martes, noviembre 13, 2018

Carlos Fuentes, Los años de Laura Diaz

Hace un tiempo en una red social, supongo que en Twitter, se nos hacía la siguiente pregunta: "¿Y si Jesucristo hubiera muerto en la silla eléctrica?". Pues bien, Carlos Fuentes, por ejemplo, elabora una pregunta muy similar en boca de la protagonista de este libro, Laura Díaz, en 1999. El enfrentamiento que se lee en la imagen que aparece a la derecha, supondrá para la protagonista cierta emancipación, cierta liberación en cuanto a una sociedad, en ocasiones, demasiado pendiente de ciertos símbolos, ya sean crucifijos o banderas. Me es igual ¿Y si hubiera sido ahorcado, o guillotinado en una Francia del año cero...? ¿Llevarían una guillotina o una horca en sus cuellos aquellos que se consideran cristianos? Sin duda alguna, mal lugar para alojar tan siniestro objeto. 

Cristo y la silla eléctrica (I) y AQUÍ (II).

lunes, noviembre 12, 2018

Inteligencia

Intelijencia (de Eternidades

¡Intelijencia, dame / el nombre exacto de las cosas! / … Que mi palabra sea / la cosa misma, / creada por mi alma nuevamente. / Que por mí vayan todos / los que no las conocen, a las cosas; / 
que por mí vayan todos / los que ya las olvidan, a las cosas; / 
que por mí vayan todos / los mismos que las aman, a las cosas. // ¡Intelijencia, dame /
el nombre exacto, y tuyo, / y suyo, y mío, de las cosas!

Juan Ramón Jiménez


Algo ocurre cuando el término "inteligencia" se aplica más a una máquina que al ser humano propiamente.
De hecho, resulta paradójico cómo vamos desistiendo de ciertas palabras. Parece como si abandonáramos cierta religazón con el lenguaje que es, sin duda alguna, una de sus características más interesantes (o lo que se denominó "la casa del ser" por María Zambrano y anteriormente por Heidegger).
Por otra parte, siempre es necesario visitar al poeta Mallarmé al hablar de la poesía como un potencia autónoma capaz de crear lenguaje o que el poema sea capaz de existir por si mismo, ser autorreferencia de sí mismo, pues no se basa en una historia, en unas claves culturales, sociales, etcétera, o en discursos anteriores, por ello se considera como uno de los primeros poetas de la Modernidad; es decir, en 1866, Mallarmé tiene una revelación en la que se percata que el mundo es un libro que él está escribiendo, que de la Nada a la Nada va, y que es su propio libro y que a su vez es único e irrepetible. 
Por ello, la inteligencia es la capacidad de que aun siendo el ser humano y cada uno de ellos único sea capaz de relacionarse con el mundo, nombrarlo, definirlo, verbalizarlo y encarnarlo, pero para ello ha de ser capaz de la exactitud y de que cada cosa sea en la sencillez del nombre, en su extraordinaria claridad, asible, comprensible inmediatamente. 
Tal vez la máquina en su extraordinaria capacidad de acumular y gestionar datos sea capaz de comprehender el mundo y su relación con el mundo sea o se establezca o llegue a ser así. Será en ese momento cuando se pregunte, evidentemente, por sus relaciones con el mundo y lo más importante, su relación con su creador. ¿Cuál serán los vericuetos que se establezcan para llegar a decir en qué consiste realmente la inteligencia artificial?

(Modificado hoy 13 noviembre, 10:49 AM)

sábado, noviembre 03, 2018

Runners


Runners borrachos
Adictos a la frustración
La tristeza les embarga
Y fotografían en su triste desazón
Pájaros moribundos
Que luego remontan el vuelo
Para no ser partícipes
De su desilusión.

Runners borrachos
Se levantan de su banco
Otra yonki lata para hidratar
Su vida y su autocompasión.

Runners borrachos desaguan
En el barrizal
Donde los viejos alcohólicos
Diarrea y planto
Han dejado su flor.

miércoles, octubre 31, 2018

Las líricas de Debod

Los poetas-luciérnaga locos con la linterna del móvil, arrojados en el césped del muy visitado parque nocturno. 
Devoran página tras página la vieja y la nueva literatura y escuchan con atención cualquier sonido y escancian cualquier epifanía que surja de la noche. 
¿Prefieren las noches con luna llena que se embebe por la pertinaz neblina y que avisa de las próximas líricas, o, en cambio, desean la ferocidad diversa de los sujetos y sus complejidades para la trasversalidad de los discursos que se suceden como espectros? 

lunes, octubre 29, 2018

Guest, José Luis Guerín

Una mujer peruana, una anciana ciega, en una chabola de las afueras de Lima, el extramuros en los que se convertirán en unos años todas las grandes ciudades europeas a modo de distopía donde la miseria, la locura y la lucha por la vida se darán cita diariamente. 
Guerín con su cámara, invitado una vez más a un festival de cine, se ha alejado de manera consciente de los tránsitos y lugares habituales por los que discurren los acostumbrados turistas. Se encuentra ahí. Se ha alejado de la Ciudad, para atravesar todo tipo de situaciones y lugares, para internarse. (Me recuerda a ese periplo y documental que realizó García-Alix, donde incluyó sus imágenes y sus letras, con su cámara a cuestas, por las afueras de la gran ciudad china, donde descubrió enormes y altas moles de cemento donde vivían miles de familias hacinadas). 
Una anciana ciega. Un rostro ajado, un palimpsesto vivo donde han concurrido miles de historias vivas. Le dicen que tiene una edad indeterminada pero que seguro sobrepasa los cien años. Guerín decide preguntarle: "¿Qué es lo mejor de la vida?", a lo que la anciana le responde finalmente: "La claridad del día, la luz que tiene el día". Se levanta y se encamina fuera de la casa. Una casa baja que comunica directamente con la calle. Se encuentra junto al portón. Casi ya en el umbral vuelve a repetir: "La claridad del día". Fuera, es todo gris y no deja de llover.


(Somos invitados a esta
la vida,
un chispazo momentáneo de conciencia,
un ser entre Nada y Nada.

"Invitado", reza la credencial junto a la mesilla.
Cuatro paredes y un segundo para recordar
o decidir dónde estamos, incluso
hasta quiénes somos, qué hemos venido a hacer aquí
y si realmente he despertado.
La sensación es ineludible. Estoy aquí, ahora,
soy un invitado a un nuevo día.
Fuera, la claridad se entromete,
inunda mis ojos, mi conciencia.
¿Realizaré las labores acostumbradas,
araré de nuevo mi campo, amaré a los míos,
respiraré con calma al atardecer,
me podré al fin reconocer en mis manos,
en los ojos que amo,
en el cariño que prodigo...?

Soy un invitado,
un pasajero que transita sin un destino
prefijado, que debe encontrar cuál es el motivo de su viaje
ya sea en los que conmigo marchan o con los que me encuentro,
en los lugares que visito y abandono, en lo que aprendo,
en los ruidos, sonidos, olores y colores que me inundan
y hasta sabores, que regalan o destrozan mis sentidos...

Soy un invitado.
"Bienvenido", me digo.
"Espero que disfrute de la estancia", aclaro con cierta sorna.
"La claridad del día", vuelvo a repetir.)



