico digital afín a la otra fuerza política, y que se desespera cuando reconoce que hace exactamente lo que se comenta más arriba. Es decir estar en contra de lo que hace el otro, es decir, “quítate tú para ponerme yo”. El del pelo largo, nada más presentarse ella, presentarse él, donde trabajo yo, dónde trabajas tú, le hace el siguiente comentario: “¡Ah!, ¿que trabajas en un periódico fascista?”. Algo que se conviene exagerado porque al fin y al cabo al chico le interesa cambiar de trabajo y hacer lo que le realmente le gusta que es escribir, aunque sea en un periódico como este, y además después de que su amigo, en paro, paria, y poeta, le haya recomendado. Lo que se llama un bocazas, pero al otro le viene al pairo, tan quemado como está por unos y por otros. Es un triste y desastroso mal significarse como anarquista con más de treinta años. La mujer no se arredra y decide entablar conversación con él. Y hablan de bancos, constructores, inmobiliarias -envueltos en una atronadora traca musical- juego en el que se integran uno y otro, por supuesto, aunque los dos, se supone, vivan de alquiler. Finalmente, la periodista se va alejando hasta colocarse en un extremo. Los dos amigos se ríen del colega diciéndole qué le habrá hecho a la periodista, pero el piensa que tiene que pedirla perdón por si la ha molestado porque el también trabaja para el enemigo...
Y fin.
(La fotografía pertenece a un rincón de Malatesta, realizada, creo, por Inés).
Etiquetas: ruidos









