martes, octubre 21, 2014

Presentaciones

            (un poema que escribí hace ahora unos 20 años aproximadamente. Que nadie se llame -ni apellide- a engaño. Es un acto de nostalgia insobornable.)


PRESENTACIONES

¡Hola! Pues bien, 
abro la ventana...

¿Qué quién soy?
¿Debo sacar mi DNI,
en su defecto Pasaporte?
¿Acaso el mundo no me reconoce?
¿Acaso he de disfrazarme de número y
salir vestido como en la foto,
con la misma perdida sonrisa,
los ojos clavados, ausentes en el infinito?

¿Ustedes me reconocen?
¿Debo alzar la ceja en actitud condescendiente,
salir desayunado, ayudar a un viejito,
al ciego de la esquina,
demostrar así ser buen ciudadano?

¿Ustedes me entienden?
¿Puedo andar con el ritmo perdido
sin guardar las formas,
tropezarme y caer sucintamente al charco
aguantando el mar que en mí
se desdobla o se detiene?

¿Ustedes me soportan, me espían?
¿Puedo o debo hablar solo,
demostrar mi esquizofrenia ante notario
o acariciar a un ladrillo como a un perro
o seguir el matojo de líneas amarillas
en un cruce, en la Gran Vía,
interviniendo, con grata educación, el tráfico?

¿Ustedes me desean, me quieren?

Descifrar ojos de mujeres, aliento de bocas,
felpuditos cansados de tanto trabajarse al mismo hombre,
o en su circunstancia, al cadáver
que todas las noche se queda zombie
entre sábanas-lápidas
y estrellas que no escuchan...
les doy sólo una oportunidad para oler mi cuerpo,
sentir mis manos, acariciar mi espalda,
o en su defecto morderme y probar
esta sangre que versifica con palabras obscenas,
¡pero respeten esta serenidad de acueducto!

¿Ustedes se acordarán de mí?

Pues no, pues gracias, pues vale.

martes, octubre 14, 2014

La gente... la gente... another one

La gente... como lo diría... la gente está apagada,
detenida, sumida en simas, desconectada,
callada,
reconcentrada...
("la gente se atasca/la gente no avanza (...) en esta ciudad diseñada para coches / ¿quién conduce a quién?" -que diría mi buen amigo Toni Tonelada que por motivos de trabajo viaja constantemente en autoescombro).
...la gente lee libros y revistas ignífugas...
... la gente ve películas disecadas en TV con anuncios de formol y acetilmentiraparahídos...

(¿Pero qué es lo que quieres decir con gente? -preguntas persona inquieta -sabes que es un término tan bobo de no decir nada)

Gente que no quiere saber, conocer más allá porque todo es agresivo
aparte-por supuesto-es indudable
de aquella gente que desistió hace mucho / la que nunca quiso conocer / la que nunca tuvo herramientas para ello /la que ni-se-le-pasó-por-la-cabeza que hubiera algo ahí fuera que no fuera el descansillo de su casa / la calle / otro vecino / el perro moderador / el gran centro-comercial con su propio dios que se comunica oh, luz metafísica, a través de la

Se trata aquí de representar aquellas personas que no se preguntan por su alrededor que no unen casualidades que no exigen nada a la realidad; desconectados nada les pasa de sorpresa, de improviso, no hay magia ni situaciones extraordinarias porque solo piensan en lo inmediato y en el futuro más futurizado por los futurólogos de la futureconomy.

YA NO QUIERO DESPERTAR A QUIEN QUIERE SEGUIR DORMIDO


lunes, octubre 13, 2014

Vendimia

Tal día como hoy (expresión muy venida al caso) de hace 23 años volvía con mi amigo JM de la vendimia. Llovía a la entrada de Madrid y el conductor del autobús cabeceaba desde el principio de nuestro recorrido hasta que paró el autobús en un bar de carretera para tomarse un café... (antes había más bares de carretera, no esa mierda hipermoderna de los pseeudocentros comerciales asépticos en donde tienes que currártelo tú todo y todo está un 30% más caro, será que tienen que pagar las sillas de súper-diseño que compraron a una franquicia igualmente explotada a su vez).
En aquel viaje conocí la traca de Chimo Bayo, las tijeras para podar, cómo hacer en un recipiente minúsculo 1 kg de espaguettis, la careta de cerdo a la brasa, lo importante que es cantar algo, cualquier cosa, mientras se curra con las manos heladas, mi primer enfrentamiento con lo que podría llamarse un "jefe", la siesta en el campo -aunque esto ya lo hacía de niño-, lo que es o puede llegar a ser "el casino" en un pueblo... (lo cual me recordaba mucho a La Regenta), y hasta recuerdo de cuando Telemadrid era una cadena seria que veíamos todos en casa porque las noticias no estaban enfangadas por el partido ahora en el gobierno. Y otras cosas más que no recuerdo. De todo ello, o de casi todo, llevo haciendo un relato desde hace un par de años que solo y exclusivamente escribo en estas fechas, por una cuestión de luz, olor, color... Si un día saco tiempo tal vez me dé por ir al pueblo donde vendimié y lo acabe allí, aunque con seguridad esté muy cambiado.