"Guest" - José Luis Guerín from Sílvia Nadais Sousa on Vimeo.

sábado, octubre 27, 2018

Signos para el baile

Pienso si escribir no es una manera de sobrellevar una vergüenza inconfesable,
un miedo que está en lo más profundo.
El descubrirse incluso a uno mismo, nombrarse sin la máscara.
¡Es tanta labor escondida de uno que de pronto asalta!
¿Dónde estas tú en este momento?
Y esto ya supone una trampa, un fraude.
Pregúntate dónde está tu casa, tu mirada.
Pregúntatelo.
Vuelve a ti, sencillamente.
Mírate en cada uno de los recovecos que has ido sucediendo a medida que vives.
Cuando se habla de la canción de uno, del descubrirse ahí en la belleza y en la verdad, resulta, puede llegar a resultar, lo más terrible.
Pero lo más hermoso.
Y acabas bailando, tan solo y tan único, tan libre...

jueves, octubre 25, 2018

Alberto Vega & Leonard Cohen & ...

Llevo horas pensando en &este texto que había perdido y he encontrado esta tarde al releer a Alberto Vega, en su Estudio melódico del grito, y que da comienzo como cita a su poemario.
Reflexiono qué es lo que quiero decir sobre él, sobre el texto en cuestión, y si debo decir o aportar algo más. Creo que sí.
Se me ha ocurrido por ejemplo, mientras arrastraba mi librería móvil por la calle de vuelta a casa, que qué fantástico maestro se perdió la enseñanza. Pero bueno, eso sólo me ha servido para mantener una sonrisa que tal vez pudiera ser autocomplaciente.
También he recordado aquel discurso de L. Cohen cuando recibió el Premio Príncipe de Asturias y en el que narra con extraordinaria sencillez cómo encontró su canción, es decir, su voz. Cuenta de cómo, a principios de los años 1960, de visita en casa de su madre, conoce a un joven español que toca flamenco muy cerca de allí y de cómo éste le enseña unos cuantos acordes. Seis acordes. Días y unas clases de guitarra después, se entera L. Cohen de que aquel muchacho se había quitado la vida, se había suicidado. No volvió a hablar más con él. Tal como llegó a su vida, se fue. En mi manera de recrear ciertas cosas, pienso que aquella persona con la que se encontró el cantautor canadiense era un ángel. Pero esto ya son cosas mías. Solo mías.

miércoles, octubre 24, 2018

Definición de baile

Una taberna en mitad de la nada, anclada en el centro de la gran llanura húngara. El tabernero apaga la estufa que proporciona calor a la estancia con un golpe de agua. "¡Hora de cerrar!" -grita una noche más. Un hombre embriagado rueda por el suelo al querer levantarse. En su interior, la luz fría de un fluorescente sobre la barra y unas bombillas iluminan la escena.
El joven poeta Valuska define el baile como el infinito girar de las esferas, y la vida, y la condición humana en el inmenso vacío.  




sábado, octubre 20, 2018

Otro poema más en el que sale la palabra "corazón" (II)

Este mi corazón que masca acero
que se nutre y se dispara inconfundible
y sereno cada vez que te imagina.

Este mi corazón que roe edificios
y que de las ruinas hace palacios,
glorias pasadas que iluminan
el incierto presente derruido.

Este mi corazón que lame mares insaciable,
y que de algas hace sombreros,
trajes salinos y refleja el sol
lo cubre de fiesta y lo enamora.

Este mi corazón que penetra en tierra
y fructifica en selvas
y en campos habitados por la alondra,
la mañana, el estiaje.

¡Este mi corazón tan pequeño!
¡Este mi corazón tan solo!
¡Este mi corazón tan descorazonado!


En mí

Hay alguien en mí
que se posa lentamente
en mi conciencia,
que me abre la verdad
y me seduce,
que limpia mi cara,
mi rostro,
tranquiliza mi cuerpo,
mi estar,
con la sensación
casi imperceptible
del bálsamo
que me salva.

Hay alguien en mí
muy lejos, tan cerca;
me acaricia el pecho
congestionado por la duda
y el deseo,
y cruza, de uno a otro confín
de mi cerebro,
en luz
purificadora, nueva,
pero no es, ¡no es!,
es, si es,
cuando se da, aparece y
reconforta mi tiempo
mis recuerdos,
desconecta por un instante
conexiones donde el ruido
y la herida se generan
sin control y sin medida.

Llega y se va. Baile necesario
de mi vida.
Temo perderlo, pero confío.
Confío en que no se vaya nunca,
y si así se fuera
irme con ello
donde ya sin irse se encuentra.

viernes, octubre 19, 2018

Mayakovsky

Mayakovski es y será precursor de muchas cosas. Sobre todo en un gran ser que por su naturaleza única es refractario a cualquier Estado ya sea este democrático, soviético, neoliberal o cualquier otra nomenclatura, etiqueta o nombrecito para denominar o señalar lo que viene a ser una organización de personas bajo una paraguas sea del color que sea. Todo ese discurso del contrato social se hizo para que detuviéramos nuestra marcha asesina de homínidos con predilección para oler nuestra propia sangre, pero es que las mentes pensantes deberían haber hecho lo contrario: apoyar a los explotadores, a los usureros, a los psicópatas de la acumulación de la riqueza y autorregularse como cualquier organismo vivo o extinguirse para siempre.
Esa es una de las razones por las cuales se suicidó. Aventuró la agonía del comunismo y sus ramificaciones, aventuró la podredumbre del aparato que puesto en marcha adolecía de lo mismo que se quería extirpar. Lo mejor, una vez se ha visto el percal y se ha dado cuenta de que se vive en la Gran Pesadilla, es desaparecer, o suicidarse, como hizo Mayakovsky. En el fondo no se cambia nada, y sobre todo para una persona que demostró el gran apasionamiento (¡y mirad que vivió en un tiempo extraordinariamente convulso e inquietante... aun así no: optó por el suicidio).
Pero hay personas a las que le gusta mojarse, les gusta pisar los charcos, les gusta abrir la boca y que la lluvia golpee su lengua o sus dientes, les gusta que el agua les caiga en los ojos, sobre las mejillas, les abrace los hombros, les empape el vientre o les sacuda como una lengua húmeda las piernas. Existen personas que aman lo que tienen a su alrededor, que lo comparten sin miedo, que tienen cierta empatía y ¡hasta sueñan con un mundo mejor! Sí, amigos, los hay, los veo todos los días, los analizo y comprendo lo maravillosos que son, pero lo equivocados que están. Estamos destinados a subirnos al árbol otra vez (si alguna vez nos bajamos o quisimos hacerlo...) y a ulular y mostrarnos de nuevo vulnerables, avasalladores, primitivos, idiotas, dependientes del jefe de manada... en definitiva, a avergonzarnos de la supuesta inteligencia de la que hacemos gala.
Me gusta que hablen de Mayakovski. Me gusta verle en la exposición de los dadaístas rusos. Me gusta que lo citen de vez en cuando en los periódicos y revistas de opinión porque así nos hacemos a la idea de que no hemos avanzado ni mucho menos tanto de lo que creemos, pues para ello deberá darse no una revolución de sangre y de fuego, sino una revolución cerebral, orgánica y química. Por ello, viva Mayakovsky y su Nube en pantalones.
Y por supuesto, cometo un error garrafal, venerar a un ser humano, ensalzarle cuando es solo eso, un hombre, cuando todos nosotros deberíamos ser dueños y dueñas de nuestras propias vidas.

