jueves, noviembre 30, 2006

Maldita manía de dejar acribillados con chinchetas los poemas sobre los álamos de la calle Bailén.

Hoy me he acostado con un ocho,
mejor que ochenta,
y me he levantado infinita,
exánime, ubérrima, bucleada,
como alcayata imposible sobre las sábanas
impregnadas de absoluto silencio
que es eterno,
no el tiempo,
¡joder!,
el tiempo ni siquiera es un ocho tumbado,
desnudo,
sobre sábanas de alcanfor
-que es como huelen las estrellas
o las lunas que pelan las manzanas
que son mis tetas con lenguas rasposillas
de gatos aceitunos-.
Mírame, ocho tumbado,
llévame al precipicio, dónde caigan los mares,
las estrellas, los ríos, las cometas, los hollejos,
los transistores vacíos, las cápsulas de los antibióticos,
los dedales, los suicidas...

Cogiste el coche y me llevaste a Finisterre.

Elisa Roma Durán
Leonard Cohen - Isle of Wight 1970

Me hecho otro cigarrito...

miércoles, noviembre 29, 2006

El texto yusodicho me recuerda a una película francesa, si mal no recuerdo, en la que actuaba Philippe Noiret, también si mal no recuerdo... y no es que haga gala de mi memoria sino que he estado buscando por la red la película en concreto y no la veo por ninguna parte.
Trata sobre un tipo que pierde o le roban o no lo recogen al llegar de un viaje en avión. Al pasar a la zona de personas no reclamadas o sin pasaporte de entrada, conoce a un negro, entre otros personajes, de mirada profundísima e inquietante, un príncipe al que llaman todos "el etíope", por llamarle de alguna manera, por identificarle. Además, no sabe hablar o comunicarse con los demás. Un autista entre la entrada y la salida de un aeropuerto. Un hombre sin identidad.
No leas a partir de aquí si no quieres saber el final. Pasa a la noticia.
Al final, casi todos consiguen salir de la zona de no reonocidos salvo el etíope. El propio Noiret juega, entonces, con la idea de que se trate no de un ser humano sino de un ser divino, un ángel que demuestra así la inabordable estupidez humana en ciertos estados de su locura organizativa y legislada hasta la náusea.
En fin, lo siento, pero es una película que vi hace años y no la encuentro por ninguna parte de la red. La echaron por la dos hace más de seis años, aproximadamente... en fin.