Día 2 de la entrada (al día siguiente el bloguero dijo lo siguiente)

¿Os habéis percatado de lo "políticamente pesado" que me ha quedado el texto anterior?

viernes, octubre 03, 2014

Planta junto a un scalextric

Acabo de asomarme a la ventana de mi curro
y he pensado, al ver a aquellos dos hombres conduciendo una camioneta
sobre uno de los pocos scalextric que quedan aún en esta ciudad,
"no sé si mi vida la conduce un vegetal".


¿Cuestión de género? ¿De egos?

¿Se dice poeta o poetisa? ?¿Se dice gilipollas o gilipollesa?
(Que no se ofenda nadie y nadia. Ni Nadia Comaneci, por supuesto, después de que la selección española de gimnasia rítmica haya sido hace unos días campeona del mundo o munda de mazas)

lunes, septiembre 29, 2014

Adelaida García Morales, in memoriam



El viernes día 19, al término del recital organizado por Gsús, encontré en la librería La esquina del zorro, en una de las pilas de los libros de segunda mano, el libro El Sur, de Adelaida García Morales, autora a la que no había leído aún y a la que tenía muchas ganas, pues siempre la relaciono de forma instantánea, y es obvio hacerlo así, con la película del mismo título. De hecho, cuando lo vi apilado entre otros muchos saldos —pues bien es cierto que les han vendido a los currantes de la librería, si mal no estoy informado, un par de bibliotecas últimamente— dije: "Por fin. ¡Aquí estás!", o algo parecido, sabía, no sé por qué, que este libro era y es muy especial. Así que, al cabo de un par de días, en un parque, mientras esperaba a un amigo, lo terminé de leer y a su término, fluyeron las reflexiones. En primer lugar, me conmovió su manera de narrar, una voz sin artificio, que crea con sencillez un mundo en el que poco a poco te introduce, como si una persona estuviera narrando, o más exactamente, te estuviera susurrando con absoluta tranquilidad una historia en la que no se sabe por qué razón te has involucrado y que te seduce porque se mantiene en un espacio de discreción muy entrañable pero con un precioso trasluz de tristeza. La soledad y la niñez, junto con el dolor producido por la pérdida del padre y el surgimiento del amargo recuerdo, los espacios y atmósferas reveladas, la pérdida irreparable de una infancia que se va insinuando de una manera tenue, despliega una sensibilidad que cala la imaginación de quien lo lee…, sí, todo ello lleva a cabo lo que se puede denominar como la magia de la literatura. Magia con la que Adelaida García Morales es capaz de atraer completamente la atención de cualquier lector que quisiera sumergirse en dicho mundo... y eso, os lo puedo asegurar, con muy pocos libros ocurre a lo largo de una vida.
Para terminar, y en segundo orden, también me llamó la atención la cita de Hölderlin, como frontispicio y saludo al lector... pero lo que me intrigó fue cuando descubrí el final que nunca se vio en la película y que en el libro es. Un final en Sevilla, en el sur, un final al que se opuso radicalmente Querejeta y con el que Erice contaba. De hecho, de aquí surgió la separación entre ambos genios. Pues bien, luego de terminarlo me quedé pensando también si hubiera sido mejor incluir el final del director y respetar principio y fin de la novela, por lo que intenté recrear en mi cabeza ambos, pero vino la noche y tuve que salir casi corriendo porque no llegaba a mi cita.