En fin, ¡bah!, palabrería vana.

Para que se entienda mejor...


Permitidme, hoy, viernes 19, a las 12:33 de la mañana, añadir la carta de despedida de Mayakovsky para, llegado el caso, matizaran mis palabras anteriores y añadieran más honra al gran poeta ruso:

«De mi muerte que nadie se culpe y, por favor, nada de chismes. El difunto lo odiaba profundamente. Madre, hermanas y camaradas, perdonadme. Esto no es un método que recomiendo a nadie, pero no tenía otra alternativa. Lilia, quiéreme. Camarada gobierno: mi familia son Lilia Brik, mi madre, mis hermanas y Veronika Vitóldovna Polónskaia. Si les haces la vida llevadera, gracias. Los versos iniciados dádselos a los Brik, ellos sabrán descifrarlos. Como se dice, el incidente está zanjado. La barca amorosa varó en lo vulgar. Estoy en paz con la vida. No vale enumerar dolores, desgracias u ofensas mutuas. Seguid felices. Camaradas del VAPP, no me consideréis un cobarde. En serio, no hay nada que hacer. Saludos. Decidle a Yermílov que lamento haber quitado la pancarta, debí de haber discutido hasta el fin»

La carta la podéis leer en la muy recomendable revista Agente Provocador:
http://www.agenteprovocador.es/publicaciones/un-okupa-llamado-mayakovski

miércoles, octubre 17, 2018

Un corrector de estilo


Un corrector de estilo se atasca con una c con cedilla. Se pregunta qué hace ahí, entre aquel barrizal intragable de palabras escritas por un tipo que quién sabe dónde ha aprendido a juntarlas de manera tan desafortunada y caótica.
Exhausto, no puede seguir ante tantos desatinos y ante esa “ç” que en el preciso momento de su hallazgo no parecía letra, sino punta de lengua o enésima burla de aquel texto latoso y torpe, engrudo mental de un atolondrado. El corrector se levanta de la silla llegada ya la madrugada y se va a dormir. Al día siguiente debe presentar el texto lo más limpio posible y, por supuesto, legible.
Un generoso ataque de asma y unas palpitaciones le dejan postrado toda la mañana en el catre. Por mucho que lo intenta, no puede avançar. Atascado, con ansiedad trituradora, llama al editor en un hilo de voz para deshacerse del encargo, y así olvidarse de aquello, pasar a otra cosa. Por supuesto intenta una explicación convincente que le reste el menor número de puntos posibles para conseguir más trabajo.

Pasan semanas y algunos meses hasta que, en virtud de la casi desaparición de la figura del corrector en periódicos, agencias de publicidad e imprentas, o de la durísima externalización de los servicios en las medianas y grandes editoriales, se le encuentra malviviendo en el hueco de una escalera de un edificio ruinoso, extramuros de la ciudad en la que siempre ha vivido y de donde la población con menos recursos se ha mudado durante estos últimos años sin esperanza de volver.

domingo, octubre 14, 2018

I Like Your Soul

                                                         Para M. 


Cae la noche. Me recojo el pelo en un moño.
Contemplo el largo chorro de agua proyectado hacia arriba. Ser agua.
Este poquito que me produce el cigarrito.
Busco una buena farola que me proporcione la suficiente luz
para poder / escribir / leer.

Parto las palabras como el pan. 
Compañeros de mesa.
Escucho el constante gritar / fragor
de la gente reunida en torno a la plaza.
Balcones en lo alto. 
Algunos se hacen fotos como si comulgaran.
Paseo / bailo. Me gusta chascar los dedos 
cuando escucho la música / la música.

No necesito ruedas para poder pensar.

Los reunidos / conversan.
Me miran como si supieran mi verdadero nombre.
Y ahora, ¿qué?
El sol ha caído / bostezo / se va despejando el entorno.
Muy cerca de aquí / un ser que no sale nunca de casa / sólo un día al año se despereza
y decide vestirse de bonito                                
¿náufrago o polizonte?

La pelota se cuela en el recinto de la fuente
aunque el bote decide detenerse ante el agua.

Podríamos jugar a ser lentos. A vigilar
nuestros pasos como se atiende a una estatua.

Los pequeños parecen grandes / los grandes, pequeños.

¿Fue Leonard Cohen el que dijo aquello de:
"A los 20 tenía tanto caos que necesitaba paz.
A los 50 tengo tanta paz que necesito desorden."?
Dejó su paz, su caos, su desorden.

Prefiero respirar junto a las abejas
que sobre la flor de la acacia 
sobreviven sin sistemas filosóficos,
sin palabras.

viernes, octubre 12, 2018

La línea de la sombra

Hace unos días y ante la duda de ver una película de DVD o hacer zapin en la tele -lo último siempre acaba en atontamiento express- me encontré con la voz de Alberto García-Alix.
Creía que comenzaba una película pero la voz era inconfundible y sus pausas, entonación y tranquilidad a la hora de exponer sus pensamientos, evidente.
Recordé la visita que hice, a lo largo del visionado de este programa Imprescindibles de la 2, La línea de la sombra, a aquella muestra que con gran justicia se le hizo en el Reina Sofía hace ya unos años; recordé también aquel hermoso, sencillo y doliente gran poema que el propio A. García-Alix lee, voz en off, y que se escuchaba en bucle en el interior de aquella última estancia -al fondo, cubierto el umbral por un enorme y pesado cortinón negro- junto a las fotografías realizadas en China. Esta proyección junto a sus palabras fue, sin duda, una revelación del tiempo transcurrido, de las experiencias tenidas, atesoradas, vividas, de la pérdida en el camino de amigas y amigos, amantes, de la juventud, de la comprensión de que la vida quieras o no, va en serio, de la enfermedad, del dolor físico y mental, de los deseos, las ilusiones, la multitud de experiencias... Ese gran poema, con todas aquellas imágenes de altos, rectangulares, macizos, compactos e imponentes edificios como féretros en riguroso y ciertamente difuso blanco y negro, entrañaba un hermoso homenaje a aquellos que vivieron junto a él, que compartieron con él. Doliente, sí, radical, también, pero vital y hermoso. 
En La línea de sombra se desarrollan multitud de historias. Una de ellas, la camisa de su hermano, una camisa con dobleces, acostada sobre el asfalto, sucia, me recordó a su vez la camisa impoluta pero opuesta a la anterior: iluminada, recia en sus aristas, sin dobleces, portada de Cuadernos del Matemático ("Un hombre con la camisa muy limpia no es honrado", añade el propio A. García-Alix en la parte inferior de la fotografía) y donde se dieron cita también los poemas en una separata de El Ángel, un ser que pasó de puntillas en su momento en el panorama literario y que luego, afortunadamente, fue reivindicado por esta revista que ha dado asilo y ha acogido tanto a inéditos como a grandes y primeras figuras del quehacer de las letras. También se nombró al bueno de Quico Rivas, al que tuve la suerte de conocer, y de quien recuerdo sus trabajos -en la exposición organizada si mal no me equivoco por los rebeldes y, si me permitís, necesarios amigos de la revista Vacaciones en Polonia en la galería Cruce-, Los correctores, o mucho antes, la creación de la revista libertaria Refractor o la Huelga de Artistas como protesta ante la infame segunda guerra del Golfo.
En fin, multitud de historias me fueron asaltando la memoria mientras escuchaba las palabras de A. García-Alix, mientras aparecían sus fotografías, los momentos de su trabajo cotidiano, sus confidencias a cámara... Un placer, de nuevo, sin duda alguna. No os perdáis este trozo de vida.

