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sábado, septiembre 26, 2026

Solo tengo algunas palabras

 

Entre sus dientes había suficiente cocaína como para una nueva navidad.

La máquina logarítmica sudaba chorros de hiel extraída diariamente del quehacer diario del ser humano.

No se podía soportar la herrumbre de cuerpos que asolaban la uretra de la alegría.

El verde se había convertido en negro; el azul se transformó hace tiempo en un níveo diapasón de mentiras; te ríes del amarillo pero soportó lo suyo hasta que dejó de fluir y se estancó en una redecilla de sumidero; y qué me dices del rojo, amigo, tu labio no soportó la bofetada y se resquebrajó en pétalos como la última visión de la belleza.

Estábamos perdidos. La Ansiedad perpetró el crimen, ondas aciagas discurrían por el ancho lunar transmitiendo Soledad y Tristeza con apetitos desconocidos hasta entonces, más voraces, más perversos, que bailaban al albur del cerebro carcomido por el Miedo. Cuerpos y cuerpos de colores se debatían por la última llaga de verdad. Nada alumbraba al perfil de la alondra sobre el campo, ni a la mano amiga que entresaca su corazón de pluma para ofrecérselo al convite de los menesterosos.

¡Oh, tiempos! Tengo una última sonrisa que ofreceros. La vena de mi mano palpita brío y honestidad y he dejado aturdido -por poco tiempo, hermano- al Miedo tras mi aullido silencioso de coraza. Nos miramos a los ojos y respiramos profundamente. Somos un solo dios. Somos un solo ángel. La armonía podría desclavarnos de la pared del aullido de la muerte, que como temblor sacude todas las hojas, las piedras e incluso el perfil de la luz que nunca ha respirado de su convite.

Somos una sola conciencia pero esta carne aturde y se inflama aunque es nuestro hermoso tejido, brillante, fastuoso, repugnante, masacrado tejido, brioso, limpio, bienoloroso mapa de constelaciones en lo profundo del universo, fétido, amortajado y libre tejido. Libre tejido. Caminemos bajo la luz que nos ofrecerá el nombre que beberemos con la sed, pues la luz es el baile. La luz es el baile que nos lava, enjuga el rostro. Sentid como naufragamos en su fragancia y nos alzamos de nuevo como cúspides. Somos enormemente pequeños..., solo tengo estas palabras, este espectro musical que lame el corazón de la medusa y de la flor, este esqueje de nube… solo tengo estas palabras que por ahora son un muro que oculta otro jardín.

jueves, septiembre 24, 2026

Texto

La profesora de Fisiología se asoma a la sala de profesores. Ahí me encuentro yo dispuesto a hacer una ristra de fotocopias delante de la máquina. He introducido ya mi código, pero siento una presencia detrás de mí. Me giro y ella atiende al móvil, mejor dicho, mira la pantalla esperando, así que le pregunto si espera para hacer copias. "Sí, una" -me contesta sonriendo. Así que me aparto ligeramente y le pido que la haga. Yo tengo más de 30 páginas. Ella toma los mandos. 

Antes, nos habíamos cruzado un par de veces en el patio y la había mirado de forma clandestina. Creo que se percató. Luego, una vez que tocó el timbre de vuelta me puse a su altura y retrocedí. Me fijo en que lleva un vestido largo de algodón crudo que casi le acaricia los tobillos.

Espero detrás pero, un tanto inquieto, le pregunto: "Discúlpame, tú eres profe de Fisiología, ¿no?, ¿o me equivoco?". Ella, sorprendida, me mira y me dice que sí. Yo, al momento, le largo que ayer, a los chicos les conté lo que etimológicamente significa la palabra texto. "¡Ah!", me suelta ella . "Y -continúo- si somos nosotros al fin y al cabo tejidos, porque es lo que viene a decir su etimología; es decir, piel que nos protege, somos queramos o no un texto... ¿No te parece?". Ella hace un gesto de sorpresa. "Bueno -me dice convencida- tengo que irme, pero pensaré sobre ello". 

Consigo hacer las copias. Les he dicho a los muchachos que mañana tendremos taller literario. Crear un tejido, en fin.

sábado, septiembre 05, 2026

En el claro

Aquí no viene nadie.

Apenas cruzan el claro,

se dirigen como sombras a continuar su camino. 

