Mi manicomio
Una mujer con la mirada fría y desencajada sigue a una pareja por la calle. La pareja se da cuenta de que les está siguiendo una tipa y se meten en un bar. La perseguidora entra en el mismo bar. La pareja sale de nuevo del bar sin pedir nada y la perseguidora sale detrás de ellos.
-Oye, ¿por qué nos estás siguiendo?
Le pregunta a la mujer perseguidora pero ésta responde con una mirada fija pero extraviada, rara, como si se hubiera metido un tripi o fuera de ácido.
El fondo de sus ojos da miedo. No hay palabras.
Vuelven a entrar en otro bar. Este bar lo lleva un amigo al que le cuentan lo que les está pasando. La perseguidora está a un par de metros a lo sumo de ellos. Escucha o parece escuchar la conversación...
-Joder, pero es que lleva siguiéndonos toda la noche...
El camarero le pregunta por qué les sigue.
-¿Les conoces de algo...?
-¡Pero qué nos va a conocer!... ¡A esta tía no la he visto en mi vida! ¡Que me dejes en paz, que te olvides de mí...!
La perseguidora mira a la pareja con los ojos muy abiertos y al camarero, girando la cabeza de un lado a otro, pero no hay respuesta.
En aquel bar me encuentro yo con un amigo.
-¡Que no nos sigas... vale... que nos dejes en paz! La pareja no parece asustada aunque parece que se lo toman a broma se muestran preocupados por lo absurdo de la situación.
-Nos hemos metido en el C*** y se ha metido con nosotros. Le hemos dicho a P*** que nos la quite de encima pero P*** se ha ido corriendo al baño.
La perseguidora sigue mirándoles a los tres. Como si no fuera con ella la cosa, como extrañada de la situación que ha creado ella misma.
La pareja se va. Dejan a la perseguidora en el bar que al instante sale detrás de ellos. El camarero se descojona en la barra.
Mi colega y yo comenzamos una nueva conversación sobre los posibles motivos que tiene la tipa aquella para perseguirlos.
El camarero vuelve a reírse porque, a través de la ventana del garito, ve cómo la pareja sube y baja la calle con la perseguidora pegada a sus espaldas.
-Tal vez les quiera decir algo a ellos y sólo a ellos, pero en el momento elegido para ello... tal necesidad de comunicación le ha hecho perder todo contacto con la realidad, y por tanto de comunicarse con ellos de manera normal, adecuada...
Mi colega me habla de un cuento que ha escrito y que se publicará próximamente. Cuenta la historia de una persona que se ve perseguida por otras que se le aparecen en sueños. Al día siguiente, cuando camina por la calle se encuentra con aquella persona con la que ha soñado esa misma noche.
Vuelvo a un garito en el que he estado antes. Me tomo una caña. Hablo con uno de los camareros. Una pareja empieza a hablar también conmigo. La mujer se queda fijamente mirándome y me dice que me conoce de algo, que no sabe por qué ni dónde me ha visto antes -ella siempre ha vivido en Almería- pero que mi cara le suena. Más tarde nos vamos a otro bar y su chico me pregunta si soy policía. Ha sacado una bellota y se mosquea no sé por qué. Lo cierto es que me mira con mala cara y me cuenta que ha trabajado toda la vida a pie de obra, un currante de la construcción, y que si se cae del andamio le dan una mierda por no poder volver a trabajar en la obra. En cambio, si se mata le dan algo más a su mujer. Por eso mismo se ha casado hace dos semanas. Le molesta que tartamudee a veces cuando hablo.
Su mujer y mi amigo el camarero salen del garito y nos dicen que vayamos al C*** pero yo quiero irme a casa. No me gusta aquel tipo, tiene razón, pero me jode que me confundan con un madero.
-¿Me entiendes, tío...?
Me marcho a casa. Estoy un poco borracho. Son las tres y media de la mañana. Todo está en silencio. En calma. Escucho mis pasos que en otra calle resuenan... ¿Era así el poema de O. Paz?
2 comentarios:
Muy bueno flop, me has dejado con la intriga de que me definieras más a la mujer del albañil, que te confundía por madero simplemente por celos, porque contigo cerca temía caerse del andamio.
No lo creo porque la primera vez que entré en el garito ya veía que me miraba bastante... ¿será porque me he dejado perilla?
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