martes, octubre 09, 2018

Camilo XXVII

Camilo no sabe por qué ocurren ciertas cosas: desde hace días escucha una voz que le llama pero al intentar saber la procedencia, la voz se esconde entre unas hojas de un álamo, tras el cogote de una mujer muy atildada o se pega en el costado de un edificio... Así evita esta voz ser descubierta. La voz no siempre muestra el mismo tono, la misma intensidad. Resulta frágil, o dura, o grave, o aguda.
Delicada, sincera, diamantina, angelical o cantarina. Profunda, agarrotada o asmática. Camilo escucha una voz que pudiera ser muchas. Es así.
También percibe ciertos olores que no deberían encontrarse ahí y que le evocan recuerdos viejos, demasiado viejos: el tufo de la vaquería, a la que iba a comprar la leche para que desayunaran sus hermanos, donde un perro bruno, muy celoso de su espacio y guardián de vacas lecheras, enormes y bonitas vacas lecheras, se tiraba hacia él con toda la fuerza de la que podía pero, por fortuna, siempre se encontraba bien amarrado con una cadena de enormes eslabones, por lo que siempre reculaba; o el humo abrasador que despedía el horno del que su tío extraía y luego elaboraba ciertas figuras con el cristal al rojo vivo, vivo y líquido: bolas incandescentes de un intenso naranja que surgían apenas con impurezas de los extremos de una varilla de acero (¿era acero?). Los cogollos vivísimos eran troquelados con rapidez de molde por lo que surgían enormes peces, flores, todo tipo de jarrones de un cristal que luego sería transparentes como agua petrificada, el agua que es capaz de atrapar la luz y devolverla modificada, como la mirada de la curiosidad o del perjuicio.
Podría seguir Camilo relatando lo que le ocurre últimamente cuando se encuentra solo, solo y deshabitado. Cuando pasea por esa ciudad que no cambia por mucho que la pronuncien de distintas formas o la vistan con luces, colores o líneas diferentes. Le pinten los labios, los ojos, la tatúen como un cuerpo extenso, inacabable, inabarcable... o la metamorfoseen en una delicada delicia que solo el alma o el aura pueden percibir.
El tacto no le resulta igual. Le encanta rozar con las yemas de sus dedos los muros que se van transformando en arenisca, ese continuo disgregarse y perfecto que muestran cuando ha pasado tanto tiempo. Los encalados, enyesados, enfoscados ocultan un corazón que se somete pero que siempre resulta el mismo. Le gusta acariciar esas paredes... Nadie imagina lo que hace en esas noches de insomnio. Está con él para olvidarse de él mismo.
A Camilo le gusta nombrarse de nuevo cuando amanece en su ciudad. Saborea el aire que le llena la boca, y deja que peleen en su interior las partículas de brisa fría que denuncian su presencia. Aprendió hace mucho a abrazarse él mismo pero deja que una mirada se pose en su propia mirada para perderse al instante. El camino ha de seguir. El camino, "qué largo es", susurra quedo, y sonríe. Le parece mentira estar ahí, sin saber qué hacer, ni qué nombre escoger.
Ahora, las voces que le llamaban hace tiempo se han desleído en su propia saliva. Los olores se han centrado en uno solo que se ha anclado en otro que es su propia respiración de borracho y de animal viejo. El tacto le ha devuelto a su propia habitación, a las sábanas que lo atrapan como una vulgar quisquilla. Saborea su malsueño de perfil y la conciencia se apaga lentamente.

El día amanece desnudo bailando fuera de su habitación, con la luz que ha robado a un sol aburrido de su propia eternidad.
Camilo, vuelves a soñar.



(Muy modificado el 10 de octubre a las 12:14 PM.)

domingo, octubre 07, 2018

La herida


El miedo es un viaje que solo le pertenece a uno
Alberto García-Alix

Vivimos para que se prodiguen
en nos nuestras heridas.
Con piel fina, en el momento en que supimos
fue arrancarnos la coraza
para tocar, mascar, tronzar
la vida como un solo plato,
una sola comida completa.
Cada noche, cada día,
cada filo de luz
nos raja y nos tiembla,
cada brisa breve
nos apodera…
Decidimos abrirnos
y sentir para reír
y para llorar de nuevo
sin costumbre y sin hábito,
sin maestro.
El fuego que se consume a sí mismo,
el agua que marcha y se evapora,
la luz que no conoce ya su sombra,
la tierra que se muere y se envenena.
La muerte debería de temernos
pues entramos con la lucha entre los dientes,
y la marcamos para nunca, para siempre.
Es nuestra la muerte también, es nuestra,
para un siempre que después de todo
es para nada.
Como un eco abandonamos el escenario exiguo
extraño, diminuto.
Sí, en un eco vamos saliendo, hilo de voz,
sílaba. Es nuestra la voz, es nuestra
hasta que se apaga al fondo como una vela
brillante que incendió este teatro de la vida
y que ahora pequeña y viajera se convierte en estrella
hasta que deja de manar su luz, y se dispersa,
se dispersa.