(Ayer hicieron fiesta. Han dejado alfombrada la tierra de restos de globos y confeti que, como escupitajos de colores, se reparten anárquicamente confundiendo a las urracas.)

Tal vez, tal vez vuelva aquí otra vez. 

Tal vez mi camino se dirija de nuevo aquí. 

Me sentía bien cuando salía del instituto y corría,

vuelta tras vuelta, 

hasta  deshacer mi angustia en el paseo

lindado de plátanos de sombra, alguna que otra acacia, 

los chopos que aún persisten al principio del circuito. 

Todos ellos aventaban mi amarga tristeza,

mi inmensa e intratable soledad de adolescente.

Pero ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma.

Es hermoso este paseo, muy hermoso. 

Las parejas llegan después de escalar la ligera rampa sostenida por troncos dispuestos verticalmente a modo de flanco que contienen lo que pudiera ser un escalón preñado de cemento...,

pero no sé por qué vuelve esta inmensa desazón después de tanto tiempo.

Ya no sé qué es lo que me persigue, su motivo.

Tal vez sea una mala racha que se ha hecho orgánica en mi cerebro,

pues ya no puedo correr por entre los plátanos sin final, alguna que otra arizónica, los chopos que aún perduran y muestran sus troncos nervudos, verrugosos como el tiempo que atesoran.


lunes, agosto 31, 2026

Altolago

Las aves si son confiadas de mí

no sufren presión, 

y se acercan y picotean 

en sazón algún grano,

¿algún fruto?

Con el baile del aire

desaparecen.


"Als die Vögel vergaßen, Vögel zu sein", von Heinrich von Veldeke/Richard de Semilli

domingo, agosto 30, 2026

Ajedrez

Vengo aquí para hablar con mi animal suicida. 

Rumia y rumia la muerte de mi elefante,

de mi ratón, de mi propia mosca.

Vengo aquí para conversar 

con mi animal suicida,

a ofrecerle tablas. 

Ni él, ni por supuesto yo

queremos ganar la partida.

Pero algo nos oprime 

para mover pieza. 

sábado, agosto 29, 2026

Agnus Dei & Albert Einstein

Somos algunos como una ola en el océano que entre la inmensidad crece, se levanta ligerísima para caer tras un instante como un humilde penacho de espuma; otras, rugiendo en mitad de la gran tormenta, agitación y violencia, estruendo y vibración la acompañan, para luego desplomarse en un enorme bramido sobre el mismo agua arrancada de espuma. Solo, tan solo algunas, muy pocas, llegan a la costa, a tierra, donde se deshacen como un triunfo, alcanzan la gloria de la orilla en la inmensidad del tiempo y del universo.

jueves, agosto 27, 2026

26 de agosto

Estaba deseando llegar aquí. Son las 5 menos cuarto de la tarde. Hace una ligera brisa. Debo poner un nombre a este lugar... ¿Altolago?, porque en el fondo es un pequeño remanso de paz. Solo cuando se escucha el aviso del metro, su señal acústica, la calma se rompe. Si no fuera por este sitio, pero en general, no sé. Si no fuera, por este momento donde todo parece detenerse y la quietud se alía de manera especial con el recuerdo...

Es un alto pero a la vez es un claro de un bosque bajo. Estoy escuchando la emisora de Canadá, Ancient. Cuando el viento arrecia, me gusta aún más, como es el caso. El sonido de las hojas, de los arbustos, todo lo que me rodea ahora vibra y parlotea como estoy haciendo ahora yo sobre este cuaderno.

De tan necesitado de amor y cariño como estaba, me agarré al primer corazón que supuse interesado en mí. Lo atrapé con tanta fuerza y con tanto deseo que se detuvo en un par de encuentros, no más. Ni siquiera con el primero... si lo hubiera dejado marchar... mas insistí. Tras varias semanas, insistí, cuando debería haber desaparecido. De tan necesitado de amor y de cariño, me agarré a tu mano, como si nunca te quisiera soltar, aunque tú ya eras ida. 

De tanto tánta, de tan tánto / ahogué la sencillez / y no acallé mi dolor / ahogué tu amistad / no conjuré el olvido. 

(Triste suis, Capella de Ministrers & Charles Magraner;
Riu Riu, Skarazuka) 

lunes, agosto 24, 2026

mi último poema

 ¿Ya no podré contemplar 

jamás 

tus manos

que, como el arcoíris, se posa

sobre la tierra agradecida 

por la humedad y la brisa,

así en mis sentidos tu recuerdo? 

