
Desde hace un par de días escucho una emisora de jazz por internet.
Desde hace un par de días sueño con las mujeres que antaño me robaron el corazón y lo dejaron, de nuevo, aquí, limpio y favorito.
Desde hace un par días leo la novela de Ezequías Blanco, Islandia, 2004... y ya la he terminado.
Pueden saltarse este párrafo aquellos que no les interese el patético intento de analizar una novela de un amigo.
[Cruce de caminos entre George Orwell, L. F. Céline, Valle-Inclán, E. Mendoza (que Ezequías tiene a bien citarlo con su novela Sin noticias de Gurb) y desfile de almas, gestos, palabras, actitudes en algunos casos. Un baile frenético de situaciones, la santa compaña en Getafilandia, elenco casi goyesco de personajes reconocibles por el menda... y en estas siempre pasa lo mismo: que se espera más, coñe, y no este tornasol de luces estroboscópicas (si se me permite el palabro) que sustentan la tarea de un extraterrestre por llevar a cabo la tarea de grabar para su "jefe" el alma del género humano representado en una ciudad. Así, a vuela pluma. Pero me da el gusanillo que "quien mucho abarca poco aprieta", como diría personajes que aman en esta novela el mundo del refrán, mundo ya "condenado" por el propio Cervantes. Ocurre, a mi entender, que la novela tiene sus altibajos porque es realmente complicado mantener cierta tensión tanto lingüística como de contenido con el lector, y en ocasiones me han cansado las tontadas de algunos cuantos por arcaicas o poco resolutivas para la acción misma de la trama, es decir, ha marcado bien los tiempos, su hilazón argumental, pero no ha querido ir más allá con la miseria... aunque bien se ha sabido desde un principio que todo era un circo donde la vida viene y va, sin más justificación.
Ahí va eso. Lo dice alguien que jamás ha escrito una novela.]
Como terminé ayer el libro de Buñuel Mi último suspiro.
Recomiendo la película Madrid de Basilio Martín Patino. Un lujo realizado en 1987. ¡Cuánto han cambiado los automóviles...! Pero la luz no, la luz de Madrid no ha cambiado ni un ápice (a pesar de la contaminación que ya amarillea los tejados como orín de rinoceronte y no precisamente de Beckett). Es el único autor español que ha sabido dar una perspectiva moderna y "muy alemana" (recuerdo a Calderón con su La vida es sueño) a la zarzuela, al género chico de la ópera. "Muy alemana" lo digo únicamente porque a través de los ojos de Hans, protagonista de la película, la zarzuela toma el sentido de una realización artística plenamente popular. Recuerdo aquellos días en los que confraternizaba con un actor español, de nombre Luis -que murió en la casi indigencia y que se marcaba unas parrafadas solo consigo mismo, acodado en la barra de El Pez Gordo- y que intentó explicarme el sentido de la zarzuela en la que trabajó desde el final de la guerra civil. Creo que he completado un círculo, creo que he comprendido por fin su desvivir en la tarea de contarme aquellos años entre la bohemia madrileña castigada por el hambre y otras miserias, del trabajo entre actores que unos triunfaron y otros destinaron su memoria al total olvido. Por cierto, hace su "debut" como actriz Ana Duato. Espantoso. Si Verónica Forqué es la actriz, Ana es un pedazo de "chica guapa" de palo que no hay quien lo menee.
1 comentario:
le has zurrado al pobre ezequiel...
pero coincido en muchas de tus apreciaciones, como divertimento hay que tomarla, para que la lean, y se lean, toda la santa compaña de la nuit getafense, de la que ezequías parece convertirse en su trobador...
yo tampoco he escrito nunca una novela...
demasiadas demandas y escritos de alegaciones amaneran mi estilo.
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