PATRICIA ORTEGA DOLZ - Madrid - 29/11/2006 DIARIO EL PAÍS
Feld nunca cogió aquel vuelo con destino a Los Ángeles (California). Sencillamente no pudo tomarlo y se quedó: un día, una semana, un mes, más de tres años... en la terminal l del aeropuerto de Madrid-Barajas. Por supuesto no responde al nombre de Víctor Navorski, ni le suena de nada, ni tiene el aspecto que tenía ese personaje de Tom Hanks en esa película de Steven Spielberg (La Terminal), pero su caso bien podría haber servido de inspiración para los guionistas de ese filme de 2004.
No se ha probado su origen, y Feld no puede ser devuelto a ninguna parte
Primero Etiopía, luego India, Rusia, París, California,... Y primero también "emperador", y luego "rey" y después "médico militar", y "profesor"... y transeúnte... La vida de Feld es un misterio para todo el mundo. Quizá también para sí mismo. Capaz de conversar al menos en seis idiomas (español, inglés, francés, alemán, ruso y su lengua autóctona), que son la prueba de que es un ciudadano del mundo, hace años que apenas se mueve de un banco, al lado de la capilla de la terminal 1, en la zona de personal del aeropuerto madrileño.
"Deberías haber pedido audiencia. Por esta vez pase, pero la próxima vez procura hablar con el secretario", dice señalando al vigilante que controla el paso a las oficinas de AENA en el aeropuerto, a escasos tres metros de su "banco-casa". "Puedes coger una silla de color naranja que encontrarás detrás de ese panel, a la vuelta, y sentarte", agregaba demostrando conocer todos los rincones de la terminal.
Hace unos días "Feld Charles I", como él mismo escribe su nombre, en caligrafía perfecta y seguido de todos los supuestos cargos de su historia, de unos 50 años, continuaba sentado en "su banco" del aeropuerto, leyendo el New York Times. Sus ropas andrajosas, su piel aceituna, su pelo rizado y cano encrespado, como los de un genio en el momento de mayor efervescencia mental; sus pies casi descalzos y sucios, su hedor, sus ojos negros y profundos, su mirada lánguida, que parece perdonarle la vida al mundo... Feld seguía sintiéndose el rey de su palacio:
-Esto no es un aeropuerto, es un palacio popular y lo estamos mejorando cada día, asegura.
Este hombre que vive entre el delirio y la realidad, está convencido de su misión: el destino no quiso que fuese a California y lo dejó allí, en Barajas, para que cumpliera con su deber "de construir el Palacio Popular". Y eso cree hacer.
Lo mejor del caso es que nadie ha podido convencerle nunca de lo contrario. Es conocido por todo el personal del aeropuerto: vigilantes, policías, personal de vuelo, camareros... Y todos aquellos que pasan por la cafetería de los empleados de Barajas, junto a la que se encuentra ese banco en el que él pasa los días (y las noches).
Ha pasado a formar parte del mobiliario para unos; a ser la única persona con la que pueden hablar otros a determinadas horas; a ser un quebradero de cabeza para los responsables del aeropuerto; a formar parte de las obras de caridad de otros muchos, aunque él nunca acepta dinero (ni un céntimo). "Yo le he visto tirar al suelo las monedas que a veces la gente le deja junto a su asiento", comenta el vigilante del puesto de AENA, el mismo al que Feld señalaba como su secretario.
La historia pasada de Feld es indemostrable. No es ni cierta ni falsa. Nadie lo sabe. Alrededor de él se han creado todo tipo de leyendas: que si era un diplomático africano cuyo país entró en guerra estando en Madrid y perdió el rango que se le reconocía hasta entonces; que si es un emperador hindú, hijo de una conocida emperatriz de la India; que si tenía un reino en Etiopía, donde supuestamente nació... La policía no pudo encontrar entre las escasas pertenencias que acumula en su carrito ninguna documentación.
"Él dice que es etíope, pero la realidad es que no lo sabemos. Por eso, no podemos devolverlo a ningún país. No tenemos constancia de que ningún país lo reconozca como ciudadano después de nuestras investigaciones", comenta el responsable de la comisaría del aeropuerto. "Y, como no incumple ninguna ley, ni molesta y esto es una zona pública, pues no podemos hacer nada con él, salvo poner al corriente a los servicios sociales", explica el comisario.
Así que Feld no puede ser devuelto a "ninguna parte". Y permanece allí porque quiere, porque prefiere ese sitio, "el más tranquilo de la terminal 1", a ningún otro. "No podemos hacer nada. No hace nada malo. Simplemente estar. Lo único que hemos hecho es avisar al Samur Social para que lo atiendan", comenta el portavoz de AENA del aeropuerto.
Los servicios sociales, según los datos de la directora general, Esperanza García, lo visitan una vez a la semana. "Todos los viernes por la tarde se traslada una unidad hasta allí y trabaja con él. Lo llevan haciendo desde hace más de un año. Hemos intentado derivarlo a los recursos normalizados para que tenga acceso a lo básico: comida, un lugar donde dormir, asistencia sanitaria... Pero no ha sido posible, porque no quiere irse de allí y nosotros no podemos obligarle".
Así que, tal y como cree Feld, él se ha convertido en una especie de intocable, en toda una autoridad en el aeropuerto más importante de España. Justo allí donde él ha decidido construir su palacio y reinar. Su vida pasada sigue siendo un misterio para todos, y definitivamente guarda algunos (si no muchos) secretos.
-¿Qué echas de menos Feld? Sus ojos se cuajan de lágrimas, enmudece durante unos segundos tapándose la boca y, cuando retira la mano, sólo alcanza a decir: "This conversation is over" ("La conversación ha terminado").
Hay un tipo negro que toca el saxo en la calle Preciados. Toca a los peces de colores que le acarician el rostro. Toca cuando te mira a los ojos y lo ve.
Creen los transeúntes que no sabe tocar más allá que el vuelo limpio de un papel en mitad de la madrugada, mientras las sirenas agitan sus vivaces luces azules como clítoris salados.
Recuerdo a Ulises, y me tapo los oídos no por la música de aquel saxo negro que no está a estas horas, sino porque en cualquier momento puedo extraer una hoja de mi abrigo y recitar el último poema para ti, sólo para ti.
He dejado todos mis pasos al fondo del callejón. Para que no me oigas llegar, para que no me oigas salir.
Mi abrigo sabe abrirse al tiempo, y el frío me hace agitar las piernas al ritmo del susurro del hormigón. La sabia arena sabe introducirse en las rendijas de las suelas de mis zapatos para viajar.
(Silbo Rythm-a-ning).
¿Me permitirás llegar sano y salvo a mi casa?
Mi cuerpo no se expande, sólo el meao de aquel perro que se cruza delante de mí, cabizbajo y perfecto.
Mi cuerpo podría salir huyendo con un vuelo sobre los tejados como el diablo cojuelo con el estudiante... Mi cuerpo, “estate quieto”-le digo.
Se alarma siempre que le cuento mentiras y le hago reír y llorar, a veces, a veces le alimento con aceitosas tapas que me sirven en los bares. La cañita la utilizo un poco para soñar, un poco para decirle la verdad, o la mentira, como prefiera.
Y dentro de mí me persiguen aquellas notas, y aquellos ojos en mis ojos mientras charlábamos de nada o de todo.
Hay un tipo negro, un mendigo o un ángel, que de vez en cuando sigue a una nube un rastro. Paso por delante de él y o me atrevo a sonreírle pero...He dejado todos mis pasos junto a ti, esta noche. Para que te duermas y sueñes, por primera vez, conmigo y con el ángel negro que sigue el rastro de la luna un destello.

martes, noviembre 28, 2006

Rhythm-a-ning - Thelonious Monk 1961

La música entra bien por to el cuerpo.
Thelonius Monk - Round About Midnight

Un poco de música para irse a dormir.
Buenas noches.
Con tu abrigo largo giras ante la puerta de metal del ascensor...
In Somnio (Borrador en mitad de una galaxia).

