Entre sus dientes había suficiente cocaína como para una nueva navidad.
La máquina logarítmica sudaba chorros de hiel extraída diariamente del quehacer diario del ser humano.
No se podía soportar la herrumbre de cuerpos que asolaban la uretra de la alegría.
El verde se había convertido en negro; el azul se transformó hace tiempo en un níveo diapasón de mentiras; te ríes del amarillo pero soportó lo suyo hasta que dejó de fluir y se estancó en una redecilla de sumidero; y qué me dices del rojo, amigo, tu labio no soportó la bofetada y se resquebrajó en pétalos como la última visión de la belleza.
Estábamos perdidos. La Ansiedad perpetró el crimen, ondas aciagas discurrían por el ancho lunar transmitiendo Soledad y Tristeza con apetitos desconocidos hasta entonces, más voraces, más perversos, que bailaban al albur del cerebro carcomido por el Miedo. Cuerpos y cuerpos de colores se debatían por la última llaga de verdad. Nada alumbraba al perfil de la alondra sobre el campo, ni a la mano amiga que entresaca su corazón de pluma para ofrecérselo al convite de los menesterosos.
¡Oh, tiempos! Tengo una última sonrisa que ofreceros. La vena de mi mano palpita brío y honestidad y he dejado aturdido -por poco tiempo, hermano- al Miedo tras mi aullido silencioso de coraza. Nos miramos a los ojos y respiramos profundamente. Somos un solo dios. Somos un solo ángel. La armonía podría desclavarnos de la pared del aullido de la muerte, que como temblor sacude todas las hojas, las piedras e incluso el perfil de la luz que nunca ha respirado de su convite.
Somos una sola conciencia pero esta carne aturde y se inflama aunque es nuestro hermoso tejido, brillante, fastuoso, repugnante, masacrado tejido, brioso, limpio, bienoloroso mapa de constelaciones en lo profundo del universo, fétido, amortajado y libre tejido. Libre tejido. Caminemos bajo la luz que nos ofrecerá el nombre que beberemos con la sed, pues la luz es el baile. La luz es el baile que nos lava, enjuga el rostro. Sentid como naufragamos en su fragancia y nos alzamos de nuevo como cúspides. Somos enormemente pequeños..., solo tengo estas palabras, este espectro musical que lame el corazón de la medusa y de la flor, este esqueje de nube… solo tengo estas palabras que por ahora son un muro que oculta otro jardín.