martes, septiembre 18, 2007

Encuentros en la catedral.
Rodeado de paredes de piedra, me encuentro con una mujer que apoya entre sus piernas una enorme trompa de cobre que brilla con la rabia y la limpieza del oro.

El cuerno, imagino que musical, la supera en más de un metro a la mujer; se alza recto, imponente, casi inalcanzable para el que quisiera tocar su extremo más alto. Por abajo llega hasta el lugar donde me encuentro, a tres o cuatro metros de la mujer quien se emplea a fondo en bruñir aquel hermoso cuerno. Tarea ardua y complicada pero la mujer me muestra una maña casi increíble para ese cuerpo que ha de soportar tanto peso.

Contemplo como un hilo de luz penetra por uno de los vanos de la catedral, señalando, descifrando cada uno de los pliegues de la ropa holgada de aquella mujer empeñada, y bien que lo consigue, en no dejar una parte de aquel grandioso cuerno sin abrillantar.Es muy hermoso.

Ella me mira y ante mi extrañeza y enorme sorpresa me dice:
"Es una de las trompetas del Apocalipsis de Juan. Hay una en cada una de las grandes catedrales del mundo que Dios Nuestro Señor tuvo a bien proteger...".

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