Al despertar, descubrí que todo estaba en blanco.
Tan solo el ropero ante mí, una línea negra que guardaba uno de tantos cuerpos.
¿Cómo me visto de cuerpo si no sé de brazos ni de manos...?
Un cuerpo, otro, difícil, como asir una hebra de luz entre los labios, o masticar la idea que te envuelve y decidir que te taladre la cabeza, que se dispare el arma sobre la sien sin herirte, que te den un beso y te desveles para siempre.
Tengo la boca por el suelo.
Me convenzo de que soy. Bailo arrastrando pies imaginarios.
¿Me poseo?
O no. Mejor devorarse por amor, o por necesidad de ser otro y habitarlo.
“No desistas”, le escupe aquella boca a ese brazo.
¡Qué amor, que necesidad en otro!
Déjame pensar...
Déjame pensar...
Pensar...
No ser nada, desaparecer. Transparencia.
¿Dónde estarán los límites del cuerpo?
Todo se ha diluido en esta luz tan intensa que la siento penetrar... ¿por dónde, por qué materia?
Eran tan solo una idea que vibra por este mi, por este él, por este tú.
Se es palabra, ecuación, punto, nota.
Tengo miedo a soñar que estoy despierto.

viernes, noviembre 24, 2006

Mis verdaderos padres

Los que había creído como mis padres hasta ahora no lo son en verdad.
Ahora sé que es real el recuerdo de mi verdadera madre dibujada sobre una roca, junto al mar. Su tez blanca, de leche, su media melena pelirroja, sus ojos vivos mirándome mientras yo me alejaba. Parecía muy frágil, pero fuerte a la vez, desafiando a todo. En lo alto, sobre la roca. Era muy pequeño, demasiado como para recordarla de otra manera.
Mi padre, un enfermero en el hospital de Getafe. Vestía un fino mono verde, de los que llevan por higiene. Nos hicimos una foto en el mismo hospital con mis hermanos. Mis hermanos que ahora sé que no son realmente mis hermanos. Al colocarnos contra una de las paredes del pasillo me fijé en su perfil. Su rostro ancho, duro, pétreo. Su cuello fornido, el mentón recio, la mirada dura. Mi padre es una roca sobre la que mi madre me vio por última vez, a la que recuerdo como si fuera un dibujo a carboncillo, en trazas. Mis hermanos, que ya no lo son, me recriminaron mi actitud al salir del hospital, la actitud que había demostrado al no demostrar ningún deseo de reconocimiento hacia él, hacia mi verdadero padre, y al que habíamos visitado tan sólo por ese motivo. Siento que hay algo dentro de mí, que parte de mis entrañas, de mis tripas y que no puedo describir y que no reconozco, que no puedo descifrar con palabras e incluso con pensamientos, ni siquiera con una bruma de la que pueda acertar algún sentido descifrable. Lo tengo dentro de mí. Lo poseo y me posee a mí. Sé que debo reconocerme en ellos, pero cuanto más lo intento, más me cuesta. Tal vez se trate de no forzarse a ello. Y aún así, sé de la sensación que me obliga a ello.
Ahora ya no están. Han desaparecido. Mi madre murió poco después de aquel día en el cual fijo el recuerdo. Mi padre ha muerto también. Sólo son recuerdos indelebles, persistentes, fríos...
Mi madre me observa fijamente desde aquella roca de la que me alejo. Al fondo el mar golpea ruidosamente aunque está detenido, estático. Mi padre se apoya sobre los azulejos del pasillo del hospital y sólo puedo llegar a contemplar su perfil pero sé que me está mirando.

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jueves, noviembre 23, 2006


¡Cosas veredes, Sancho!, ¡Cosas veredes, amigo Sancho!

