jueves, octubre 04, 2007


Si quieres pasar un rato divertido lee Melocotón de manzana de Quim Monzó. La portada es horrible (1981) "pero ha pasado el tiempo /y la verdad desagradable asoma" como diría Gil de Biedma, en este caso, descontextualizando la cita. El libro lo encontré en un puestecillo de una librería por 2 héroes en la calle Ibiza.
La película Metropolis, de Fritz Lang, es demasiado cristianoide, aunque... que no se culpe a nadie por ser Alemania en el año 1927. ¿Fue Buñuel influido por ella para hacer El perro andaluz?
Una película a la "maniera" de La naranja mecánica es Funny Games del mismo director que hizo La vida de los otros, Michael Haneke. Es brutal. Pertenecen al género de películas con las que muestro tal rechazo que me dan ganas de dejar de verla.
La habitación (la del final, me refiero) de 2001, Odisea en el espacio siempre me ha parecido "exageradamente" inquietante. La "capacidad" que posee el monolito es la misma que nos hizo pasar de ser animales a lo que pudiéramos llamar inteligencia (el hueso como instrumento, como útil para conseguir comida, defenderse o atacar o, en su función más futurista, el hueso que se ha transformado en una nave que surca el universo). La fotografía, publicada hace unos meses, de un mono (¿o era una mona?) cruzando un río con un palo que utiliza como una vara (ya que la introduce por delante de ella/él para medir la profundidad, es decir, anticipándose) es realmente curiosa.
Diábolicas de H.G. Cluzot es una obra maestra del cine francés, pero Alemania Año 0 bien merece una mención: realizada en 1947 en un Berlín completamente destruido, es la historia de una familia alemana que esconde a su hijo mayor que tiene pánico a salir de casa por miedo a las represalias condenándose y condenando a su familia al hambre extrema. Sólo su hermano pequeño consigue trabajos que puedan aliviar tal miseria. Me recordó a la novela anónima llamada Una mujer en Berlín publicada por primera vez en Alemania, en 1959, con el nombre de la autora que más tarde, por las presiones de sus compatriotas, decidió prohibir su publicación hasta que no dejase este mundo. Es un análisis descarnado, frío, con gran capacidad de observación, desapasionado, altamente reflexivo del término de la guerra, de cómo el ejército ruso llega a Berlín y cómo la autora sufre la humillación del "descanso del guerrero". En fin, los inocentes -por unos o por otros- siempre sufren las majaderías de unos cuantos por su afán de codiciar lo que no se posee o lo que ha de proporcionar más comodidad (no hablo ni de libertad, ni de justicia, aunque estos términos siempre son aproximativos) al pueblo que dice representar... ¿suena, verdad?

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