martes, noviembre 20, 2007

La Idea me visita por las noches o la vuelta a los Diarios de Kafka, por ejemplo

Aquí esta. Sin duda.
Me despierto por las noches y allí esta, esperándome: un sueño desguazado que espera que recomponga (no sé quién, no tengo ni puta idea, tal vez sea la Costumbre, hija de la Soledad y prima hermana de la Muerte).
Lo cierto es que me observa desde el otro lado de la habitación con aspecto mísero, como cuando Medea decidió asesinar a sus hijos por el rechazo de Jasón (¿habéis visto, por ejemplo, la película de Passolini...? Incendiaria ((la película; y Medea, más, por supuesto...)).
Allí está rodeada de sombras como de gasas, como de aire, como de brisa, y no, no puedo seguir observándola. Me turba, me pone cachondo, me insta a desplazar la pesada manta y a sacar mis piernas, levantarme, abrazarla... Pero atrapo un bolígrafo y comienzo a desmentirla. Las ideas no sirven de nada si no estás bien entrenado y esto, por lo que se ve, es una buena carrera de fondo.
Es la idea, la idea que me dice al oído: "¡Ven, tómame, y conquistarás el mundo!".
No la creo. He tenido a lo largo de mi (¿a lo largo de mí...? ¡y a tu ancho, no te jode!) miles de ideas que me han susurrado al oído, que me han chillado, que se han desnudado ante mí... por el día y por la noche, lloviendo -como ahora lo hace, como en este mismo instante ocurre-, nevando, gritando, andando...
Todo es en vano. Y por el vano la arrojo hasta que me duermo y sueño que mi padre me apunta con un cuchillo al estómago. Y sueño que otra vez me encuentro en aquel estúpido castillo o fortaleza donde todo se pudre y se desploma y se cae y la única manera de llegar a algún lugar seguro es volando.
[Lo cierto es que se me da bien volar en los sueños. He aprendido a volar en sueños. Intentadlo esta noche. Es fácil. Sólo téneis que concentraros en el vuelo, en querer volar y perder el miedo a caer. Así de fácil].
Como la vida misma, como si atrapara, por fin, aquella idea que se me escapa. Y la seduzco y me la llevo a la cama pero descubro que se ha ido volando, como si fuera un sueño.
Y que suena el despertador y que me doy de bruces contra el sueño, contra la Idea o contra mi mismo que ya se ha vestido para ir otra vez allí.
-¿Allí?...
- Sí, allí...
- Pero... ¿dónde?

No hay comentarios: