sábado, septiembre 30, 2006



En un bar atestado de gente hay dos tipos sentados junto a la barra, conversando. Uno de ellos, gafas, barba de dos o tres días, media melena, un tanto con sobrepeso, habla casi a voces de cierta gestión que actualmente se realiza por parte de la Comunidad en cuanto a ocho hospitales prometidos en zonas que se están construyendo a marchas forzadas. Tilda a la presidenta de la misma de “hijadelagranputa” por su agradecida disposición para con los constructores. Este es el plan: El constructor lleva a cabo el hospital por 150 millones de euros que lo gestionará junto con la Comunidad. La Comunidad le pagará cada año una cantidad a 30 años con lo que el constructor habrá ganado el 3800% finalmente. Luego, esta señora, que tiene familia por todo lo ancho y largo del Pueblo que gobierna, se retirará con 1000 millones en un banco en Suiza. El otro, gira la cabeza, la agacha sobre el botellín que está bebiendo, asiente con una sonrisa, y se carcajea cuando el primero, alza la voz y exclama “... y esta hijadelagranputa...”. El amigo, pelo largo que le cae por la espalda, canoso, también con cierto sobrepeso, camiseta de joven que se las quiere dar de joven, y sin gafas aunque por lo que parpadea pudiera ser que lleve lentillas, piensa que alguien puede estar pegando la oreja, y que este puede ser un elemento del partido político de la misma "hijadelagranputa" y entonces provocar en este una respuesta, remover un poco más el lodo en el que se mueven nuestros políticos que gobiernan estrangulados con los cheques en blanco que les proporcionan los bancos, o con las ayudas de los constructores y otras alegres contribuciones y "regalos" de particulares. Se supone que si hay alguien que puede estar escuchando se dará cuenta, pensará que el que le escupe esos datos de gestión es del otro partido político actualmente en la oposición de la Comunidad. Pues no. Es un poeta. Un paria, un pensador libre sin ataduras, en paro, por desgracia, que realiza pequeños trabajos a editoriales, una persona culta por ende, que no solo critica a uno sino a otro, lo que supone un aliciente, por supuesto, para el que solo ve un posicionamiento político en contra de otro. Algo muy en boga en este país donde solo se comienza a ver el blanco y el negro, y donde surgen luchas que se han fomentado -por desgracia para todo el mundo y para la misma Democracia que ellos llaman y desmontan sin saberlo- el salvaje bipartidismo, del que se contamina también la misma gente de la calle. Se encuentran de nuevo en aquel siglo XIX, donde unos y otros se pasaban alegremente la pelota del Gobierno mientras descuidaban la gestión de un país ajeno a la Revolución Industrial que se producía en los países vecinos, condenando así a la hambruna crónica a casi el 90 por ciento de la población, la cual vivía en el campo, mientras el señorito, el cacique o el patrón junto con otras fuerzas, como el cura que aleccionaba con infernales castigos, vivían a cuerpo de rey Alfonso XII.

Andando la noche se encontrarán ambos en un bar, junto a otra amiga compañera de fatigas, extraído de cualquier pueblo en fiestas, con ambiente a muchachada treintañera, música agradable de baile actual y machacón, y conversarán con una periodista que trabaja en una periódico digital afín a la otra fuerza política, y que se desespera cuando reconoce que hace exactamente lo que se comenta más arriba. Es decir estar en contra de lo que hace el otro, es decir, “quítate tú para ponerme yo”. El del pelo largo, nada más presentarse ella, presentarse él, donde trabajo yo, dónde trabajas tú, le hace el siguiente comentario: “¡Ah!, ¿que trabajas en un periódico fascista?”. Algo que se conviene exagerado porque al fin y al cabo al chico le interesa cambiar de trabajo y hacer lo que le realmente le gusta que es escribir, aunque sea en un periódico como este, y además después de que su amigo, en paro, paria, y poeta, le haya recomendado. Lo que se llama un bocazas, pero al otro le viene al pairo, tan quemado como está por unos y por otros. Es un triste y desastroso mal significarse como anarquista con más de treinta años. La mujer no se arredra y decide entablar conversación con él. Y hablan de bancos, constructores, inmobiliarias -envueltos en una atronadora traca musical- juego en el que se integran uno y otro, por supuesto, aunque los dos, se supone, vivan de alquiler. Finalmente, la periodista se va alejando hasta colocarse en un extremo. Los dos amigos se ríen del colega diciéndole qué le habrá hecho a la periodista, pero el piensa que tiene que pedirla perdón por si la ha molestado porque el también trabaja para el enemigo...
Y fin.