¿Ni escucharé tu voz

que como alambique de nubes 

dispersa palabras y notas

escanciando la divina tranquilidad 

con la que me hablaste?


Tan solo escucho el silencio

ahora

golpe péndulo de ausencia,

muro en mi necesidad de olvido,

arena basta 

de los ojos de la memoria.


Nada más que eso, 

y arrancarme tu imagen para siempre.

sábado, agosto 15, 2026

un nuevo pedacito de hueso en mi corazón

¡Cómo me gustaría arrancarme no sé de qué parte, 

de qué origen, 

de qué infancia, 

de qué tesoro de herrumbre, 

de qué metálica y ojo moribundo de pasado y de futuro, 

de qué soplo de aire, 

de qué lágrima de tierra, 

de qué pavesa inmortal o supraconciencia,

esta lengua amorfa que me empuja & me envuelve en el deseo 

piedra negra sobre piedra negra que ejerce un peso insoportable  

sobre la línea de mi tiempo y de mi cuerpo!


Sé que en este pequeño cerebro persiste:

primitiva ancestral configuración

que si no rumia, muere.

Como un bicho que devora un corazón silencioso

donde no hay la posible queja que represente en palabras 

la ecuación perfecta para el exorcismo de este sonido 

que pesa y se duele a sí mismo.

¿Debo tomar perspectiva, alejarme lo suficiente,

contemplar mi dolor como si este fuera esfera 

y pudiera contenerlo, explicarlo, pasar de un punto a otro 

sin dolerme? 

Sí, así es... ahora en mi corazón

ahora 

hay un nuevo coágulo, 

fibra osificada, 

ruina. 

 

lunes, agosto 10, 2026

Noches de verano

La soledad de las noches de verano es líquida

y el silencio suave entre cada jirón 

que al amanecer desaparece.


La soledad es líquida ahora

pero no te abraza, 

aunque no permanezca distante 

posee su propio ruido.

La ciudad parece reírse de su propia amargura,

canta una vieja canción con la calma 

de todos los hogares vacíos

en época estival.

¡Yo que quisiera habitarlos uno a uno

para recoger entre mis manos 

el tenue vibrar de sus paredes,

la llamada secreta 

en la disposición de los objetos

y el olor prístino

del aire que discurría 

al fundarse en los lugares nuevos!


La soledad de las noches de verano es líquida,

-las sombras conversan en signos 

que hacen más dulce la espera-

y se vierte sobre las manos del olvido casi sin ser notada.

domingo, agosto 09, 2026

La luz

                                                                                                    Para Eva Nuño 

Ya pasaron los días nuevos,

el jardín florido 

las rosas frescas

la tierra feraz.


Pasaron los días azules 

y sus tiernas infancias,

pasaron las aves de los nuevos cantos 

de estela uniforme, ligerísima.


Y pasaron ¿recuerdas?...

y ni aquellos los nuevos días

y ni aquel florido jardín 

ni aquella la fresca rosa 

ni aquella la feraz tierra 

ni perturban ni serenan tus ojos cansados,

tus manos resecas

y el entorno que, iluso, demente, 

desearías volver a nombrar.


Ya pasaron, sí, ahora es otro 

el silencio, la llama del día,

el color provechoso, la materia 

que alivia y solivianta.

Pasaron, como pasan tantas cosas,

en tanto tiempo;

como pasa lo que ha de pasar

por su detalle, por su figura

y por su sombra...

porque la luz no pasa 

la luz que llevas 

aunque mengüe 

no se apaga. 

lunes, julio 27, 2026

El mío dolor

               I


¡Fue el amor a mis ojos 

dél quedaron enfermos!


Enfermos que no los limpia 

ni la mañana clara

ni la noche fiera.

Enfermos que no los limpia 

ni el pañuelo blanco

ni el pañuelo terso.

Enfermos, ¡quién no los tuviera 

ni ciegos ni opacados!,

pues fueron mis ojos a tus ojos

y allí quedaron tocados

… ya no me dejan ver

ni los míos propios

ni los tuyos otros.


