viernes, noviembre 16, 2007

Camilo

Durante estos tres últimos meses Camilo ha disfrutado de la vida a tope. Ha estado exactamente tres meses de vacaciones y se ha emborrachado más que nadie, más que cualquier joven y más que cualquier adolescente. Incluso uno de sus amigos le encontró una noche en un banco, durmiendo la mona, absolutamente ajeno a los especímenes mucho menos tranquilos que él. Tiene cierta tendencia a perder la conciencia o a ganarla, todo ello según lo bebido.
Camilo es, se cree, dice, o incluso piensa que es escritor, es decir, que algún día publicará un libro y verá en un escaparate su nombre como cualquier electrodoméstico de última generación e hiperavanzado, con muchas teclas o completamente plano con un solo ojo que lee la mente de aquel que le mira con aspecto ingenuo o con aspecto interesado o sin ningún aspecto.
Camilo es un borracho. Camilo bebe para olvidar que está bebiendo o para quitarse ese ladrillo que hay en su cabeza que algunos llaman timidez y otros falta de autoestima y los de allá... mucho más allá... vete tú a saber lo que piensan los de allá. Nadie lo sabe. Solo Iker Jiménez y un par de seres con luengas barbas y aspecto aparentemente inofensivo.
Camilo, además, no folla. Un día en una pared escribió "MADRID NO FOLLA". Le quedó bien, "niquelado", que se dice ahora o hace unos meses, no recuerda bien, pero se dio cuenta en aquel momento que había escrito el mejor verso de toda su vida, y aunque Camilo no se encuentra como poeta tiene unas salidas de lo que se dicen buenas. Entonces, al término de aquella escritura a altas horas de la noche, se vio recompensado, íntimamente recompensado. En su familia nadie ha encontrado el alivio de la bebida para extraviarse por caminos inextricables, por caminos que ni su dios podría encontrarle, sólo algún amigo y de vez en cuando. Cuando bebe se encuentra consigo mismo que le sonríe desde el otro lado de la barra y piensa que aquel que le sonríe es el auténtico, el verdadero escritor que ha conseguido salvarse del abrazo de su conciencia para colocarse allí, enfrente de él, y reírse de él y mortificarle. Al momento, su otro yo, el escritor de verdad, abraza a un par de chicas, una rubia y otra morena y los tres miran a Camilo y se ríen, y Camilo, abotargado y aún más sediento, les contesta con una mueca enajenada estúpida y brillante de confusión. Su otro-yo que es él-más-verdadero se da la vuelta y con ambos brazos se cuelga de ellas. Por la noche, cuando regresa a casa Camilo, cuando entra en su habitación ve a su otro-yo follando con ambas mujeres. Su otro-yo se lo pasa en grande. Las muchachas se lo pasan en grande y Camilo tiene ganas de vomitar, no por la escena, que se la está poniendo dura, sino porque ha bebido demasiado y tiene que soltar lastre.
Con una mano se agarra a la taza del wáter y con la otra se agarra el estómago. "Esta vez lo tendré que echar todo" -piensa Camilo con los ojos inyectados en sangre. Entonces, un enorme regüeldo se convierte en una gigantesca basca que a su vez expele un río negro de tinta. "¡Diosssss...! -exclama Camilo- ¿pero qué vino era essssste...?". Un segundo después su otro-yo le da unas pataditas en las plantas de sus pies y le dice: "Joder tío, con toda esa tinta podrías haber escrito por lo menos cinco novelas... Lo has pringado todo con tu mierda". Y escucha Camilo como tres personas completamente en pelota se deshuevan detrás de él.
Diez minutos más tarde se encuentra en el salón, a oscuras, mirando fijamente el techo, con el estómago y la mente completamente vacías. Al otro lado de la pared se oye el continuo, constante empujar de su otro-yo, de las mujeres, sus risas, sus cuchicheos, sus lameteos, sus ayes y sus ¡bufffs!, sus caídas, sus gritos, sus golpes, sus palabras de gozo, y Camilo no puede dormir, ni siquiera hacerse una paja. Camilo es un pobre diablo, su otro-yo, su yo más fuerte, ha ocupado de nuevo su cama y tendrá que quedarse en el salón hasta que los tres se vayan. Hasta que desaparezcan. De una vez por todas, hasta que de nuevo desaparezca el enajenante triunfo de su cabeza.

1 comentario:

alf ölson dijo...

...nunca mejor dicho.