(Un enlace a un recorte de periódico que habla de su paso por la Feria del Libro de 1985 (AQUÍ)

Política & mass-media



Parece que a nadie o a casi nadie le cae bien un político, un señor o señora que se dedica a administrar las perras de los demás, es decir, de los y las contribuyentes para que luego te la líen parda: te hagan leyes que no quieres ni por asomo, le vendan lo que no es suyo a un tipo que luego le corresponderá con un jugoso trabajo en su empresita, etcétera y con su bla, bla, bla.
Pues bien, oyes la radio y aparece un político, te da por poner la TV y sale un político, compras una revista o caes en la tentación de abrir un periódico o entrar en Internet para ojear las noticias o cotillear en el twitter y ahí están... todo el santo día, a todas horas, con sus de-aquí-para-allá y sus correveidiles y sus tal-para-cual. Entonces, (es-cuando-dices-ENTONCES-y-sólo-aquí) cuál es el problema, decidme... pues que aunque no queramos están ahí en los llamados "mass media", sus amados "mass" y sus miserables "media" y es cuando te da por pensar, por decir... ¿y si mi pongo a leer un libro que no sea... o escuchar un disco o mira que exposición tan inspiradora....? Detente, para, levanta la vista y observa cara a cara, por ejemplo... la altura de los edificios, tomátelo un poco con calma, take it easy, baby, incluso puedes llegar a silbar, por ejemplo, digo, es un decir.

sábado, septiembre 20, 2014

el arcaico vicio de uno mismo


no reconocerías a un thelonious monk si lo tuvieras delante
no reconocerías a un françois de villon si lo tuvieras delante
no reconocerías a un arthur rimbaud si lo tuvieras delante
si hablara delante de ti van gogh o velázquez no les reconocerías
si hablara delante de ti spinoza o bertrand rusell no les reconocerías
podrías encontrarte en la calle a ella fitzgerald o a safo y ni te fijarías en ellas
ni siquiera les dedicarías una mirada,
si esperara en el metro duchamp o shostakovich ante ti te fijarías en el cartel de publicidad
o en los minutos para el próximo tren para no coincidir con su mirada,
ni siquiera un lao tse ni siquiera alejandro magno ni tampoco jesucristo
levantarían tu curiosidad,
ni un mínimo atisbo de interés o una mínima expresión de desorden
aparecerían en tu rostro.
Lo sé.
Sé que ni César Vallejo te haría girarte para percibir su magna tranquilidad
su brillante mirada cetrina.
Sé que no te inquietaría oír los pasos detrás de ti de Huxley o del propio Orwell,
sé que no te inquietaría tener detrás de ti a la mismisima Mata-Hari,
ni detendrías tu automóvil ante Jim Morrison o Neal Cassidy o el propio Bukowsky
que hacen auto-stop en mitad de la autopista.
Te has cruzado con Avicena y ni le has mirado a la cara,
te has cruzado con Erasmo de Rotterdam,
te has cruzado con Ramón y Cajal,
te has cruzado con Nietzsche, con Ulises o con Homero... Nada.
Has seguido tu camino. Tu camino lleno de escombros, de miserias y de dudas.
Eres un trozo de hielo. Eres un resto de aquella estrella. Eres un pedazo de carne
al que intentas ofrecerle un nombre, o una caja con una pistola, o un bote de pastillas,
con un resentimiento que te recome el pecho e intestinos.
Sé que si sigues adelante, con suerte, mucha suerte, te cruzarás en un bosque lleno de memoria
con un claro donde solo habitará la luz
y allí te preguntarás por fin quién eres.
Guardas tu silencio para ti mismo y nadie ni nada te responde.
Escuchas a lo lejos el río más viejo del mundo,
el túmulo donde se guardan los restos y los huesos de antepasados
que fueron potencia, conciencia, y cada uno de los gestos inconscientes
que no has interpretado desde que eres.
Un pájaro rasga el cielo. Sangra de nuevo tu cabeza.
Tienes frío o un calor que revienta tus venas.
El mundo siempre ha estado fuera como una condena firme y maravillosa.
Necesitas un espejo para situar los atributos.
Podrías dormir un poco. Descansarlo.
Necesitas amar, transitar al otro lado, perderlo todo, olvidarte de ti mismo.
Necesitas amar, decirte adiós es necesario, aunque sea un espejismo.
Un espejismo.

viernes, septiembre 19, 2014

Gsús Bonilla y los antidisturbios

A mi amigo Gsús Bonilla le han entrevistado en el diario Público por su último libro Comida para perros (Baile del sol, 2014), haciendo referencia, por supuesto, a los que "nos protegen" en las manifestaciones de nosotros mismos y de ellos mismos. AQUÍ la entrevista; esta tarde en la librería La esquina del zorro, por ejemplo.

