

Intenté descifrar la conversación que dos músicos mantenían junto a mí.
Señalaban continuamente un hoja con sus corcheas, sus fusas y sus semifusas, y vaya usted a saber qué más elementos existían en aquel pentagrama, henchido de barritas, bolitas y simbolitos que en nada comprendía, pero aún así me maravillaba cómo era su lenguaje, el maravilloso baile callado de signos.
Cada cosa con cada cuyo.
Había terminado el Tren Vertical, con Francisco Cenamor como invitado. Un poeta influenciado por el enorme César Vallejo, y creo también que en su honesta e irrenunciable calidad humana, y de otros poetas como el propio Luis Cernuda.
Lo cierto es que me envolvió su lectura. Me gustó y me relajó bastante, así que luego marché hacia los alrededores de una pecera que tenía sobre su cristal una pegatina que ponía Mahou.
Antes, además, me había encontrado con mi buen amigo AB que se suele pasar por la lectura y hablamos de Berlín y de su estancia pintando allí por el módico precio de 50 euros al mes por un estudio. Increíble. Así sí que se puede trabajar. Un buen poeta y un buen pintor, me quedé sorprendido y, como se dice en estos casos, muy gratamente. La fotografía pertenece a un cuadro que expuso, junto a otros, en la exposición que realizó en la Factory de Berlín.
Antes, además, me había encontrado con mi buen amigo AB que se suele pasar por la lectura y hablamos de Berlín y de su estancia pintando allí por el módico precio de 50 euros al mes por un estudio. Increíble. Así sí que se puede trabajar. Un buen poeta y un buen pintor, me quedé sorprendido y, como se dice en estos casos, muy gratamente. La fotografía pertenece a un cuadro que expuso, junto a otros, en la exposición que realizó en la Factory de Berlín.
Cada vez me dan más ganas de ir para allá, pero tiempo al tiempo.
Luego anduve con el buen proyecto de sacar una revista de creación de Heinrich. Su interés por dar cancha a los actos que se hacen en Lavapiés es digno de alabanza. Y ahí es
taré yo para ayudarle en lo que pueda y me deje.
Me he hecho con uno de los versos de Francisco C.; aquel en el que dice que se es más uno mismo cuando se encuentra en un lugar completamente desconocido. Eso me ocurrió en Oxford Street, en Londres, al dirigirme hacia el British. El cielo encapotado, ceniciento; la lluvia microscópica que caía, casi inapreciable pero que empapaba. La multitud enorme, compacta: masa de voces, gestos, rostros, vidas... Me sentía más yo, más entero.
taré yo para ayudarle en lo que pueda y me deje.Eso es.
(La entrada ha sido modificada. Me sentía un poco espesito cuando la escribí y ahora la he corregido lo suficiente como para que sea un poquito más legible).
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