(La fotografía pertenece a un rincón de Malatesta, realizada, creo, por Inés).

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viernes, septiembre 29, 2006

Anoche, cuando iba hacia casa, eran más de las cuatro de la mañana, me vino a la cabeza el relato de Kafka, Un artista del trapecio, y quise pegarlo aquí, dejarlo aquí colgado, balanceándose de un lado hacia otro, sin necesidad alguna de bajar a la tierra, a la pista del circo. Para nada. En absoluto. Detenido a veces en su trapecio. Balanceándose en su trapecio. Parado, detenido. Y cuando alguien le pregunte:
-No, no tengo ninguna necesidad de acompañarles allá abajo.
-Pero...
-No, no se moleste, gracias... estoy bien aquí.
-Pero algún día se cansará y bajará y podrá ver que se ha perdido muchas cosas que podía haber conquistado aquí, en la tierra, con nosotros...
-No, gracias, lo que tengo, lo tengo, y es mi felicidad... soy una persona completa. Desde mi trapecio contemplo a la gente reír y llorar, llevarse por sus pasiones, aplaudir a rabiar cuando algo les entusiasma y amar y odiar a aquellos que se presentan ante ellos... es lo que necesito, nada más, desde aquí he desarrollado una capacidad de observación, un afán por comprender y empatizar que dudo mucho que pocos puedan alcanzar allá abajo. Además, para mi dedicación es necesario que me encuentre aquí. Sólo puedo aprender realmente, eso creo, eso sé, desde esta posición realmente privilegiada porque así soy capaz de mostrar, de comunicarme, de hablar a los demás... ¿Usted me comprende, verdad?
El hombre, un punto sobre la pista, se dolía del cuello y bajó la cabeza. Se pasó la mano por el cuello, masajeándoselo. Volvió a mirar a aquel artista, un auténtico artista, un verdadero artista. Mucha gente de la que entraba a su circo, pues este era el propietario de todo aquello, pagaba su entrada sólo por verle a él. Sólo para ver sus piruetas en el aire, piruetas extrañísimas. En ocasiones, le veía bailar con el aire, como dos enamorados que se toman y se pierden en sus cuerpos, ausentándose por completo de todo aquello que les rodea. ¿Quién era aquel que decidió subirse a un trapecio? No comprendía nada. Lo cierto es que no comprendía. Él sabía de sus negocios, que también debe ser un arte...

Anoche, cuando volvía, quise gritar por la calle ¡un artista en el trapecio!, pero me contuve. Seguramente nadie me entendería, o sí, pero eran cuatro de la mañana y no quise despertar a nadie.
Supongo que he de explicar todo esto. El porqué de esta pasión, pero me resulta difícil. Sé que hay multitud de artistas del trapecio que se trasladan de un sitio a otro, que permanecen lúgubres cuando entran en una fiesta o son lo habituales solitarios en el fondo de cualquier bar, o son muy amables y muy dicharacheros cuando encuentran una agradable conversación. No lo sé. Tal vez sea esta una interpretación cuando menos romántica. Los hay que son salvajes, violentos, extremadamente egocéntricos o pendencieros. Que se aprovechan de los demás para poder seguir balanceándose en su trapecio cuando llegan a su propio circo. Pero, luego, nos sorprenden con una maravillosa obra con la que le perdonamos todo, incluso el que nos haya conducido a un paso de la muerte. He conocido a gente así, y conozco. Sé que no es perdón, es más bien comprensión pero ¿realmente necesitan comprensión? En absoluto.
Sea esto tal vez.
4 y media de la mañana.
Taqué.