Inventos de ayer y de hoy... presentan.

http://perso.wanadoo.es/jcuso/drogas-medicamentos/heroina-jarabe-bayer.htm

( Al César lo que es del César... me envió un iméil un colega con esta noticia. Lo que no sabía es que esta misma noticia, un día antes, ya aparecía reflejada en el blog http://fogonazos.blogspot.com/ y esto me lo hizo saber Sebastián Dell http://www.sociedadanonima.org/sa/ y http://www.unsociability.org/. Cosas de la coincidencia y de absoluta falta de mala fe.)

lunes, noviembre 20, 2006


Y ya que estamos, recomendar un libro que leí hace tiempo y que por no sé qué zarandajas no me funciona el escáner y no quiere impresionarme la portada de la edición aquella de Grijalbo, en 1977, la segunda edición, que después publicó Anagrama, etcétera.
Se refiere al anarquista Buenaventura Durruti, leonés. Hoy se cumplen 70 años de su muerte. Un luchador por la dignidad obrera. En este libro se hace un repaso a su formación, su búsqueda de la vida, su participación en atentados o no, su exilio a Méjico, su lucha en el frente de Aragón, etcétera, mediante retazos de diversas procedencias, conversaciones de aquellos que le conocieron, etcétera.
Sin mitificaciones, que todos somos humanos menos los gloriosos héroes del fascismo... esos son machotes y superchilipendis.

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Ayer vi la película de Coixet A los que aman. Tuve la certeza al ver esta película "preciosista" y muy delicada
-aunque chirrían los actores al principio entre tanta ampulosidad y belleza de hoja de otoño- que la realidad puede cambiar, es decir, la percepción de la realidad tan solo con la utilización de energía eléctrica y el uso de la vela en el siglo xix, por ejemplo. Y si dice Gándara que dice Heidegger que el hombre está pegado a su realidad como un caracol a su concha no como el ojo que ve un cuadro o cualquier superficie... entonces la incidencia de la luz, en este caso artificial, es fundamental para cualquier análisis de la realidad y por ende de la piscología humana y su desarrollo con la técnica actual... al igual que pasa con la aparición de Internet.
¿No nos sentiremos absolutamente desbordados por la tecnología y su incidencia en nuestra naturaleza? ¿Somos capaces de controlar todo aquello que llegamos a ver, a descubrir, a sacar a la luz? Esto no tiene demasiado que ver con la película porque ésta es una maravillosa reflexión sobre el acto del amor no como "obsesión" ni "dependencia" sino como necesidad. Es difícil hacer una película sobre el amor que aparte todas las patías del amor y creo que Coixet lo ha conseguido.

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También anduve con la Juani, qué buena la Juani, que coraje y que fuerza, que bien sabe lo que quiere, que grande y qué belleza.

jueves, noviembre 16, 2006



Hace tiempo, un par de meses a lo sumo, vi el vídeo en youtube de un tipo que portaba una pancarta que decía "Hugs free". La traducción es "Abrazos gratis".

Hace apenas una semana en la cadena de Milikito -que tiene un programa de viajes (con incitación al consumismo puro y duro) que presenta Pablo Carbonell, por ejemplo- en un telediario del mediodía vi cómo un reportero en mitad de la calle Preciados hacía lo mismo... supongo que al quedarse sin noticias. Di por sentado de que ya existe un servicio de documentación que propone tales ideas cuando hay sequía,

Ayer mismo, en el metrodemadridinforma, unos chicos entraron en un vagón. El chico llevaba una pancarta en la que ponía "Se necesitan 100.000 abrazos" y giraba su cabeza de izquierda a derecha como si no se atreviera a dar el primer paso. Iba acompañado de dos chicas que se lanzaron a "representarnos" que querían un abrazo "para colgarlo en el blog y porque si conseguían un abrazo a lo mejor podrían conseguir cien abrazos, y después de cien abrazos podrían conseguir mil abrazos, y después de mil abrazos podrían conseguir cien mil abrazos y si habían conseguido cien mil abrazos podrían conseguir un millón de abrazos". Y el chico dijo entonces: "¿Y qué seríamos capaces de conseguir después de haber conseguido un millón de abrazos...?". Me pregunté yo, en mi mismidad, mientras sonreía: ¿El término de la violencia en todos los países del mundo? ¿El fin de la plusvalía, la especulación, el dinero?
Una de las chicas preguntó a otra muchacha si le quería dar un abrazo. Ésta, sonriente, y de buen rollito, se levantó y le dio un abrazo. Las chicas se abrazaron, girándose lo suficiente para que la otra chica le hiciera una foto con el móvil. Cuando ya se sentaba la abrazadora y abrazada, una de las chicas le dijo. "Toma esto es para ti. Podrás ver "tu abrazo" en la página de Nokia en la campaña “Se necesitan cien mil abrazos". A la chica abrazadora y abrazada -que se levantó, que ofreció su abrazo, su intimidad del abrazo a una desconocida que le pidió su abrazo- se le borró la sonrisa de un plumazo, del plumazo de la comprensión: supo entonces de qué se trataba... una campaña publicitaria de Nokia para recaudar cien mil abrazos... había formado parte de una campaña publicitaria, su imagen, su abrazo, su buenrollito, etc., para una campaña publicitaria.