¡He sufrido tanto, mi dueña, 

tanto he sufrido!,

durante sus días largos

y sus piedras blandas

y sus soles, y sus andas, 

y sus minutos tardos y sus horas altas...

sus largos huesos.


No aparto de mí ni tus ojos, ni tu boca,

ni tus manos claras.


¡He sufrido tanto, mi amor, 

tánto! Y segundos

que punzadas en cárcel

este pecho nombraba.


Pero en un suspiro acabó prisión, en un anhelo.

Tu mano amarró

mi barato corazón, 

¿hasta cuándo regresará 

el mío dolor?



               II


No digas nada,

nada me digas.

Ocúltate en la sombría llama

en el río blanco

en el frío incendio

en el silencio abierto.

No digas nada, 

nada digas,

ni respondas nada. 

¡Mi corazón callado

eleva su llama!



               III


La mi lágrima perdida 

entre tus dedos ardió,

y tu sonrisa insolente

la desertizó.

Con la sal que truxo 

sin que te dieras cuenta 

tu corazón removió. 

jueves, julio 23, 2026

un peso leve


un peso leve 

como la minúscula parte de una nube que cae

cae 

y 

ajena contra sin contra 

en la cáscara finísima 

del río 

liminar piel

y onda tras onda 

el perfil instantáneo

se une y desaparece

peso tán

corpúsculo



domingo, julio 12, 2026

Un paseo

 Para N.


Pienso que en aquel momento nos habíamos vuelto casi invisibles o que transmitíamos un secreto que solo se había de escuchar en el silencio, ya que se sentaron junto a nosotros –apenas nos separaban escasos tres metros– una pareja de jóvenes, tal vez veinteañeros. Hablaban tan sosegados, tan entre murmullos, que no los sentí hasta bien entrada la sombra que nos arrojó agua para el riego y atardecer.
Así permanecí intranquilo –sí, me intimidaba la situación, tu presencia, disfrutar por fin a solas de tu compañía– hasta que me percaté de tus lágrimas. Te secabas los ojos emocionada mientras me contabas cómo acompañaste a aquel amigo una tarde en el hospital, sin saber que eran sus últimos días de vida, y de qué manera ofreciste también consuelo a su familia en el funeral con aquel texto que escribiste en su memoria. Comprobé entonces que eras una persona real.
        
        Volvimos al ruido por un camino ancho de arena y al sarao continuo de las hojas de los árboles que parecían ordenar y sostener nuestros silencios.
Sí, así es, ¡fue la primera vez en años que alcance la paz más profunda que casi no la reconocí! El interior de mi cabeza y de mi pecho se habían lavado y los había tendido ante el sol radiante y favorito del sosiego.
Bebíamos y hablábamos en una terraza; mientras, la gente desaparecía a nuestro alrededor. El camarero nos había concedido cinco minutos. Todo parecía adecuarse a un ritmo tan lento que el tiempo pasaba de puntillas y, empujado por la brisa, no se detenía. Ahora se había convertido en un sonido iluminado por la estación de buses; ahora, en unos muchachos que manejaban una maleta; ahora, en unos camareros que proclamaban su vuelta a casa; ahora, en tu perfil que me acompañaba y que había apaciguado este tonto corazón como si se abasteciera por completo del efecto de una caricia a un caballo tras el trote de meses y meses en una carrera circular y sin sentido.
Parecía que nuestro paseo se ensimismara pero, de nuevo, aquel viejo de nombre Tiempo, impelido por la zozobra de las hojas de los árboles, pronunciaba cada uno de nuestros pasos que no nuestras palabras… “¿por qué no se detiene?”, me preguntaba yo.
 
        Deseaba encontrarme cada vez más cerca de ti. Pensaba que así no volvería más la ansiedad, ese instante cabizbajo, minúsculo, que asoma guasón –de rostro sudoroso, manos nerviosas, respiración entrecortada que crea engranajes y mentiras, que apaga la sangre de lo bello y generoso…, ¡lo necesitaba tanto! Sí, tocar tu piel, aun un solo roce, nada más… ¡oh!, ¡se iría, se ahuyentaría por una vez, si aun fuera por un instante, la fatalidad de vivir!
No fue así. El Viejo Tiempo nos acompañó distante, y muy incómodo. El Tiempo, ese Viejo de ojos aparentemente afables, disimulaba y reconocía su pedacito fósil en nuestros pensamientos.