El Artista en el trapecio de Frank Kafka.Un artista del trapecio - Franz Kafka

jueves, septiembre 28, 2006

Presentación de la revista Qué suerte! Un lujo. Y luego conozco a Ulfo, editor de la revista, y no sabe contestarme o no quiere contestarme a las preguntas que le hago. Un par de jarras de cerveza, nada más, lo juro, en La aguja, y me marcho hacia Lo Máximo pero lo están regando pa las cucarachas, Desinsectación lo llaman... Deberían proveernos de botellas de oxígeno en Lavapiés. Si no sé, no te conozco. Me gustaría hablar del recital de Malatesta el domingo pasado pero no acierto, tal vez que cuanta menos gente vaya o cuanta más gente, mejor. Otro pequeño lujo. ¿Qué? ¡No te oigo! He dicho que estuvimos leyendo a unos cuantos poemtas y unos cantos, y unos cuantos poemtas y unos poetas. Nada más más que eso.
Y luego me encontré a David y me dijo por qué no me había pasado por Portugal... ¡YA ME GUSTARÍA... NO TEJODE! pero pillaré unos autobuses y allí estaré la próxima aunque no haya próxima, lo sé.
Y Wislawa Symborzska planea sobre mí. Últimamente he estado curioseando ediciones por las librerías más conocidas: Casa del Libro y Fnac y nada. Soys un puto fraude. discotecas de bacalao de mejillón eso es lo que soys. Voy al salón... a buscar el libro que tengo de ella. y no lo teng me cago en todo lo que se menea. No sé si soy yo o son mis neuras.
Lo cierto es que en este Madrid lo único que hay es mucho paleto disfrazado de marciano. Para las bibliotecas, un abrazo, pero siguen viviendo en ese Paleolítico que nos permite seguir pensando en ese Blanco y Negro que tanto nos gusta.
Un poeta: Heraldo de Campos. En La Casa del libro enfrente del Cortilandia de ña ña ña de todos los años. En edición de El acantilado. Si lo buscais en el google no aparece. El google o yo somos un fraude. Ña, Ña, ña. Búscate otro bizcocho, alma mía.
Un tipo que corta las palabras como si fuera yogurt no es un tipo cualquiera. Y dale... !Los poetas! Animalitos pequeños que crecen entre las piñas de los pinos. Agujas de la historia. Relente que te levanta como un café fuerte y que el vaho apesta.
Esos son los buenos. Bosque de doble N.
Ritmo, Ritmo buscaba el muchacho con los zapatos ateridos en la playa.
Sus amigos le miraban al abrigo tres cuartos que llevaba de su abuelo.
Y él repitiendo, RITMO, RITMO, RITMO.
Os juro que no se perdía mientras sus dedos chascaban
Juro que se podrá morir de hambre o de frío.
Entre los hielos del patio una bufanda de lana.
No voy a dejar de escribir por ahora, no os preocupeis.
Saldré a por la botella de agua a la cocina.
Raymond Craver le han publicado un libro donde recoge, parece, parece, todos sus poemas.
Ni siquiera tengo la poesía de Carver. Soy un fraude.
Dándole con un guante al Piti de camino a Madrid en la mayor fiesta del Rames
luego le quitarían la casa porque su padre
su madre
pusieron un café
y se acabó
no quiero ser impersonal,
y mira que le daba con el guante y le decía
"EL PITI, EL PITI ES COJONUDO, COMO EL PITI, NO HAY NINGUNO"
no volví a verle.
Me devolvió a mi casa, lo hizo por el Jose,
porque si no,
por que si no...
me hubiera dejado en la misma Nacional 1
¡ahí te jodas...!
y mucho más tarde hicimos aquel aquelarre continuo en el LOLALOLA
y más tarde o durante nos desvestimos y nombramos de nuevo en Olhos de Agua, en el Algarve.
Motos que nos adelantaban en carreteras anchas.
Un lugareño con casco de abuelo a 80.
Los calzoncillos que nos preguntaron durante tres días y tres noches
en aquella habitación,
el esqueleto de pavo que dibujamos sobre la mesa de mármol.
El hotel dibujado en mitad de la película.
Todo eso no basta, no basta.
El esquizo que me observa con sus dos grandes ojos azules eternos al girar la esquina.
Una mujer tirada en mitad de la calle, brazos en cruz que levantamos
la mirada perdida.
Un chico que me grita al otro lado de la calle si bajo cuando acabo de subir.
miles Davis sonándome al oído.
La canción que llevo dentro...
jugando a las máquinas en el recreo.

¿ES SUFICIENTE?
¿ES SUFICIENTE?


NO.

