Camilo está "zumbao"
A Camilo le han descubierto en el trabajo que está "zumbao"...
-Mírale, está "zumbao" -dice un compañero de trabajo a otro compañero de trabajo. Y se recogen en sus propias risas, encerrándose como capullos, lamiéndose las heridas de la cordura que a ellos solamente afectan.
Camilo, entonces, ha llevado a cabo una regresión en el tiempo mientras volvía a casa. Es decir, en concreto, de su vida en la empresa. Y se da cuenta de que se ha liberado... un poquito. "Menos mal, empezaba a parecerme a ellos y eso me aterra" -dice por lo bajini pero una señora muy atildada y peripuesta le mira con sorpresa y sin disimulo. "Otro zumbao -piensa- otro zumbao de mierda que habla solo por la calle, como está España".
Un año de su vida reprimiendo la natural expresión de su "zumbadez", su "zumbamiento", cualquier indicio que pudiera delatarle. Pero su "zumbamiento" es único y difícilmente reconocible, solo a partir de cierto tiempo se percata el otro de que realmente está como está... un "zumbao" de la vida, el típico loco que es casi imposible de descubrir pero que al final no ha podido reprimir un gesto, una bobada, un irse de la compostura y ¡zas!, cazado, como un vulgar moscardón que nos interrumpe la siesta, el sueño plácido de la cordura, la realidad, en definitiva.
Camilo le da a la cabeza y se repara un poco el mecanismo.
Se dice que "soy diferente, distinto a los demás, especial, sensible, se me pira la cabeza, tengo deseos raros...". No amigo, acéptalo. El resto del mundo, que es mucho, esta cuerdo, sabe lo que se va a encontrar a la vuelta de la esquina, la educación que dará a sus hijos, el color del coche de su vida, dónde va a pasar las vacaciones, pero tú Camilo, enclenque mental estás zumbao. ¡Y punto...!
-Pero... ¿quién coño está hablando en mi cabeza?
-Ves, Camilo, como estás zumbao zumbao zumbao zumbao zumbao zumbao...
Y entra en el supermercado y sale con un chuletón de más de medio kilo.
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