Conclusión:
1.- La publicidad no te hace soñar, te hace regresar al mundo de la realidad burda, asquerosa, aprovechada, zafia, maloliente, totalitaria, caradura, asesina...
2.- La publicidad emplea todo aquello que en un principio fue gratificante, bello, lleno de sentido, imaginativo, revolucionario para enmierdarlo y retorcerlo para sus propios intereses mercantilistas y explotadores.
3.- La publicidad no se detiene ni detendrá en su empeño de corroer, anular y extinguir todo bello sentimiento para sus fines, que son los fines del consumismo salvaje, de la ruina de familias enteras, de personas como tú y como yo que no saben ni siquiera lo que compran porque sólo les da placer el hecho de comprarlo.
4.- La publicidad vende humo, como siempre lo ha hecho.
5.- La publicidad domina el mercado porque un producto que no necesita publicidad es porque, por lo general, es realmente bueno. Lo curioso es que si un producto bueno no aparece en el mercado, no existe y, por tanto, no se vende... amén de las distribuidoras y de la competencia de la que hacen gala... pero este es otro cantar.
6.- La publicidad ha fagocitado los medios de información por la publicidad, los telediarios han sido devorados, deglutidos y cagados por la publicidad. Véanse las noticias que se dicen de relleno que sólo muestran productos para el consumismo como ayer en una cadena en la que se mostraba la vuelta de la muñeca Pepona que apareció aquí hace diez años. Anuncios encubiertos en noticias sin contenido.

Por lo que propongo la verdadera campaña publicitaria que ha de llevar Nokia y sus putos móviles y por ende, lo que ha de saber todo el mundo porque es necesario el saber qué es lo que realmente estamos comprando y no ser unos animalillos estúpidos, engreídos y faltos de toda conciencia.

Lluvia, lodo por doquier. Cientos de negros esqueléticos se apilan en la entrada de lo que parece un agujero infecto. Se empujan unos contra otros, sin aparente sentido, resbalan, se caen de bruces contra el barro pero no dejan escapar su capacho, un ennegrecido cuenco de maroma trenzada. El que pierda su capacho, el que lo deje escapar, no comerá o será castigado o simplemente no podrá llevar el producto de su trabajo durante el día, si tiene suerte de conseguir otro.

Voz en off.- “Nokia ha llegado al corazón de África para extraer el mineral que le permita avanzar día a día en dar una respuesta a las necesidades de cada uno de sus clientes. Por eso somos capaces de mostrarles estas imágenes, para que sepan que en el Congo damos trabajo a aquellos que si no lo tuvieran morirían irremediablemente de hambre”.

Una música suena al fondo. Es el famosísimo vals de Strauss. Los trabajadores dejan los capachos y completamente liberados comienzan a abrazarse y a bailar, aunque algunos caen y con éstos su pareja, pero siguen danzando sobre el lodo como si nada les importara.

Voz en off.- “Sabemos de lo que estamos hablando”.

Fundido en negro. Aparecen las letras NOKIA. Connecting people.

ESTO SÍ QUE ES PUBLICIDAD Y NO LA MIERDA ESA DEL METRO.

Puntualizaciones:
La primera, la fotografía la he extraído de http://tierra.rediris.es/coltan
La segunda, he fundido el recuerdo de una fotografía de Sebastiao Salgado en las Minas Gerais de Brasil con la situación de los mineros coltaneros.

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martes, noviembre 14, 2006

Un poc poc poc poc
poco
oc
deoc
poc
de música a estas horas de la noche para pensar en tiempos pasados que aún no han pasado porque como aparezca algo así ahora, ñeñeñeñe...

1. No le dejarían actuar ni aunque se lo propusieran, que es lo peor, o no,
http://www.youtube.com/watch?v=4y0MQmyuLCI
2. No son comerciales... jajajajjajajajajaja... jjaijijijijiki.. ik,ik,

3. Sí, los amo.

http://www.youtube.com/watch?v=iqRHr5pEIFU

No pego nada aquí porque no me funciona el este aparato.

También puedo pasar leyendo citas de Zóbel y nadie me dijo nada.
No se pretende nada.
Readmisión de los que han muerto.
Trot mask replica.
¡alguien quería ideas nuevas?
estas no, estas no, joder,

(claro, el chiquillo este quiere ser tan ocurrente como estos y se empeña en
--I Remenber to too,
I remenber to too,
and the swimming pool...
suzzy, suzzy,
yes, yes, yes,
sussy?
is to gang to town
sussy creamtys?--
en decir esto, y tal...
español.
Acabemos con los idiomas, con todos los idiomas.
Cantemos en la ducha palabras que no tienen sentido
matemos a la Patria como acabamos con el Padre,
nuestro Padre que ya nada tiene que decirnos
salvo cuando cometemos los mismos errores
y nos damos cuenta de ello a posteriori
y dices: "debe estar todo esto en los genes"
y vuelves a intentarlo... y te coges la guebera.
una nueva pieza sin sentido en la ducha palabras como pinzas para quitarse los pelos de la nariz o de los ojos los mismos pelos que no te dejan ver más allá de lo que aparentemente tienes que pensar cuando sales del colegio y han acabado con toda tu niñez...
hijosdepuerca

soi un cobarde.
esto me pasa por leeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeer
la poesía de Beckett.
Lo que no mata engorda.