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lunes, septiembre 25, 2006

Musa de fin de año

Mis colegas ya se han ido, hoy es Nochevieja, todos están pedo, yo también lo estoy, fuera llueve y hace frío y el concierto ha estado de puta madre. Un concierto desde la una de la mañana hasta las nueve y media. Han tocado versiones de los Stooges, de los Beatles, de los Zeppelin, la peña se ha dejado las rodillas bailando y las chicas sonreían más que sus escotes. Perfecto. Una noche de puta madre. Cojonudo. No tengo pasta y no tengo ganas tampoco de abandonar este sitio. A ver si el barman se enrolla y me pone otra cerveza. He intentado toda la noche hilar un verso pero estos putos pantalones se me han caido tantas veces... y no he podido conjugar el movimiento de alzada con el descenso de la voz de la musa. Nada. Lo malo es que todavía me quedan ganas de juerga. Eso es lo que jode. Sin pasta y con inquietudes todavía. Apenas quedan unos tipos a mi lado, y al fondo, otra gente que se ha metido más rayas que el crujido de sus mandíbulas se oye por todo el escenario. Una buena fiesta. La peña que está a mi lado no deja de mirarme y sonreír. ¿Tendré algo en la cara? ¿Me conocen? Nada. Con ellos, una chica preciosa que no deja de mirarme y que sonríe. Le hago gracia. Ella también me hace gracia, y la miro, y se esconde, y me vuelve a mirar y yo me tiro a la piscina y la sonrío. "Aguanta la mirada, capullo, te está llamando" -me chilla el amigo imaginario. No quiero describirla. Está ahí y eso basta. Es bonita, linda, parece muy simpática y nos caemos bien, a gusto, perfecto, funcionan los espíritus esos de Garcilaso de la Vega. Bien, aguanta, a ver qué pasa. Se acerca a pagar. Sola. Con un billete en la mano. Se coloca junto a mí y vuelve a sonreírme. Estoy apenas a 30 centímetros de su boca, de su sonrisa, de sus ojos clavados en mis ojos. Este hormigueo que siento... un bim, bam, bum en mi cabeza. Un abrirse y cerrarse de puertas, cuarenta talgos corriendo parejos a ver quien balbucea una palabra. ¿Le digo "hola"? ¿Qué cojones digo? Sé natural, me digo. Pero la cerveza puede más que cualquier frase con un mínimo sentido. Estoy congelado y ardiendo. Una sensación de estupidez plena y absoluta. Cara de tonto.... ¡necesito un espejo para saber lo que es la impotencia!
-¿Conoces un sitio por aquí cerca para comer un par de huevos fritos?
Es la frase más redonda que se ha escrito en mi cabeza nunca. ¡Mierda!, qué estoy pensando. Sonríe. ¿No sabes qué decir? Y me contesta: "Sí, pero todo tiene un precio..." "Espero poder pagarlo" -digo intrigado. Me gusta el juego y ella lo recibe. Se vuelve, sonríe a sus colegas que le devuelven la sonrisa. "¡Espera!" me dice, y vuelve con ellos. Ellos me miran, ríen, les pregunta. Está claro. No se corta. Ellos se despiden de ella y vuelve hacia mí. Ella me coge de la mano... "¡Ven que te llevo!". La musa aparece sin necesidad de poesía. Antes de salir del garito, coge un casco de moto. Nos subimos a un caballo todo lleno de cilindros y... ¡arriba...!, cuidado con las nubes recién llovidas... "Agárrate, que no te vean los pitufos". Y me hundo en su cuerpo. La cojo de la cintura que es de cuero y nos lanzamos por la carretera. Es un sueño. Nada más, sólo ocurre en las películas.
Deja la moto delante de un portal y me dice que mejor subimos a su casa. Que tiene sueño pero que antes comemos lo prometido. "¡Vale!" -le contesto, y ya estamos en su cocina hablando de nosotros como si fuéramos dos que se hubieran conocido hace tiempo... Empezamos a reír y acercarnos, a darnos de comer el uno al otro. Borrachos como estamos nos limpiamos la boca a lametazos. Al final nos caemos al suelo. Seguimos con hambre y nos buscamos. No nos sirve la ropa. Solo queremos lo que tiene el otro. Somos caníbales buscando la frontera entre el dolor y el placer. Nada más que eso. Retozamos por el suelo, subimos y volvemos a sumergirnos en el cuerpo del otro. Una y otra vez. Desnudos, buceando por un oceáno henchido de olas de deseo. Ella es un perfil de aire, un cuerpo que se vuelve fibra y cuerda tensa que se dispara por momentos, que vuelve a la batalla y que no se rinde nunca. Nos fundimos y siento ahora su piel como la vasija donde quiero verterme para siempre. Pero este cuerpo, tras un tiempo, se resquebraja, se abre en mil sacudidas, en mil grietas se vierte. Y hay un fin, para todo siempre hay un fin. La cama es ahora un campo en calma. Fuera, el sol nos regala sus miles de ojos de luz. No hay nada al otro lado, no hay nadie. Todo al otro lado esta vacío, no existe. Solo ella con su respiración clara y con sus manos que juegan a dibujar mi cara. Yo, en cambio, planeo por encima de sus muslos dorados con mis manos. Tan solo sentir su vello erizado tras la diminuta guerra encendida. Quiero dormir, quiero morir. ¡No!, dormir no, mejor morir acaso.