Una pequeña historia

Al subir al autobús ve que al fondo, sentado, en una de las esquinas, hay un chico vestido con ropa deportiva que mira fijamente por la ventana. Apenas hay nada que ver pues los cristales son oscuros y la noche se ha echado encima. Destellos, luces, alguna que otra sirena, las farolas al otro lado de la carretera, etcétera.

Ella va con dos críos. Una niña y un niño que corretean arriba y abajo en el pasillo, riendo, jugando, como si fuera aquella la primera vez que suben a un autobús. La niña, con el pelo muy largo y una camiseta y pantalones cortos. El niño igual salvo el pelo que lo lleva más o menos corto. Los dos con la ropa un tanto sucia por el polvo y la tierra, pues han estado jugando todo el día sin que les importarse caerse al suelo. Incluso la niña tiene el pelo un poco zaparrastroso, sin brillo, pero lleno de vida, eléctrico, con esa vida que demuestra que se lo han estado pasando en grande. Se sientan. La chica que cuida de los críos, acoge sobre sus piernas a la niña. La niña evita por un momento encontrarse con los ojos del muchacho de ropa deportiva. La muchacha que ha sentado sobre sus piernas a la niña es joven, sus dientes necesitan brakers, los premolares sobre los caninos, pero esto, no sé por qué razón, le hace más atractiva, con más ternura si cabe. El muchacho duda de que sea su madre, la madre de los dos críos. Se fija también en que lleva el cuerpo tatuado, con muy bonitos detalles. Pequeñas manchas de color, chispazos que se reparten por los hombros… dibujos con los que apenas acierta a hacerse una composición completa pues la ropa oculta ciertas líneas que discretamente nos hacen pensar que pertenece a un todo que bien podría apreciarse si estuviera desnuda. Esto no lo piensa en ese momento el muchacho de la ropa deportiva. De hecho no llegará a pensarlo jamás. Asi es.

La chica evita mirar al muchacho de ropa deportiva que tiene justo enfrente, e incluso creo que lo ha ignorado conscientemente desde el principio, pero dirige un par de veces la vista hacia un chico con el pelo rapado que se ha sentado con otro chico que parece un amigo o su pareja. 

El niño en cambio parece curioso ante el muchacho de ropa deportiva. Se queda fijamente mirándole. Ve a un hombre mayor con el pelo blanco. Un hombre mayor con el pelo blanco que parece muy serio, muy serio y tranquilo que sigue mirando por la ventanilla, y que observa a su tía y a su hermana con la que ha pasado un día muy divertido. Toma su dinosaurio de juguete entre las manos y deja su mirada en los ojos del señor serio vestido con ropa deportiva. El hombre serio gira la cabeza y le sonríe. Ha dejado de mirar por la ventanilla y ahora le mantiene la mirada. El niño también le sonríe. El hombre le pregunta:

-      ¿Alguna pregunta, amiguito?

El crío le sonríe y dice que no con la cabeza. Se supone que sólo es curiosidad.

-      Pues te contaré una pequeña, pequeña historia que me ha ocurrido hoy. Corría por la Casa de Campo y había mucha gente descansando sobre la hierba. Se ve que disfrutaban de un bonito y agradable día cuando de entre unos árboles ha salido a mi paso un gran perro ladrándome… me ha perseguido durante unos metros pero yo he sido más rápido y le he esquivado… pensaba el perro que era una salchicha… ¡una salchicha saltarina!

Los niños ríen porque el hombre realmente tiene forma de salchicha. Es un poco obeso y la ropa le queda ajustada. La muchacha sonríe sorprendida por la historia de aquel hombre mientras mira al niño que no le quita ojo al hombre.

El chico de la ropa deportiva, el hombre serio, sigue sonriendo al niño que ha escuchado su historia pero de pronto gira su cabeza y dirige su mirada hacia fuera, a la calle que no existe, que apenas son destellos, reflejos, chispazos de luz casi incomprensibles, ruidos que se diluyen al instante y que no son nada. Es entonces cuando su cara cambia completamente, y de la sonrisa pasa a la más discreta concentración. Parece olvidarse de sí mismo mientras sus ojos se hunden en el exterior mientras el bus avanza.

La muchacha advierte a los niños que han llegado a su parada. El niño recoje su juguete y marchan. La niña brinca por última vez en el intento de alcanzar la agarradera que pende de una de las barras que cruzan el techo del bus de parte a parte. El hombre, en cambio, sigue observando la calle, absorto en sus pensamientos.