viernes, octubre 05, 2018

Amy Lowell, El jardín de Sevenels

Hoy me gustaría hacer referencia a un poemario, El jardín de Sevenels, de Amy Lowell, del cual realicé una primera lectura nada más comprarlo pero al que no presté demasiado interés o el interés que debía.
Luego, lo rescaté hace muy poco para su venta en LaClandestino pero, en una de esas tardes que presagian ruina, lo retiré de la tela para volverlo a leer. Esta vez me resultó mucho más curioso y me llamó la atención el poema dedicado a Ezra Pound (ya sabéis mi debilidad para con este poeta que fue, según T.S. Elliot, “il miglior fabbro”).
Amy Lowell, según se dice en la introducción de Luzmaría Jiménez Faro, representa la antítesis de Emily Dickinson (ambas nacieron en Massachusetts) en cuanto que Dickinson no obtuvo ningún reconocimiento durante su vida pero forma parte en la actualidad de la poesía universal, todo lo contrario que ha ocurrido con Lowell.
Muchos de los poemas están dedicados al sosiego, la tranquilidad que produce los largos paseos por el campo donde vive, la observación de plantas y flores, y el amor delicado, sereno y radiante que siente por su compañera, y todo ello gracias a un lenguaje sencillo, sin adornos exuberantes que distraigan, concentrado, con un ritmo apacible como el sonido de un arroyo sereno. Es, al fin y al cabo, una representante de aquella corriente estadounidense que se denominó Imaginismo. 
Pero vayamos al principio de la historia vital: el hallazgo de Lowell del Imaginismo, su confluencia con Pound y su posterior desencuentro
Amy Lowell, según se describe al principio de la introducción del libro, leyó un poema de H.D. (Hilda Doolittle) lo que le despertó tal interés que se presentó en Londres desde su Nueva Inglaterra (EE.UU.) dispuesta a conocer esta nueva corriente poética, “con doncella, chofer y con muchos dólares para gastar”, convirtiéndose en lo que pudiera ser no solo parte del impulso creativo sino también parte del impulso económico. Es aquí donde aparece la figura de Ezra Pound, que, al conocerla intentó, embarcado desde hacía tiempo en sus revistas literarias y de apoyo a escritores jóvenes y en ciernes, que subvencionara alguna revista pero Lowell se negó cuando vio que resultaba muy difícil que se autofinanciaran, según relata Noel Stock, en su biografía de Pound (como detallo más adelante). 
Aúno, a partir de ahora, la introducción de Luzmaría con la biografía de Stock porque se lee y se menciona en ambas el "enfrentamiento" entre los dos. Pound, al ver que el movimiento de alguna manera iba a ser rebajado en su calidad por la incorporación de nuevos miembros pero no tan excelentes (Stock), decidió romper con ella y crear otro movimiento, el Vorticismo, sin que antes denominase al movimiento que iba a crear Lowell como “Amygisme”, es decir, algo así como “amiguismo” (página 216 de la biografía de Stock y página 14 del libro reseñado). El editor de Lowell echó más leña al fuego al decir que ella era la gran representante o “figura más llamativa y única” del Imaginismo (Stock). Aquí tacharíamos al editor americano sin duda alguna como un “bocas”. Por otra parte, y continúo con la biografía de Stock, se habla de que Pound no estaba equivocado en la cuestión de los principios o fundamentos literarios del Imaginismo pero sí en su tozudez a la hora de que costeara más el movimiento, pues en una carta de Lowell dirigida a Harriet Monroe, le dice que, y cito de la biografía de Stock: “[Pound] estaba muy inquieto por dirigir el Mercure de France (…)  y se veía claramente que quería ser editor de la citada “Revista” con un salario. Yo tenía que garantizar todo el dinero poniendo lo que me placiera y él dirigiría la revista a su manera. (…) Como no tengo 5.000 dólares anuales para gastármelos en ello, basé mi negativa en ese mismo hecho y resultó muy inoportuno el que al parecer Ezra no lo creyera.”
Seguramente todo lo anterior produjo el poema Astigmatismo, poema que le dedica Lowell así: "A Ezra Pound con mucha amistad y admiración y algunas diferencias de opinión", y donde "rememora" uno de los paseos de Pound con su bastón de “fino y pulido ébano. / (...) madera engastada / (...) incrustaciones de ámbar, / jades, con su verde nebuloso.”. Más adelante en el poema, a medida que camina Pound por el campo y se va encontrando con ciertas flores (dalias, alhelíes, campanillas, etcétera) las va destrozando a bastonazos mientras dice: “Son inútiles. No son rosas” a lo que Lowell contesta “La paz sea contigo, Hermano”, entre otras cosas.
En fin, una curiosa historia entre dos poetas que lucharon por la creatividad en aquellos primeros años del siglo XX.

martes, octubre 02, 2018

Los libros y los lunes

La gente no compra libros en lunes.
Pero los viejos amigos se reencuentran.
La poca multitud transita por el paseo
e incluso viste de amarillo,
pero no, no compra libros un lunes.

Aún se lleva el zapato abierto
y los colores vivos dan paso a los muertos,
casi sin funeral, sin exequias de ningún tipo.
Por no haber no hay ni preámbulos.
Es triste decirlo así, y los amantes se separan.
Ponen océanos de por medio, sin palabras,
pero con un gran e inmenso desesperante azul.
Vacío y azul. No hay manera de conectarlos
por mucha tecnología que se disponga.
Así de trájico. Con jota que es mucho más trájica.

Los muchachos llevan camisetas bien sueltas
con  mensajes estúpidos de lugares por los que creen haber estado,
la ansiedad de las faldas,
las primeras hojas se estampan contra el suelo
sin avisos ni escaleras
y los amantes no se encuentran...
pero continúan con su cotidiana tristeza alimenticia.

Algunos adoptarán un perro. Otros comprarán un móvil,
el jersey de punto parece el que hacía mamá, ¿recuerdas?,
nuevos vasos para la alacena, el cordel que necesita la cortina,
mascarillas para la contaminación, y los amantes separados
por miles y miles de plantas, animales o circunstancias,
o transeúntes reconfortándose haciendo bromas de la cantidad
de autobuses y días que han perdido.

Ya no sé cómo continuar con todo esto.
Hay demasiado ruido, demasiada distancia, demasiadas cosas, demasiadas voces.
Demasiada de todo.
Y ha caído toda aquí, entre el pecho y la almohada.

Hoy es lunes.
No cantéis victoria.
Vendrá un otro y tendrá tus ojos.

Los cosificadores

Es realmente curioso.
Escribo ciertas palabras en el blog y ya están los "cosificadores" del cuerpo y del placer, del ser humano, inundándome con sus pseudovisitas el blog.
Podríamos leer un poco a Pasolini o aquel ensayo de la Sontag sobre la pornografía, o tal vez aquel desternillante primer relato de Foster Wallace (Hablemos de langostas) donde relata su experiencia periodística (he dicho periodística) en aquel magno congreso de actores y actrices porno. (Esta última palabra, por supuesto va a traer... cola).

lunes, octubre 01, 2018

Lo primero para desajustar el sistema es ser un PAYASO,
Ser un payaso es la realidad, la vida.
Tomárselo así, como un Payaso
Los payasos son los que más sufren y los que más florecen.
La flor es la del payaso,


domingo, septiembre 30, 2018

Almas gemelas

Tu alma gemela no es alguien que entra en tu vida en paz, es alguien que viene a poner en duda las cosas, que cambia tu realidad, alguien que marca un antes y un después en tu vida. No es el ser humano, que todo el mundo ha idealizado, sino una persona común y corriente, que se las arregla para revolucionar tu mundo en un segundo.

Mario Benedetti

viernes, septiembre 28, 2018

LaClandestino


¿Reconoce usted este puesto?
¿En alguna ocasión se ha detenido para saber qué es lo que se muestra en el mismo?
¿Sabe a quién pertenece?
¿Le ha interesado?
¿Le ha comprado algún libro?

¿Qué piensa del tipo que los vende?

Sólo se admite efectivo

Vincent

Unas cuantas frases de Vincent Van-Gogh sobre el amor, la voluntad, la sinceridad, el dolor y el acto creativo. 

