lunes, octubre 08, 2007

Anoche, en L. A. había una mujer inmortal con Mick Jagger y al hablar con éste de Erik Satie ella se volvió de pronto, dejando a sus dos amigos, con los que hasta ese momento se comunicaba, con las palabras en la boca. (Ya se sabe que las palabras cuando se dejan en la boca se convierten en paja seca o en cera fría, y esto es realmente molesto).
La mujer inmortal me preguntó por el libro. Parecía haberle conocido por como me miraba y me hablaba de él, es decir, lo tenía presente por el brillo de sus ojos. Difícil no contrastar informaciones sabiendo lo que sabía.
Luego me encontré al fondo de la barra con "dondehayconfianzadasco". A M. B. lo tenía frito con sus constantes "oyehijodeputa" pero en tono muy cariñoso y muy saludable. Y mientras sonaba la música había una loca cantando flamenco con lo que se colaba su voz con el rock progresivo que había puesto... Se imbricaba su coz (digo su voz) y la música a la perfección, pero en otras quedaba como el culo por lo que M. B. tuvo que decirle que se callara.
Luego estuve en una fiesta de maniquíes en T. B. Me fui al servicio y sobre la tapa del váter quedaba el rastro solitario, como un diminuto escombro o el rastro de un sarmiento blanco, de una raya de coca. Toqué con mi dedo índice de la mano derecha e impregné mi lengua con el polvillo cósmico. Cuando volví a la barra le hice un comentario al camarero.
-Realmente la coca ahora es una puta mierda.
Y otros comentarios que ahora no recuerdo con precisión.
Él me miró, giró su cabeza hacia alguna parte, supongo que buscando al culpable.
Que le jodan por meterse una raya de coca de tan mala calidad.
Había una fantástica exposición de fotografía en aquel sitio por lo que me entretuve en ella.
Intentaba consolidar mi equilibrio en algún punto que no se moviera del planeta, y lo encontré en la banqueta.
Allí seguí pensando en el vacío. Nunca he meditado mejor ni más profundamente que en la barra de un bar. Si alguien se acercase y me preguntara qué es lo que estoy pensando, con seguridad le respondería que en nada, pero en una nada completa, sin resquicios, como una mole, precisa, sin lugar por la que entrar ni por supuesto salir, un monolito pleno y total, absoluto, en el sentido hegeliano del término.
Luego me fui al B. M., es decir, a otro bar y allí me encontré con Mefisto con el que empezamos otra parranda (pues había estado con él hacía unas horas donde nos pusieron un pincho muy bueno mientras me contaba que estos días atrás no escribe nada por la cantidad de días que sale).
Así que terminamos en uno de los sitios más prohibidos de Madrid, que es la ciudad que me deja que la habite. Cogí el Babelia para leer sobre algo que me había dicho Mefisto. En Nueva York se va a celebrar una cumbre sobre cultura catalana donde va a actuar incluso Lou Reed (¿qué tiene que ver Lou con Cataluña?, aquí me pierdo, lo siento).
No recuerdo cómo llegué a casa. Lo cierto es que tras haber salido del último garito para qué voy a recordar cómo llegué a casa si en el 99% de los casos es idéntico el trayecto.

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