sábado, enero 26, 2008


Camilo se ha comprado un perro flauta.
Camilo se ha comprado un perro flauta. Ahora, tirado sobre la cama, le observa en el suelo, jugando con una de sus tantas pelusas. No sabe por qué juega, ni tampoco le interesa. Sabe que subía por la calle Atocha y le vio allí, agostado por el intenso calor, entre tiras sucias de papel periódico, aburrido pero simpático. Estúpido, como solo puede ser un perro diminuto metido en una caja de cristal. Esa misma tarde pensó que los reptiles, cuando conquisten el mundo, harán lo mismo con los pocos humanos que hayan sobrevivido.
La tienda de la calle Atocha tiene animales metidos en cajas de cristal o de plástico que imita el cristal. Camilo se imagina también en una de aquellas cajas que se distribuyen a lo largo, ancho y alto de la tienda de mascotas. Así se alegra y sigue disfrutando del paseo que ya comenzaba a incomodarle.
Camilo entonces accede a la tienda de animales y compra un perro flauta. Pensaba callejear un poco más pero tiene ya suficiente con un perrín que le mordisquea los puños de las camisas, le lame cuando se descuida, le hace fiestas... Camilo, en las tardes de domingo, se siente un poco baroja, siente que su vida va a ser desgraciada, que simplemente es un paso más como tantos otros: la fama es efímera y fruto, por lo general, de la vulgaridad de estos tiempos; la gloria, en cambio, siempre se encontrará en un trozo, en un pedazo -que suena más pobre- de su corazón vacío y por eso se ha comprado un perro flauta, como los perros flauta que dan vueltas sobre sí mismos o juguetean con sus amos flauta bajo la estatua ecuestre de un gran personaje que conquistó gloria y fama por ser quien era.
El perro es feliz sin nada; él, Camilo, es desgraciado con casi todo. Se comprará una flauta y recorrerá caminos que nunca hubiera imaginado, y conocerá gentes que nunca hubiera conocido si no se hubiera convertido en un nómada con su perro flauta... y así hallará todo lo que hayan perdido otros por descuido o por tristeza o por ambas cosas, aquéllos que, creyéndose desgraciados eran felices en lo más profundo de sus corazones.
Camilo sonríe. Sabe que nuca se atreverá a llevar a cabo tales locuritas. Por eso se ha comprado un perro flauta, para que le muerda los puños de las camisas, para que le haga fiestas, y cuando vuelva del trabajo se arroje sobre él.
A Camilo sólo le falta la flauta para ser feliz.

(La foto me la ha enviado Alicia. Procede de aquel día en el que don Pepe Ramos y Jorge Tinoco montaron el saraíto en el Malatesta, noviembre de 2007. Mañana estará con nosotros Rodrigo Galarza, a la misma hora 21:15 aprox. y calle Olmo, 3).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

lo bajará de pascuas a ramos, cuando suene la flauta. ¿De donde viene esta manía literaria-ambientalista de crear animales con nombre compuestos y a veces contrapuesto como ha hecho el interfecto?. A saber: mejillon-cebra, mosquito-tigre, cangrejo-señal....

Anónimo dijo...

¿quien son esas rubiejas medio pelirrojas que asoman por los bajos de la foto? Me molan