Desde el momento en que nos esforzamos en vivir sinceramente, todo será para buen fin, hasta si debemos inevitablemente tener penas sinceras y verdaderas desilusiones; cometeremos también gruesas faltas y haremos malas acciones, pero es verdad que es preferible tener el espíritu ardiente, aunque se deban cometer más faltas, que ser mezquino y demasiado prudente. Es bueno amar tanto como se pueda, porque ahí radica la verdadera fuerza, y el que mucho ama realiza grandes cosas y se siente capaz, y lo que se hace por amor está bien hecho.
Si se continúa amando sinceramente lo que es en verdad digno de amor y no se derrocha el amor en cosas insignificantes y nulas e insípidas, se logrará, poco a poco, más luz y se llegará a ser más fuerte.
(…) el que prefiere permanecer solo y tranquilamente en la obra y sólo quisiera tener muy pocos amigos, es el que circula con más seguridad entre los hombres y en el mundo. No hay que fiarse jamás al hecho de no tener dificultades y preocupaciones y obstáculos de ninguna naturaleza, pero no hay que hacerse la vida demasiado fácil.


Carta de Theo a Elisabette:

El mismo quería morir; cuando me senté a su cabecera y dije que trataríamos que mejore y que esperábamos que nos ahorre este tipo de desesperación, dijo "La tristesse durera toujours" (La tristeza durará por siempre). Entiendo qué es lo que quería decir con esas palabras. 

jueves, septiembre 27, 2018

Contra los especuladores


Google me sugiere hoy
¿cuánta gente se suicida en España?
Google para su próxima palabra en internet me dice...
¿qué nivel de claridad hay entre los que te rodean?

Globos de colores se expanden por la pantalla.
La felicidad parece recién salida de sus tripas.

Me pregunto

Me pregunto cuántos lorcas silenciados
cuántos machados, cuántos vallejos
mueren diariamente en las calles,
desahuciados, presas del miedo y de la angustia,
de las enfermedades psiquiátricas,
de los rechazos, los insultos, amenazas;
cuántos mozart, cuántos rembrandt, cuántos van-gogh,
y cuántos don nadie habrán de morir en la máquina-sin-nombre,
sin piel, ni herida-cicatriz o corazón,
en la máquina del crujido y del terror,
de la codicia y de la usura de unos pocos,
ajenos al grito insonoro de la sola vida;
cuántas guerras civiles, cuántas guerras entre pueblos,
entre estados y fronteras, entre clanes,
mafias, familias y miserias de nombres rimbombantes
y de gallinas que se matan estúpidas en vías del centro
mientras se ajustan un honor de tatuaje miserable;
seres y seres humanos, millones de seres humanos
han de ser destrozados para que la máquina-sin-nombre
siga tragando insaciable,
enarbolando la guerra universal económica,
enarbolando la única bandera del asesinato,
y de la condena, una vez que has nacido,
a la vida de macabro futuro y de peor presente...

El rodillo continuo, en el absoluto silencio de la desesperación
y la locura, avanza continuo, sin nombre, sin corazón, sin sangre,
desesperado por alcanzar la mayor de sus conquistas.


*                       *                      *

Ha caído una breve tormenta sobre Madrid. Estoy a salvo. Escribiendo esto que pretendía ser en un principio una crítica literaria a un libro de poemas de Levine. Ha surgido así, tal vez se me ha cruzado el nombre de Lorca en la cabeza y ha hecho un extraño contacto en mi cabeza. Las sirenas de la policía, el sonido de mar artificial y neumático de los coches que circulan por la vía, el cielo azul que ya se extiende de nuevo pero al que han llegado las primeras sombras de la noche que empieza a caer...

miércoles, septiembre 26, 2018

La búsqueda de la sombra de Lorca

Philip Levine vivió en Castelldefels durante el año 1965.
En sus poemas refleja figuras del anarquismo como Ascaso o Durruti, además de la visita al cementerio de Montjuic. También habla de César Vallejo, Antonio Machado o de que "El crimen fue en Granada", también del (im)posible encuentro de Lorca con Hart Crane en Nueva York, en 1929.
Levine recuerda, cuando era un crío, a su abuela en la cocina de la casa comentando y criticando lo que para ella se estaba produciendo en España: la antesala de la llegada del fascismo y la infame cobardía de Francia o Inglaterra ante el avance de los totalitarismos... Refiere en este libro y en estos versos sus viajes por una España de guardias civiles polvorientos y barrigones, autoritarios y chulescos, una España que comenzaba a despertar pero donde la picaresca y la gracia pobre, la tomadura de pelo o su intento de los pobrecillos hacia el débil era habitual.
Poemas sobre aquella España a lo largo de 41 años recogidos en este libro, con la sombra de Lorca siempre reconocible en esta historia de mil demonios.

Suerte

Otra vez Suerte me ha alcanzado.
Me esperaba al final del paseo aquel
donde los maceteros cuelgan de las farolas
y los geranios se llenan de mosquitos.

Suerte aguardó días y días en silencio,
con una mano torcida y las uñas negras de la espera.
La sonrisa era débil,
sus ojos enormes y oscuros
como la mancha que rellena el abandono
en las casas viejas de los pueblos desolados.
La boca tan fina como una hoja de afeitar
donde no funambula ni una sola gota
de sangre.

No pregunta,
sus ropas no crepitan, su paso
es de tan silencioso que duele la piel.

Dan ganas de fumar o de matarse.

Otra vez Suerte,
detrás de mis hombros.
Por mucho que escampe, por mucho que corra
o que ría o que llore, o que me retuerza el dolor
en un azul sin esquinas,
ahí estás mucho más paciente que yo,
mucho más… Más delicada, más británica.

“Suerte, ¿por qué me tratas así?”.
Es idiota preguntar a la que solo tiene un signo,
una dirección, una promesa que no cumple, ni cumplirá nunca.

Suerte me ha encontrado.
Me tiende su mano rugosa y fina a la vez.
Su boca babosa, y sus ojos de tan hondos, míseros.

“Sabes, Suerte, creo que me había...”.
“¡Shhhh!”, me mira tajante y susurra: “Olvida”.

martes, septiembre 25, 2018

Una historia más de la ciencia ficción

Acabo de terminar una breve novela de ciencia ficción en la que se cuenta el descubrimiento, por parte de un ser humano futuro, de una nueva y poco conocida inteligencia, y que se describe como muy superior a la humana: la inteligencia vegetal.
En un mundo muy alejado a este (mucho más que el de las trastierras o exoplanetas descubiertos donde podría ser posible la vida humana) existe una red increíblemente profusa de plantas. La mayoría se compone de gigantescas plantas de varios kilómetros de altura que son capaces de comunicarse en una red "hifa" con el resto de las mismas (lo que ya ha descubierto el ser humano, el de aquí y el de ahora, quiero decir, pues ahora no es extraña la teoría de que las grandes plantas se comunican y apoyan por una red que les permite sobrevivir y abastecerse de nutrientes en el caso de que las cosas vayan mal).
La red "hifa" podría entenderse como una red internet entre los propios individuos vegetales, procurándoles, como ya he dicho, un apoyo sustancial y necesario llegado el caso (no como ocurre en este nuestro mundo, por eso la he descrito desde el principio como una "inteligencia" ((por lo general, se piensa que la inteligencia se basa sobre todo en un lenguaje oral y escrito que entraña una serie de signos en función de una simbología acordada pero arbitraria, además de la autoconciencia para desarrollar elementos o lenguajes que signifiquen y desentrañen el mundo o la realidad y sus fenómenos)). Dicha red "hifa" es capaz a su vez de organizar el mundo interior, es decir, lo que podríamos llamar de manera vasta el interior del propio planeta (no como ocurre en este, en el "nuestro" donde solo nos dedicamos a explotarlo, a horadarlo para abastecernos de la materia prima como si fuéramos un virus) y, además, como se deduce en la propia novela, de modificar y determinar la psiquis de cualquier elemento que venga del espacio exterior (léase: ser humano que viene a ver si puede sacar algo por la puta cara) formateando su actitud para servirse de él, no sin antes procurándole unas actividades que le hacen alcanzar la plena existencia. Por ejemplo, el sencillo acto de volar utilizando el poder de su mente, la telepatía o la facultad para atravesar el espacio tiempo. Todo ello nos podría recordar la genuina capacidad de los indígenas de este mismo planeta cuando utilizan determinados vegetales y hongos para llevar su conciencia a lo inexplorado.

lunes, septiembre 24, 2018

Otro poema más en el que sale la palabra "corazón"

La calle huele a rata.
La luz es de ayer.
La música me insulta.
Mi corazón está en la acera
              pal    pi    ta

a R R R R R R ójalo
( o hazle un ojal, jálalo, ojéalo  )

al cubo de la basura orgánica
no es vidrio
no es envase
no es cartón

E S   R O J O

¿Cuántas veces debes pisotearlo
para darte cuenta de que está muerto?

Está muerto.
Dale con un palito. Con un bastón de ciego
(por esta calle pasa una pareja de ciegos con un perro-guía labrador
y con una bolsita negra recogen su defecación,
luego el perro les indica, acercándose, donde se encuentra la papelera
más cercana, donde arrojar esa parte de él como fue como mi propio corazón

............................................................................que está muerto
atízalo con una estaca, con un bastón de alumnio policromado
¡qué bien te quedaría en una excursión por el camino Schmidt!

Deseas mi cerebro.
Me da que deseas mi cerebro
de algodón rosa, de verbena.
Yo, sí. Tú, mí. Él, sol.

domingo, septiembre 23, 2018

Trampas

-Estaba muy bonita aquel día. Le había sorprendido en un albis y parecía extática, distinta, muy bella.
-Observaba un trefulgo en el suelo del salón. Nada más, no te pierdas.
-Sí, eso es lo que tú te remuerdas pero te lo he dicho, su mente estaba en ese estado en el que todo parece orquídea o sinestesia. Sus manos eran aún más...
-La mirada de un latacio, eso era lo que sucedía, estabas balo. No me hubiera perdido por nada del mundo ese momento de verte cómo te aclarabas por ella.
-No tienes arreglo, cualquier cosa que te digo, acabas haciendo mofa, lo conviertes en un cranco, en el germen que te supone superior ... ¿por qué no te vuelves al crucigrama?
¿Es un virus del lenguaje la religión?

viernes, septiembre 21, 2018

Julio conversa con su gato


Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices, y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes. No te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben- te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo, pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj. Te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se te rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Julio Cortázar, Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj


Me pregunto qué hubiera dicho Julio Cortázar sobre el wasap. Me pregunto cuál hubiera sido su reacción ante las redes sociales creadas hoy en día si ya nos hablaba del reloj como el “menudo picapedrero” o como “un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo”. Porque… ¿no nos hemos transformado ya en pedazos frágiles y precarios, pendientes del rastro de otros como fantasmas geolocalizados en un mundo donde sólo se atisban sombras? 
El comienzo del texto ya es de diez: “Piensa en esto”, es decir, vamos en principio a hacer las cosas bien, o lo que es lo mismo, déjate de tus cositas y pon un poco de atención en lo que te voy a decir, lo cual es realmente difícil, porque estás, como siempre, a mil cosas, a mil bips, a lucecitas y a soniditos y a peditos atmosféricos varios, diferentes a cada segundo, en cada respiración, a cada instante. ¡Escúchame!, nos interpela Julio, atiende que te voy a susurrar con este cierto deje francés que yo me gasto estas palabras para que desordenen convenientemente tu conciencia, para que volteen un poco esa seguridad que muestras en la sacrosanta tecnología, ese nuevo dios en el que comenzasteis a confiar llegado el siglo XXI.
Y sube el clímax, duro, constante, pero limpio y a la vez llano, sin cejar en el esfuerzo ni un ápice, continuando con estas premonitorias palabras “cuando te regalan un reloj” que son sustituidas de forma inmediata en nuestra cabecita por “cuando te instalas una aplicación te regalan un pequeño infierno florido”, porque, no son acaso pequeños infiernos floridos nuestras queridas aplicaciones tan usadas. ¿No? “¡Ey, cari, me acabo de instalar otro infierno florido en mi áifon!”. Bueno, decidme, ¿qué me contestáis? Un infierno donde la repetición es constante, donde el pensamiento se relaja hasta la ausencia por completo, se transforma en compulsión, en obsesión por lo que se ha dicho, qué es lo que me cuentas, en qué momento me has contestado, cuál es el porqué, a qué hora exacta lo has escrito, cuándo se conectó por última vez, a quién le ha flipado mi crítica, a qué viene este silencio en la línea.
“Te regalan un calabozo de aire” y compras un diminuto espejo que cabe exactamente en la palma de tu mano, el mismo espejo que los conquistadores ofrecían a los indígenas nada más llegar a sus poblados como muestra de afecto o de conquista, quién lo sabe. Como muestra de poder y sometimiento de la magia a unos seres que ya por esa misma razón provenían del horizonte y de los cielos. “Te regalan / no lo sabes / lo terrible es que no lo sabes…”, ¿no escucháis el caballo a galope, el brioso caballo del apocalipsis del sometimiento, de la absoluta entrega, de la claudicación…?, “un nuevo pedazo frágil y precario”… ¿sentís en estas palabras cómo pisa el caballo con sus cascos el poco cerebro que nos queda mientras volvemos a mirar si se han vuelto a poner en contacto contigo de una manera estúpida, absurda, vacía para decirte o estampar una carita sonriente o enviarte cualquier monosílabo? “Te regalan la obsesión… te regalan el miedo de perderlo, que te lo roben… a comparar tu reloj con los demás relojes”, a hacer una larga cola y dormir en la calle para adquirir el nuevo modelo, con nuevas aplicaciones, mejores desarrollos, más memoria RAM.
Detened los caballos… Imaginad que caminamos con Julio por las atestadas terrazas antes de que termine el verano  de cualquier ciudad anodina, inane y casi pulcra de este país; por ejemplo, Madrid. Sí, pensadlo. Os habéis ido de vermú con Julio y pasáis por delante de grupos de jóvenes y menos jóvenes pegados a sus celulares, abstraídos en sus pantallas, observando el fondo sin fondo de un pozo de mensajes, avisos, caritas, risitas, fotos, gif y pantallitas dentro de otras pantallitas como un sinfín inabordable de aparente información, escrita en millones de papelitos que contienen a su vez tan solo una palabra o ni tan siquiera. Julio nos mirará, pero no con sorpresa o con miedo sino con la pausa y la mesura con la que se distinguía, desde su altura de más de un siglo. Tal vez querrá volverse al lugar de donde ha venido, tal vez nos diga que ha tenido ya bastante, tal vez no, pero le resultará ciertamente cómico cambiar algunas palabras por otras y reconstruir un puzle fácil donde solo hay que encajar algunas piezas.
Por eso, me digo, llama por teléfono… aunque bien mirado también a principios del siglo XX se percibía como invento del diablo, creador de infiernos floridos, de la pérdida de la conexión entre nosotros… Llama, o no, mejor, encuéntrate con él o con ella, mírale a los ojos, que exista el contacto que tanto rehúyes y que tanto temes porque, ¿sabes?, nos volvemos más frágiles, vulnerables, vacíos, transparentes, más fantasmas.
“A ti te regalan en el cumpleaños del reloj”.
Julio, antes de marcharse, me sacude un buen puñetazo de aire directo a la mandíbula y me derriba. “Julio”, le digo, “Julio… ayúdame por lo menos a levantarme después de haberme sacudido otra verdad”.

