una buena tarde
un plan perfecto
es
escuchar en el silencio de tu casa
Hungry for love, de Sade
mientras lees el Aria matutina a 1800 metros, de Sharon Olds
con
una
diminuta
inapreciable
lágrima
ácida
de desamor
que se ha alojado
en algún punto
de tu coraza esternón
y sabes que para siempre.
Una lágrima, un minúsculo vapor
ardiente pero pesado
en lo más generoso de tu pulmón.
Escuchas de nuevo el tema,
lees de nuevo el poema
y ya la sensación más genuina ha cambiado
y no entiendes por qué.
No entiendes por qué se ha ido,
incluso ese momento
que poseías como una verdad.
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