Sencillo trabajo de oxidación
La gente en la cunda. A las siete de la mañana la gente en la cunda. Durante toda la noche. Mujeres con sombrero de fieltro y abrigos imitación piel. Gesto concentrado y mirada palpitante... buscando a alguien que la lleve, a alguien que le lleve al infierno y proporcionarle un nuevo pedazo, cada vez más pequeño, de vida. Como una manzanita en la que has de evitar los gusanos... pero las manzanas hace muchos años que ya no tienen gusanos, ¿verdad... verdad que llegan sin gusanos?
Mujeres y hombres que van perdiendo su belleza por un poco más de hueso en polvo para traficar por su cuenta.
Los repartidores de pan de hamburguesa del Burguer K más adelante. Sí, más adelante, sí, en el autobús, justo delante de mí, el hombre que ha depositado su agenda de 2010 en el asiento contiguo al mío... la caravana de transporte público ante el Botón de Atocha. Una enorme teta de piedra con estrías tan profundas, una cárcel, una iglesia a la que no han colocado sus hermosas vidrieras, una discoteca que no han cerrado convenientemente con planchas de cristal...
Gente que sube y que sale, gente que baja y se engancha a una vena, allá abajo, en las vías del tren, a una buena vena que le dará para comer un mes, un mes más, apenas para pagar facturas, el colegio de los críos, la hipoteca, y la vida y a lo mejor traficar un poco más por su cuenta, lo que se dice ahorrar y sentirse más cómodo, más seguro, la próxima vez, un mes más.
Desde hace años la puta droga no sube apenas nada, el gramo de coca se mantiene desde hace años en su precio habitual, porque es una necesidad (la mierda es una necesidad para quien la consume, se convierte en necesidad, como el coche y su sangre, la tele nueva o la bonita reforma en casa; sí, como el gimnasio para bajar esos kilos). Sí vivimos por y para nuestras necesidades.
Todos necesitamos de una buena cunda: el proceso de oxidación es diferente, pues todo proceso lleva su tiempo y a lo que llamamos miseria se transforma, por arte de magia, en imperiosa necesidad.
No pretendo tener razón. Solo es mi pequeña, mi débil, mi frágil locura de esta mañana. Mi necesidad, ahora, de escribir; sí, si lo quieres llamar así, mi sencillo trabajo de oxidación.
1 comentario:
todos tenemos esa necesidad alf, desoxidarnos un poco cada día, gran declaración tio.
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