jueves, septiembre 06, 2007


A las cinco de la mañana oigo unos gritos en la calle.
Duermo cuatro pisos más arriba.
"Dale al colombiano, a mi no, yo soy tu hermano..."
Y la pelea sigue.
"Vamos a pegarle al colombiano...".
Se oyen sirenas de policía y al instante, emprenden la carrera.
Toda la calle queda en silencio.
Los tres borrachos bailan abrazados mientras, de vez en cuando y sin venir a cuento, se arrean unas trompadas buenas.
Es el baile del amor y del odio.
Dance of love and hate.
Y la sirena corre tras ellos, borracha de luz y ruido, buscando a los amantes del amor y del odio. Buscando sus tripas rellenas de alcohol y luz.
Sus ojos se derraman por la calle, ¡tan livianos!...
Es el baile del amor y del odio.
Los vecinos buscan afanosamente al colombiano al que quieren invitar a la fiesta del amor y del odio, al de los puños retorcidos como alambres de espino, al de la mirada aviesa y sin ningún tipo de problema para martillearte con sus puños americanos de odio y de violencia.
Es el baile del amor y del odio.
En mi calle arden las voces incontrolables aunque uno de ellos chista y por un momento bajan la voz, se entierran sus gritos. La sirena surge por abajo. Quiere abrazar sus gritos y bailar con ellos, pero ellos se escabullen calle abajo, calle arriba. La mujer de silencio vuelve a envolver con su gasa inmaculada la ciudad que ha despertado.
Es el baile del amor y del odio que nunca se detendrá
nunca más en mi ciudad.

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