Despierto. Allí está ella con sus dos ojazos negros, mirándome. La sonrío.
-Anoche... te dije que todo tiene un precio...
-¿Y...?
-Que tendrás que pagarlo...
Me quedo pensativo. Sé que tendré que vestirme, ponerme los pantalones, ir al cajero y sacar 100 euros. Las musas cobran ya tarifa. Pero merece la pena por un buen verso...

jueves, septiembre 21, 2006

Y si yo me quitara este bozal y ladrara...

Prosa poética para funcionarios

Y si yo me quitara este bozal y ladrara, te aseguro que todas las copas caerían al suelo, estampándose contra la moqueta con puntos amarillos que señalan el pasillo.
Si yo me quitara este bozal, esta borrachera impertinente que arrastro día tras día, que me cierra y ocupa los sentidos, que me impide comportarme como un caballero que retuerce sus dedos antes de coger la copa, te juro que nadie resultaría indemne, que habría incluso alguien que prestaría oídos a mis palabras, y a mis cabriolas enloquecidas una geometría del espanto.
Si yo me quitara este bozal que dura tantos años de este ser que me ocupa, de un otro que me cifra, no sería yo, sería otro aún más hondo, estimulado por otras drogas, te juro que por otros objetivos. Descubrirse atravesando una puerta que no existía produce espanto, por eso me contengo y le pego otro trago a este vaso manchado de restos de aceitazo. Estos panchitos producen una sed enorme y sigo consumiendo.

-¡Chico, otra copa!

El chaval se acerca y mira fijamente al cliente con cara de resignación. Busca la botella de whisky del barato, la desciende con un leve toque en un lado y le sirve un gorgoteo de amarillento licor. Piensa el barman, el muchacho, que solo se acordará de llamarle de esa manera y que seguramente intentará pagar de nuevo cuatro veces después de haber pagado todo. ¡Es tan fácil engañar a este tipo de clientes que se divierte con solo imaginarlo!

Y si yo me quitara este rostro de cuarenta y cinco años ya cumplidos os juro que apenas aparentaría diecisiete y que este chaval que ahora me sirve me echaría a la calle con cajas destempladas.

-No vuelvas a mi local, ¡gilipollas!

El barman se ha dado cuenta de que se le ha colado un menor en el local y que aquel hombre con un trozo impresionante se ha quedado encerrado en el servicio. Va a buscarlo pero teme que otro pringao sin la edad legal se le cuele por la puerta y decida montarle todo el chocho.

-Menuda nochecita y el jefe fuera metiéndose ayahuasca en Barcelona...

Se acerca a los baños y al abrir la puerta de los tíos comprueba que el menda se ha marchado por una de las ventanas.

-¡Qué hijoputa, si parecía un tonel! -dice para sí- imposible que se colara por entre los barrotes, lo cierto es que esta ventana nunca está abierta...

El chico busca en el de las tías pero allí todo está normal. Vuelve a la barra y nada. Desierto, y completamente en silencio. Hasta el cd que ha puesto se ha acabado. Hay un papel rayado sobre la barra, junto a la copa del borracho, que dice: “Y si yo me quitara este bozal y ladrara... “. No sigue leyendo y lo arroja con rabia a la basura.