Por fin he convertido mi vida en mi pesadilla.
En mi propia pesadilla.
Eso sí, sin demostrar al Estado enfermedad mental alguna
El largo viaje comienza aquí.
Un destello podría salvarme. Una nueva falsa ilusión.
Pero en vano.
¿Quién de entre vosotros puede decir lo mismo?

jueves, septiembre 20, 2018

Pavese

Hace 11 días cumplió Cesare Pavese 110 años. 

(y ayer el Hombre Rojo me habló de él, El oficio de vivir / el oficio de poeta, y confundió la manera que tuvo de matarse. Le corregí en ese punto. Tomó su mochila y se marchó.
El Hombre Rojo vino a hablarme de un libro que no encuentra y de que un librero le quiere tangar por el gran interés que muestra. Luego, la pérdida de rigor en las traducciones, la pérdida de rigor en las ediciones, la pérdida de rigor en el libro en su conjunto porque el libro, según el Hombre Rojo, está desapareciendo, porque vas cotejando línea por línea la traducción del inglés al español y aquí han cortado, esta palabra, se "jibariza". Me gustó el término "jibarizar" porque de alguna manera es lo que se lleva haciendo desde hace un buen tiempo.
Anoche, viendo un rato la televisión, en un documental de la 2 sobre las revueltas del año 1968, uno de los expertos hablaba de que la televisión aún no había entrado, no se había instalado aún con fuerza y la gente, el personal, el ciudadano leía libros, leía periódicos (en especial, Le Monde), y por ello ese espíritu de revolver, de desacomodarse.)

Golpes en silencio

Tanteo
todas
las
salidas
todas
las entradas
todas
las
preguntas
todas
las
respuestas
cada
movimiento
se
convierte
en
un
cadáver
en
un
agujero
por
el
que
introduzco
mi
cuerpo
buscando
alguna
razón
para
verte
de
nuevo

martes, septiembre 18, 2018

Final del verano

Observa cómo se muere la rosa tras el cristal,
cómo se muere la tarde
cómo la lluvia es gris, anodina,
pero el cielo es tan vasto, tan duro,
¡tan rabioso, inexpugnable!

Observa cómo llega el otoño, y la rosa
y aquella delicada planta cuyo nombre aún no sabes pronunciar
se mueren. Llega el otoño y todo se desmembra,
se apaga, en rojo, líquidos marrones firmes,
hasta que arden sus nervios,
y se desprende el árbol que ha de vivir
de las delicadas hojas que ya no le servirán.
Si no lo talan en primavera, quién sabe...
dicen que está enfermo, o tarado,
quién sabe,
el pobre árbol que se ha desprendido de sus hojas
y que pensaba perdurar,
y el sol regaría con fuerza su corteza, y el azul, sus ramas.

Observa cómo la rosa se deshoja
¿aún guarda sus espinas?
Dime, ¿aún guarda sus guijas diminutas?

lunes, septiembre 10, 2018

Películas

-No..., no recuerdo cómo se llama aquella película en la que, en la que...

Están acodados en una barra de un bar. Apoyado en la repisa del fondo, donde se han colocado unas cuantas botellas de vodka, el camarero parece mirar lo que pasa por la calle, ausente de la conversación de sus dos únicos clientes.
Creo que eran dos hombres. Uno de ellos se queda mirando al vaso en completo silencio durante unos segundos y... no puede reprimir el llanto, pero antes de echarse a llorar, le dice al amigo, aunque no recuerdo bien si son amigos o era un extraño con el que estaba compartiendo una copa..., le dice...

-¿Qué le dice?

-He vivido enamorado de una mujer durante 30 años y solamente, al final, me di cuenta de que ella no me había amado ni un solo minuto...


miércoles, agosto 29, 2018

Lecturas

Lo maravilloso de que no te lea nadie el blog (no es por dar pena, sino más bien asco) es que puedes programar tu propio suicidio y nadie se enteraría. La anonimia absoluta es lo que trae.
También puedes decir que el libro de Alberto Olmos, llamado Pose, publicada en la súpermegaguay editorial de La Uña Rota (la cual tiene la biografía de Beckett que tengo en casa y que ha publicado también a Angélica Liddell), es eso: "pose". Creo que lo he pillado, creo que he cogido el mordaz sarcasmo que encierra. Es decir, cuando leía las páginas de este libro me venía a la cabeza la palabra INANE, banalidades una detrás de otra. La primera parte es desesperante. Lo que destaco es cómo un extranjero, en este caso creo que japonesa, aprende nuestro idioma. Luego es un continuo hilo que pretende ser irónico-gracioso y tal. La segunda parte, vale, bueno, vamos a hablar de la literatura y de los literatos. No hay nada más aburrido, más tostón que hablar de un escritor, y aún más, de un conjunto de escritores. ¡Dios! (esto lo hago para parecer un señor mayor, barrigón y coñazo, algo así como uno de esos que visitan la Cuesta de Moyano) y encima aparecen los popes de este país de una literatura que ya la han abducido, y bien, las grandes corporaciones. Supongo que repetimos aquellos años en los que Baroja era un gran desconocido, un anarquista (uy, mami, ¡qué miedo!) y se comía las manos mientras triunfaban algunos de los que no tenemos ni recuerdo... lean Memorias de un literato y entiendan de qué manera se hace un país dirigido al más estrepitoso de los fracasos. De verdad, y el asturiano el típico español, joder, el tópico. Vale ya. Que sí, que muy gracioso pero más solo que la una en realidad. Pero bueno, luego le di más vueltas a esto y pensé: tampoco equivoca su público. Va al jovencito confuso, que diría Ignatius, para hacerle ver la mierda en la que se mueve. Y la mierda que va a conocer, si quiere conocerla. En cuanto a mí, no me ha aportado casi nada esta novela pero intuyo que va a un público que quieras que no, puede leerla con interés por su desconocimiento o por su intención de saber qué es lo que se cuece, más o menos, en estos saraos absurdos en los que se mueve la literatura mainstream, o la literatura esa posmoderna-mercantilista mierder.
Y aquí voy a decir la pedantería: prefiero mil veces a D. Foster Wallace en su Hablemos de langostas y su relato de la "cumbre" del porno en su, si no recuerdo mal, primer relato de este libro.
Qué se le va a hacer.