¿cómo decir?

hago volar mi pensamiento,
como hago volar mi esperma cuando eyaculo dentro del papel.

america is wonderful,
wonderful,
wonderful
wonderful
wonderful
wonderful
wonderful

el hombre es la alimaña que sabe exterminar al anterior con suma justicia..,

huhuhahahhuhuhahahuhahauhau...

hahahahah!

Los grinchis anduvían por el bosque entre is is is is is tan pequeños como un corpúsculo de luz entre los pinos y el agua del arroyo, estaban tan contentos que los revolvían y jugaban con el musgo minetras un tio tocaba el piano afeitado al fondo donde la niebla les servía de tablado, en los bosques de Wisconsin. Nadie se atreve a molestarlos,

bien

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lunes, noviembre 13, 2006


Nada más superar la última loma vemos el pueblo. Un campanario nos da la bienvenida y un cartel en un cruce nos avisa dónde estamos. Ha sido un viaje tranquilo. A 50 kilómetros hemos comprobado cómo las máquinas han abierto una zanja de unos treinta metros de ancho en la tierra. Es ahí dónde comenzará la autovía hacia Madrid. Un paraje donde habita el águila, el lince, y otras especies que habrán de buscarse otro lugar para vivir o extinguirse. Así de fácil, a quién le importa cuando el interés y la codicia de unos pocos que dicen llamarse administradores o funcionarios, decide que su fortuna y sus negocios deben trascender no a sus hijos sino a sus hijos de sus hijos. Para que no deban ganarse la vida en Marte, imagino.
La tarde va cayendo y nos encontramos con un pastor. Con él, un macho cabrío negro y dos ovejas del mismo color. Nos detenemos porque uno de nosotros conoce al pastor, un hombre de unos ochentaytantos años que aguanta un pesado saco lleno de bellotas a su espalda. Mientras, nos hace bromas y nos intenta tomar el pelo con una sana vitalidad que muchos ya quisieran a sus treinta. En sus ojos la luz de aquellos que pasan de la absoluta soledad y el trabajo, a la charleta agradecida con aquellos que se encuentra en el camino. Le preguntamos por las setas, nos dice un buen sitio y se hace el remolón con una de las mujeres que van con nosotros. No deja de hacerle guiños e insinuarse. Es, por lo que se ve, un artista. Me dice a mí que no me ha visto nunca y le contesto que no creo porque yo a él tampoco le recuerdo. Se aclara y aclaro de quién soy, como se suele hacer. Reconozco que he venido muy poco por aquí. Y el pastor me advierte de que no soy ni de uno ni de otro. No sé a qué se refiere, por supuesto no es un cumplido. Este tira con bala. Y cuando hay confianza... Pero le aguanto sus ojillos que se desviven por seguir charlando. Se siente cómodo aunque soporte a la espalda, agarrado con la mano derecha, un saco que puede pesar 25 kilos. Se hace la noche y nos despedimos. Al rato nos pasa el tanque del alcalde quien se ha hecho un casón unos metros más allá. ¿Suelo rústico o urbanizable? Lo cierto es que al final del pueblo, en un extremo -y al otro- hay chaletes hechos y de reciente construcción. Es una epidemia y el que no corre, vuela. ¿Quien quiere vivir en un lugar donde el tráfago continuo del ruido supone una melodía constante?

La casa está llena de gatos callejeros que vienen aquí a comer. Aún está vivo el recuerdo de Jerte, un gato hallado en mitad de una de las carreteras que cruzan el valle del mismo nombre, y que uno de nosotros rescató de una muerte segura, de ser aplastado por un automóvil. No dudo de que uno de los que ahora maúllan desde uno de los andamios de la invasiva casa de la vecina, sea descendiente de nuestro Jerte.
Hay una liebre en la ventana que se llama Alberto y que es el vivo retrato de aquella que pintó Durero hace 500 años. Un liebre pequeña y que no ha destetado por lo que bebe de una jeringuilla con avidez mientras se la sujeta con firmeza. Se ha comido las malvas y está hambrienta. Sus ojos abiertos, redondos, aterrorizados... ¿Dónde acabarás?

La noche y el absoluto silencio. Ni siquiera se oye crujir a la casa, lamentarse por el tiempo que lleva en pie. Juego a que se aparezca el espíritu de mi abuelo, junto a la estrecha y empinada escalera que da al segundo piso, mientras leo las peripecias de Maxon y Dixon. Total silencio y concentración, capaz de hacer que se me dibuje en la mente, con absoluta nitidez, lo que les ocurre a estos personajes.

Un muchacho deja a su novia en el portal de la casa de enfrente. Es el único ruido que he escuchado en toda la noche. Me quedaría aquí, leyendo, hasta el amanecer...