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Son las 12 y media de la noche y paseo alegremente por el ciberespacio. Me encuentro con Abel Ortiz, Kalvellido, y el problema de Mercadona con la CNT. Leo el blog del primero y también algún que otro periódico. Nada de particular. He estado en el Malatesta, un sitio que ha tomado un cariz buenísimo, de auténtico bar de Lavapiés. Aquí me he tomado unas cervezas y a nadie le importa esto. Estoy cansado de hablar con mi jefa y que me aclare que estoy trabajando en una multinacional y que las cosas son así y punto. Curiosamente no le estoy pidiendo un aumento de sueldo, ni mejora en mi contrato, ni vacaciones, ni siquiera un buen lugar de trabajo, no, le pido que nos provean de otra línea de teléfono para trabajar en condiciones. Soy elementalmente un gilipollas, un zurullo, un tonto a las tres. Les debería mandar a tomar por el culo y me preocupo porque las cosas se hagan bien para una multinacional. Estoy cogido de los huevos por mi responsabilidad, por mi conciencia de "buen trabajador", por preocuparme de que salga el kurro para adelante. Y unos cojones, siempre lo mismo y los que nos estresamos somos unos gilipollas integrales porque no tenemos los cojones de mandar al que se encuentra sobre nosotros, es decir, al superior, a la mierda. Me pondría la canción de Leo Masliah "Soy un imbécil de mierda..." -o algo por el estilo- enterita, aquí, para regocijarme en mi propio excremento (¿haré un blog necrófago?). Me voy a leer al Roberto Arlt y a su Astrólogo con mucha alegría. Sólo falta que la corrupción de este país nos dé la patadita en el culo como para que nos pongamos las pilas y veamos que los que nos tienen cogidos, se den cuenta de que al final por un quítame allá esas pajas, son capaces de vender hasta a su madre. Ya pasó, y de esto sabe mucho la historia.
Vaya parrafada. Vaya mierda. ¿Cuándo volverá Raleigh Carsen con sus cuentos de ciencia ficción?

II

Mientras me encontraba en la calle, en la Pasarela Gran Vía, ha pasado junto a mí una mendiga que era el culmen de la moda "sintecho". ¿Por qué caminan casi corriendo los mendigos? En Atocha hay uno que siempre está de aquí para allá, que cruza a toda hostia la acera. A veces lo veo sentado junto al bar Brillante, hablando consigo mismo, observando. Con los ojos clavados en nada.

III

Los locos son ellos. Nosotros nos dedicamos a analizar sus movimientos. Qué pena que no nos hayamos mimetizado con sus ropas, sus coches, sus cigarros, sus casas, sus lujos de toda índole. No supimos buscar el atrezzo apropiado.Es un escaparate. Huelo a hojas podridas, a sangre tumefacta, a roña de aceite y a cadáver mental. Es un escaparate lo que sucede a mi alrededor. No hay nadie que sea de verdad porque no hay nadie al otro lado. La máquina ha avanzado tan deprisa que me ha pasado por encima y ni siquiera me he dado cuenta. Me ha estrujado los huesos. Esta cárcel duele porque todo es una bruma enferma, y hiede, y en cualquier momento llegará la liberación con el miedo, para siempre. ¿Recordaré? ¿Podré llegar a pensar de nuevo en lo que he perdido, lo que he vivido? Niño, siendo un niño... qué soñaba cuando era un niño sin dolor. Es un horno de vidrio mi cabeza y sólo algunos instantes recupera una temperatura en la que no hierva mi sistema nervioso. Si hablo conmigo mismo esa voz puede salir de mí y sorprenderme porque es alguien que no soy yo el que me ha robado mis palabras y habla conmigo para que le conteste lo que yo digo pero soy yo el que dice y me llamo a mí mismo porque no quiero perderme, no quiero que mi cabeza se detenga en el o sobre el vacío, sobrepase el límite donde no haya nada a lo que asirse. Y ese otro es el que me lleva y me dicta lo que hay en mi cabeza para que este yo mínimo y arrasado se vuelva contra él y tiembre terriblemente antes de evaporarse.

viernes, septiembre 15, 2006


A love supreme, es lo mejor que he escuchado desde hace tiempo. Zen en estado puro. Un canto absoluto.

Gracias Fer.

Y esté todo el puto día rondándome la cabeza como un ligero cierzo (¡pero si el cierzo es un viento de más de 100 km/h!). Un ligero cierzo decía que dentro en mi interior es una vasta explosión que viene y va y no sabes cuando se irá.

Ese contrabajo de sabiduría...

Aquí podéis escucharle...http://www.johncoltrane.com/automat/swf/main.htm

(La fotografía del disco no sé quién la ha hecho... voy a mirar...)


El chino lo ha visto. Juro que lo ha visto. Se ha girado sobre el asiento y cuando había llegado a un escorzo imposible, lo ha visto. Lo juro. El chino lo ha visto. El chino lo ha visto al pasar junto a él, no, no... un par de metros más arriba, cuando íbamos entrando por el túnel aunque estábamos parados, deseando que el semáforo se pusiera en verde. El chino lo vio. El chino pensó cuando lo vio algo, seguro. El chino pensó que pudiera ser el negocio del siglo, el jodido negocio del siglo.

