¿Es la tarea de los artistas transformar o revelar ese aura que
nos conecta con lo que nos parece reside ahí delante? ¿O es algo más
inocente, menos intencionado, simplemente lo que nos pasa cuando
trabamos relación con el arte, lo que descubrimos en el reflejo que nos
deslumbra? ¿No es la búsqueda del poeta la búsqueda que nosotros no
emprendemos, que no sabemos emprender, o que no llevamos a sus últimas
consecuencias?
El periplo en que nos embarcamos cuando leemos o escuchamos la poesía de Antonio Santamaría, o mejor dicho, el periplo en que descubrimos que nos hemos embarcado cuando con toda inocencia entramos en el mundo que nos dibuja, es justamente esto: un mundo de transmutación, transfiguración—en última instancia: revelación; de un mundo que es tanto allá cómo aquí y ahora; acaso más pálido, más borroso, si bien aún cercano, porque nos falta la visión aguda, el coraje de aventurar que sólo el acto concreto de un salto mortal hacia nuestro propio interior nos puede brindar. Como dice el poeta: “El espíritu no nace, es el nacimiento en sí…”
Terry Berne. –Revelación y transfiguración en “Tracto”,
1 comentario:
We are a gaggle of volunteers and starting a brand new scheme
in our community. Your site provided us with useful info to work
on. You have performed an impressive activity and our entire neighborhood might be thankful
to you.
Here is my web blog; click here
Publicar un comentario