(La foto que he utilizado es de Luís García http://www.trekearth.com/members/adramad/photos).

martes, noviembre 07, 2006

Tercera prosa para funcionarios

El otro día iba en el "Metro de Madrid informa" cuando entró un chiquillo, creo que rumano o búlgaro, o del Este, canturreando en el metro ofreciendo a los que allí nos encontrábamos unas hojas donde ponía algo que ni sé ni me importa.
Iba moviéndose acompasadamente, como si danzara mientras miraba sin verguenza a la peña, ofreciéndoles, ignorando o retando a aquel que no le hacía caso... etcétera.
Ninguno le aceptó el papel y a quien se lo cogió se le quedó mirando para que le diera algo.
Entonces empezó a cantar más alto no sé si víctima de su frustración porque no había conseguido nada o porque lo apetecía y se vino hacia donde yo estaba, justo cerrándole el camino, junto a una de las puertas de la salida del vagón.
Antes, a uno le vaciló, a otra chica se le acercó y la vaciló, ya sea con gesto o mirada, y a un tercero que era yo, se le puso delante, siguió cantando más alto e intento pegarme un papel en la cara. Aparté la jeta y se la volvió a poner en la suya.
Después de esto, mientras él seguía cantando y nos mirábamos a los ojos, me dio un par de pequeños, débiles puñetazos a la altura del pecho y me dijo esta palabra: "angost". Y se abrieron las puertas y se marchó. Y siguió cantando.
La verdad es que me quedé cortado pero después analicé la situación cuidadosamente de camino al trabajo -no tenía otra cosa que hacer, no te jode-. En realidad si me hubiera dejado pegar la pegatina y se la hubiera devuelto pegándosela a él en la cara también, sonriéndole, le hubiera seguido el juego, pero no sólo eso, sino que se hubiera sentido más en aquel ahí, con todos aquellos que nos violentaba de alguna manera, o que pasábamos absolutamente.
En la biografía de Meyers sobre Orwell, se cuenta que los mendigos, pedigüeños o pobres en general, tenían un orgullo, una afirmación de su condición de pobre que no había visto nunca antes en sus viajes. Un día, Orwell, mientras se encontraba en una de las terrazas de la Gran Vía, comprobó cómo los pobres no pedían sino que exigían, o por lo menos se molestaban si no se les hacía caso o se demostraba indiderencia hacia ellos.
Un tipo se puso a pedir mientras esperábamos a pillar una entrada para la Filmoteca. Iba con un tres cuartos raído y con lamparones, barba larga y muy desarreglada, como un David pero sin glamour ni mármol blanco, pelo enmarañado y una mirada perdida aunque certera: sabía mirarte a los ojos. En fin, un tipo que vivía y dormía en la calle. Me preguntó si tenía algo para un bocadillo y creo que le di algo. Delante de mi había otro tipo que estaba leyendo un periódico o una revista. Este, al ser preguntado, ni se dignó en dejar su lectura ni en mirarle. Él volvió a preguntarle, y a preguntarle, y se le quedó mirando. El hombre de la lectura, indignado, accedió a prestarle atención con un "¡pero no ves que no, que estoy leyendo y me estás molestando!". El mendigo le contestó "Mira, si tienes un problema nos vamos a aquella esquina y lo resolvemos... Porque te abro de arriba y abajo...". El otro sin achantarse un pelo le dijo. "Pero que me estás contando..." "Que si quieres nos vamos a esa esquina y te rajo porque no tengo ningún problema". "Pero, yo no tengo ningún problema contigo, pero qué me estás contando...". "Pues eso". Y allí se acabó la conversación.
Detrás de mí tenía a un chaval, al que conocía desde hace ya unos años y creo que de la facultad de Matemáticas, que me dijo casi entre susurros que conocía al mendigo, al tipo aquel, y que nunca le había visto tan agresivo, que pedía con educación y que le había extrañado lo que había ocurrido.
La historia de Frodo pertenece a la primera vez que hablé con un tipo que duerme en la calle. En aquellos años ya había leído El Señor de los Anillos y le pregunté el porqué de su nombre. Me contó que se lo habían puesto unos colegas con los que había estudiado un curso de titiriteros y que también conocían la historia de Tolkien. Lo cierto, es que Frodo estaba en la calle porque, estudiando para titiritero le hicieron una gran putada, lo que le condenó a la puta calle. Él reaccionó así. No recuerdo cuál fue, pero era lo de menos. Era capaz de contar una historia con un papel que se encontraba en la cale, con cualquier cosa, y no una moñez, no, el cabrón tenía ingenio.
Otra: Un tipo que entra con un abrigo negro en un garito que ya no existe en Ópera. Un garito de buena música, rock´n´roll, el Caray se llamaba. Un abrigo tres cuartos, barba abundosa, pelo largo, negro. Uñas largas y bien sucias. No dice nada. Entra, te ve, y te ofrece un poema, un pedazo de papel irregular, donde ves lo escrito y junto a ello una fotografía que se ha fotocopiado, al igual que el poema. Sí, es una fotocopia pero escrita de su puño y letra, ya que en ocasiones se ofrece a escribirte algo cuando le has dado unas pelas y ya te ha visto otras veces, y ves que el trazo es el mismo.
El tipo este escribe realmente haikus castellanos, puros jaikús castellanos.
Un buen día nos dice Dani, el del Caray, que a punto estuvo de no dejarle entrar al tipo este por la crítica que nos había hecho para una revista que hacíamos entonces de creación literaria. La critica no era suya, por supuesto, era una de nuestras invenciones o de Pancho Alcuza, pero esto es otra historia.
Al tipo este no le he vuelto a ver más, al igual que a Frodo a quien la última vez que le vi fue en un marcha de Torrejón, en 1994. Se había recorrido, según nos dijo, las vías del Metro desde Aluche hasta Canillejas. Casi el mismo trayecto que hago todos los días para ir a trabajar. No es que se cierre el círculo pero con esto acabo.