Su padre, en casa, a las dos de la mañana llegó de trabajar y le espetó en su cara que se buscara otro trabajo, que las cosas en el barrio estaban mal, muy mal, y que tendrían que mudarse a otro lugar, que él conocía perfectamente la situación y que él le había traído hasta allá para que pudiera vivir mucho mejor... "ahora es tiempo de que tú mismo te preocupes por tu propia vida". Le dijo su padre mientras le miraba fijamente a sus ojos y pudimos acertar un sentido de rabia (¿contra quién?) y de ternura. "Hasta que no tengas una idea en tu cabeza no vuelvas a casa" -y se marchó.

A la mañana siguiente el muchacho dio vueltas por toda la ciudad. Pensando, pensando, pensando. Observando todo aquello que pudiera serle útil. Un día tan solo. Tan solo. Y al final lo vio mientras iba en autobús, intentando llenarse de imágenes a todo tren. Bum, bam, plash, rank... Devorando todo, comíendoselo todo, con total desapego, con absoluta incotinencia. Cuando fue ahí, ahí está, se encuentra justamente ahí, nada más que ahí... unos tipos que parecían turistas subidos en un patín con dos ruedas. Él sabía, lo sabía. Ahí estaba. Por fin, una idea. Un idea que habría de verla, que estaba ahí...

El chino lo ha visto. Lo vio. Lo juro.

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martes, septiembre 12, 2006


algún día hablaré de ti

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domingo, septiembre 10, 2006



A partir de cierta edad
las resacas se transforman
en agudas depresiones.
No sé cómo llegué anoche a mi casa
lo cierto es que estoy aquí, entero,
escuchando Radio Clásica
porque lo demás me levanta la
tapa de los sesos.
No sé por qué escribo así
tal como si fuera un poema.
El ritmo es una mierda,
no hay ningún misterio
ni pregunta que hacer,
pero escribo.
Me gustaría recordaros que existió una poeta
llamada Emily Dickinson
y que este verano creo que he perdido
a dos amigos,
(tal vez esté exagerando)
y esto, por desgracia, no es lo más importante
que ha sucedido en esta estación de mierda.
Juro que es lo último que hubiera esperado
hacer esta tarde.
Nada más,
fuera hace sol,
la gente va y viene,
es domingo...
el día que más odio.
Y si tuviera un ápice de cordura
no hubiera pasado esto.
No puedes convertir tu vida
en literatura
(ni Roger Wolfe ni Cioran te salvan)
ni tampoco que sea la manera
de escaquearte de ella.
Así de claro
y punto.

(La fotografía pertenece a Miguel Pérez Pardo, fotógrafo y amigo afincado en Lavapiés, que expuso hace unos meses este trabajo en el Malatesta, c/ Olmo, 3).

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viernes, septiembre 08, 2006


Otra nueva exposición en París, principio de siglo XX

No entiendo tu poema,
no lo pillo,
ni las imágenes ni el ritmo reconozco.
Ni siquiera los cierres,
nada, tío, te lo juro,
pero me preguntas si lo he oído,
si me suena...
pues no, ni siquiera.

Reconozco que me has desconcertado.

(Graffitti en el barrio de Gamonal, en Burgos, Spain, The World).

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jueves, septiembre 07, 2006


Todas las mañanas veía pasar junto a mí a la misma mujer.
Una mañana tras otra, a las ocho de la mañana, una y otra vez.
Con su vestido largo y su bolso marrón sobre el hombro.
Todas las mañanas dirigiéndose al mismo lugar,
a la silla junto a la caja registradora,
entre el estante de las bolsitas de té, los paquetes de chicles y accesorios para la casa.
Una y otra vez todas las mañanas.
En ocasiones, al cruzarnos, nos mirábamos, reconociéndonos,
intentando asegurarnos el camino.
Ella podría llegar a los 50 y yo apenas alcanzaba los 12.


