lunes, octubre 22, 2007


Ayer estuve en La Boca del Lobo...
quiero decir, en un sitio llamado La Boca del Lobo en la calle Argumosa, 11, que está organizando la llamada Sede las secciones paralelas; es decir, el 10º Festival Internacional de cortometrajes.
Lo cierto es que La Boca se lo está montando desde hace tiempo con exposiciones de todo tipo de realizaciones artísticas (así me quito de enmedio el detallar lo que-pudiera-haber-sido-y-es).
En concreto, ahora, con el "Festival Solo para cortos". Sin ánimo de ofender, por supuesto.
Al llegar, y sentarme en una butaquita de plastiquéi, vi en la pantalla a unos muchachos jugando al fútbol-muñón (con muleta y una sola pierna). Pertenecían a un equipo de fútbol que va y viene en furgoneta por un país como Sierra Leona. Se trataba de soldados que lucharon en lo que fue (y sigue siendo) una guerra endémica. Se intercalaban estas secuencias con imágenes que iba sacando de la cámara un fotógrafo blanco. ¡Click! Durante el mismo corto aparecían las imágenes en blanco y negro. Muy bellas, pero muy duras o muy distintas a nuestras vidas cotidianas. Más tarde, aparece el mismo tipo fotografiando a pacientes de un hospital (¿un psiquiátrico?):
-Me gustaría que me dieras la cámara cuando te fueras de aquí... -le dice un tipo que hasta hace poco tiempo ha estado berreando, pidiendo que dejasen entrar al doctor, exigiendo a los que están afuera (¿?) que dejasen entrar al doctor...
-¿Y qué vas a hacer con mi cámara?
-He leído libros en el consulado británico...
-...y entonces, ¿qué harás con mi cámara?
-Venderla.
Y así fueron entrando y saliendo cortos (del dvd se entiende, por qué se entiende ¿o no?) píldoras a mi gusto bien hechas, con fuerza, como cuentos o relatos que contienen y muestran momentos de la vida cotidiana: más dura, más irónica, más absurda, más amable, más cienciaficionada (es gracioso, y verdaderamente estúpido, el corto sobre el control de una ciudad griega a mano de anarquistas que persiguen o dan caza a los consumidores), etcétera.
Y luego me fui a L.A. a ver si veía a los griegos que conocí la noche anterior para preguntarles qué piensan del anarquismo en Grecia, y que me informasen de algún cursillo para evitar que la policía me cambie la mochila en una manifa y me acusen de terrorista y quieran meterme en sus cárceles 15 años; pero no les vi, se habían vuelto a su país esa misma tarde.
Kalá.

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