lunes, noviembre 06, 2006



Otros días fueron los que llegaron y más hermosos.

Aquel día al levantarme percibí la sensación de que el absoluto desorden había llegado a mi vida. De que por fin todo se encontraba subvertido, caótico, urdimbre y vientre. Lo había conseguido, desorden y desconcierto por donde caminaban las pelusas de mi cuarto. Tardaría años en volver a organizarlo todo: mi vida sentimental, mi trabajo, mis costumbres alimenticias, mi reloj, el pasaporte, este hilo de luz que entra por la ventana sin persianas ni cortina y que apunta directamente a mi corazón, la lavadora, el viernes por la tarde, las campanas de mi infancia en la infancia de mi vida... Estaba solo y todo en desorden. Hasta en mis sueños lo sentía desorganizado todo. Opté por hacerlo, por ordenar lo ingobernable así que dispuse de mí mismo. Primero era mi habitación, todo aquello que me rodeaba, que me perseguía diariamente cuando abría los ojos.Cambié la cama de lugar, el armario lo desplacé hacia acá, más acá, perfecto. El sillón de orejas donde leía lo moví, puse cortinas y la persiana la arreglé. El escritorio también se corrió un par de metros, hop, hop, y escribí esto, y la alfombra la coloqué más allá. Aquella noche dormí como un lirón, pero no encontré mis gafas al despertar.

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sábado, noviembre 04, 2006

No sé por qué
No sé por qué
No se por qué
me he fijado en ti,
otra vez,
no sé por qué
he pensado hoy en ti...
Me he fijado en ti,
en la manera cómo me dijiste "hola"
al marcharte.

No regales poemas porque puedes estar pensando en ella el día menos pensado y ahí la llevas.

Y hacer cosas como estas: ridículas.



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miércoles, noviembre 01, 2006

Una tarde de invierno me encuentro con Tonino. Le ha crecido el pelo, lleva mediamelena, pelo liso que brilla al sol, se ha casado y tiene un par de críos correteando por el parque. Se le ve feliz y estupendo, sigue siendo estupendo, hace años se ponía estupendo pero ahora ha trascendido. Antes cogía con gran sabiduría la jarra de cerveza, un día de aquellos en el que le conocí, yo empezando y él en la mecha ardiendo... La pregunto por su trabajo y me cuenta que ha estado durante días dándole vueltas a la cabeza por una dichosa canción que no quiere salir de ninguna de las maneras. Está ahí, y se entretiene con hacerle sufrir. No ha perdido en absoluto su encanto "É un mondo difficile, e vita intensa", recuerdo que decía "é nuestra piccola vita e nuestro grande cuore", allá por el 2000. Ha pasado mucho tiempo desde entonces y le veo muy tranquilo, en cambio, yo voy de aquí para allá y en este momento me hallo con un cartapacio enorme, cruzando entre la hierba, pisando las flores que ya no existen. Me entretengo con Tonino un buen rato. Ha dejado su vida crápula de cañas por Madrid y un largo etcétera. Ya no es el futuro tan "incerto". Mi cartapacio va al suelo cuando le veo alejarse al gran Tonino. Palabras que se derraman sobre el suelo frío. Tengo un abrigo largo y negro, con largas mangas de plastiqué que apenas me dejan recoger con holgura. ¡Ah!, este invierno. Siempre de aquí para allá, siguiendo a la delgada musa, sus pies tan pequeños que no sé si han estado en la playa o recorriendo el mármol de los edificios académicos. Mi musa tiene manos tan pequeñas que la lluvia las confunde y la brisa se las toma volteándolas... ¿es una bailarina o un ave con forma de mujer? Mientras recogo los papeles ella juega a aventarlos. Qué graciosa, la cojo por los tobillos y le hago rodar... pero hace frío y apenas semidesnuda se cuelga de una nube y desaparece. Ya te pillaré, ancha es Castilla y las nubes siempre pasan.