martes, abril 14, 2009


Entre los "mierdos" y la imitatio sepulchri.
Cada vez que leo sus notas me pongo de los mierdos, que son mis nervios de mierda. Además si quiero ser un puto borracho del alma y del cuerpo lo seré. ¿Llegaré a algo así? A una úlcera; a darme con la cabeza en un pesebre, como decía mi profe del cole; a ser una mierda, como decía mi padre. Lo cierto es que yo siento de puta madre. Menos mal… me di cuenta de que estaba vivo. ¡Joder!, estaba vivo, “dile que la quiero”, gritaba desde la puerta del garito. Estoy vivo ¿qué más se puede pedir en esta mierda de rincón? Como diría Kabezabolo… Vivo y perdido. ¿Una Imitatio Sepulchri? eso es lo que hacemos desde que nacemos hasta que morimos: imitar sepulcros, y no precisamente blancos sino blanqueados. Ahora que ha terminado la Visitatio Sepulchri…
Domingo de resurrección. Comencé a leer el libro que me había comprado en un puesto del rastro, al que suelo ir de vez en cuando, muy de vez en cuando, Las olas de V. Woolf, en un bareto. El comienzo es deslumbrante, cómo escribe, qué genio en lo que parece "una descripción más" de la orilla del mar. Me quedé acodado en aquella barra. Unos tipos hablando cerca de mí en alemán, sentados a una mesa. Se levantan, se van y luego llegan unas chicas extranjeras y una no deja de girar la cabeza hacia la barra. Esperan que las sirvan. Luego se ponen a reírse y a mirarme.
Qué comienzo, joder, con una descripción del mar y venga colores por aquí y venga sonidos y perspectivas y terso, todo muy terso y líquido, y demasiado frágil que parece que te entra como un hilo de luz directamente a la imaginación y… me bebo de un trago la mitad de la caña y me marcho.
Y en estas esquinas que a todos nos pueden llegar a guardar y a esconder me encuentro a Rafa que hace tiempo que no le veía y otra vez para la Latina. Entramos en un bareto. Delante de mí, en otra mesa, hay una chica muy delgada, muy jaranera. Con los brazos tatuados, de colores, tiene unos ojos de aguamarina, claros pero nada serenos. Turbios, duros, intensos. Y también anda por ahí el cachondo del Paco Clavel. Me encanta. Me transmite mucha libertad. Hablo con Pilar de la película La Palabra de Dreyer. La fuerza de la fe para vencer todo lo que uno se propone incluso la propia muerte.
Al rato, contemplando la puta calle, me pregunta Rafa que qué estoy mirando. Esa capacidad tan absolutamente enriquecedora de quedarte mirando sin pensar en nada. Primero ves la calle, sin fijar la vista en ningún sitio, luego, ¡paf!, la vas centrando poco a poco, hasta que la dejas caer en un objeto… no, mejor, en un haz de luz, en un reflejo que ni siquiera tenga carga objetual, es decir, que no sea una figura… Rafa me dice que qué estaba mirando. Pues la puta calle. Luego no sé quién me dice que ha conseguido contactar con mogollón de colegas gracias al facebook y yo le digo que paso del facebook, y Rafa me dice “¿por qué no te haces un blog entonces para poner tus poesías?”. Al rato me piro.
Luego en otro bar hablando con otros colegas, con el Fer que ha llegado de Bulgaria, de lo que es un “artista del hambre”, porque ya no quedan casi artistas del hambre. ¡Qué miedo!, ¿verdad? Faros en mitad de la vastísima tormenta que apenas llegan a penetrar las nubes, o la tolvanera de agua que se desprende del cielo como si fuera un techo de escayola. Y vuelvo al mar que es donde vengo y adonde voy.
Esta semana santa he muerto y he resucitado.
(Si queréis más información sobre la película La Palabra, he aquí de donde he sacado la ilustración y en el que hay un breve resumen del argumento, película absolutamente recomendable: http://www.luisperezortiz.com/page/orde.html)

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