(Mujer, de Joan Miró)

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miércoles, septiembre 06, 2006


Paul Gauguin pescó un par de atunes. A uno de ellos el anzuelo le perforo la mandíbula inferior. Los maoríes recogían sus cosas y reían entre ellos, mirándole. Paul, con insistencia, preguntó por qué se reían tanto ahora, cuando recogía su pesca. Le explicaron que si el anzuelo se queda en la mandíbula inferior significa que su vahiné (compañera) le está engañando con otro hombre. Paul regresó a su casa y pudo comprobar que esto era cierto.
Paul pensaba que la tierra a donde iba le iba a proveer de todo. No fue así. No sabía subir a los árboles ni sabía pescar... por lo que tuvo que volver a París tras haberse empeñado con un prestamista y haber sufrido una enfermedad que le tuvo en cama. A pesar de su desnutrición se incorporó y consiguió marcharse pero pronto volvería una segunda vez y esta para quedarse.

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martes, septiembre 05, 2006


Este poema está dedicado a mí primero, por vanidad y envidia. Y luego al otro y a otros como yo.
También está dedicado a César Vallejo, que se sentó junto a mí mientras lo componía.

Cualquier botarate
relleno de espuma de cilantro
es capaz de redactar un gran poema
y alzarse al Olimpo
de los bohemios
que creyeron que el Arte huía
hacia umbrosos artificiales paraísos.

Cualquier memo vestido de ciertos trajes
muestra su enyesado boca
para la disposición correcta de los ritmos
y pensar así que alegra
vuestras aburridas vidas
llenas de trabajo, ocio, weekend
y polvos en el extrarradio.

Cualquiera o cualquiese,
sin embargo,
con atisbo aristócrata tirillas
sabe, después de la Básica,
escribir con sentido
máquina del qué decir, por qué y cuándo
para alegrar al respetuense
una noche de ingenio lagar
y brocha gorda.

Sí, y no me trollo,
cantar y caer bajo un cielo quebrado
de nubes sobre y de
peculiaridades sucesivas,
saber del mar sin amar
que es negación y letra
lenitiva,
y plagiar al buen maestro
que sorprende
adjetivo perfecto
sustantivo que exonera al verbo
y decir "nada conozco
pues nada sé"
tecnicado obituario y sed de 70 años.

Míralos que guapos componiendo
arrecabando bosques y funando horas madrugadas,
lívidos trastornos fútiles
séntiros emborrados
gafas y percheras
asfálticos presentes
20 minutos
y noche
un poema de mercado
y lisonja asegurada
y descansar cuando yo descanso.

La realidad es un marco perfecto
soporte, por supuesto: el papel
sin rayas, como debe ser,
y la cálida inquina
de escribir lo que vale
sin decir nadie.

Pero he ahí en el estruendo
temporal del situarse
y con codos de alegres tonadillas
figurara
que siempre es bueno
y hacerse hueco,
renombrar prismáticos y escafandras
de metáforas
y parecer dictado de un ser musa
de caballo pelón y diferente.
Me río de la poesía cosechada
en barbecho de dos años,
o cualquier cosa parecida,
me río de los fuleros
de cornisa desgreñada
de pálidos, ojerososos ritmos,
y os invoco a vosotros
que perdéis el culo
brillantes seductores del ser o nada
para alzar con vuestros ganglios,
imperfectos de terrón,
respecto de almibaradas bascas secas
el callar cuando la tinaja tripla la burbuja.
Os amo.
Que no os confundan clarines y clarinetes
de fortuna.
Reíd y llorad.
Palabra de insomne.

Madrid, 25 de agosto de 2006

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sábado, septiembre 02, 2006

Otra vez estamos con la estupidez nacionalista (léase el artículo de El País digital de hoy) el cretinismo de unos pocos que para salvaguardar su lengua prohíben a los otros hablar en otra diferente. Ya lo decía Krahe, http://www.youtube.com/watch?v=Acj9qXCP7jI que los que se creen el discurso de los nacionalistas son unos cretinos, pero de todas maneras su empeño no cae en saco roto. Mientras en Barcelona, por ejemplo, se especula y si no, vean http://www.youtube.com/watch?v=sjza1hrf8kU (no tiene desperdicio, el bufón que todo gran político debería tener junto a sí) los politiquillos se reparten el 3% de las obras que se realizan, ellos se inventan, sacan del sombrero, de la chistera o del mismo faldón de cuervo el discurso nacionalista, y ¡hala!, a seguir viviendo del cuento de nunca acabar. Por menos el imperio griego y el romano se fueron a tomar vientos. Empezarán con sus venganzas que sustituirán un poquito a su codicia y ya veremos como acaba esto. ¿En la piscina de Pedro Jota, el gran vengativo contra Prisa? No pienso perdérmelo, y es que la Historia se repite.

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