        Después de que lo ignorásemos aquella tarde, regresó al día siguiente con la venganza amarga de la separación; claro que sí, y me ató las manos, y me susurraba palabras y estallidos que se me entremetían en el cerebro, que no me dejaban en paz, como espinitas de lumbre que no iluminan sino que incendian y que me arrasan los ojos con sus destellos.
Por ahora, no pienso en nada más que en hallar de nuevo el agua que me devuelva a ese río que fuiste tú, y del que me diste de beber, y me limpiaste.


jueves, abril 09, 2026

diminutos fuegos

La casa ardía por pequeños recovecos. Alguna jadinera, la caja de papeles viejos, una cesta que llevaba años en el mismo sitio y que guardaba cargadores de diferentes modelos de móvil, el cubo para regar las plantas del jardín, el poyo de la ventana que limpio de hojarascas también le dio por prenderse, el rincón de los abrigos viejos, una caja de zapatos en lo alto del armario...; incluso el altillo cerrado despedía un hilo negro... al abrir sus puertas de madera de contrachapado pude adivinar al fondo una diminuta llama de color rojizo y azulado que emergía delicada y limpia de una de las esquinas del fondo.

Mi casa ardía plácidamente. Toda ella ardía suavemente, como si el propio fuego ignorase su verdadera naturaleza. Eran fuegos diminutos todos los fuegos. Fuegos que podían ignorarse, que podían haberse mantenido durante horas; y, si me apuras, ahí estaban calmos, livianos, sordos, casi delicados y bonitos. Mi casa estaba ardiendo. Supuse entonces que todo ello era así, que su aspecto amable por poco agresivo, se mantendría hasta que se extinguieran tal y como habían prendido. Una pesadísima y demoledora sensación de tristeza me invadió pues me percaté de que no tenía agua suficiente para apagarlos. Quise dibujar, imaginar en mi cabeza un océano suficiente para ahogarlos pero en ese momento, y los siguientes, o eso creo, estaba atendiendo a su solo brillo, a su sola belleza. Me di cuenta de que esos diminutos fuegos me acompañarían durante algún tiempo; más, quién sabe hasta cuándo.



            

sábado, enero 25, 2025

Pérotin

La luz apagada,

sumido en una casi religiosa penumbra 

y Pérotin con su polifonía medieval, 

su teatro de voces, 

Viderunt omnes...

mi 

iglesia 

medieval

propia

encerrada 

en 

el 

baño.

28/10-24

lunes, diciembre 30, 2024

Año Nuevo

ai ke acer cosas para ke nadie te aplauda

ni siquiera el rinoceronte casposo

ni señorita telaraña

ni su excelencia la mosca trepadora cristalera 

ni siquiera esta rima que madmoiselle serpiente sonríe cual trompeta vertical.

porque el puente de la vida se cruza solo, 

solito, 

solito que te vas con tu pena tu alegría tu conciencia 

al otro laíto del río 

donde el caimán o el abejaruco 

(aquí falta texto, el original se ha perdido en parte como niño en verbena)

no te olvides amigo mío 

no lleves paraguas 

aquí uno se moja con todo...

no se lleve usted ni comas

ni tildes por supuesto,

ni calzoncillo de hopalanda 

ni arpegio de tisú)


(Nota bene: escribo un poema al día 

y resurge la alegría, 

dibujo, pinto, escribo,

moldeo, recito, 

o realizo una nueva figura 

con las manos a modo de linterna mágica; 

soy gatuo incluso, si no puedo ser vacuo)

miércoles, septiembre 25, 2024

Gijón, 27 de septiembre de 2024. Re-presentación del libro de poemas El bar en el que los camareros eran...

Hacía mucho tiempo que no subía fotos e imágenes de algún evento que me tocase o que me involucrara directamente..., ha llegado el caso. 

Luego de presentar el libro en Los Torreznos, en la calle Fernán González, y en el John Ambigú, ambos en Madrid, me voy a a Gijón gracias a mi amiga Loida que bien ha organizado el evento y que lo presentará. Tendrá lugar en La librería de bolsillo, como aparece abajo en el cartel adjunto.

Nos meteremos todos en el bolsillo-sala que hay al final de la librería, y ahí leeré poemas del libro que nos ocupa y otros ruidos que he ido rescatando (y no dudo en escribir: releyendo, redescubriendo y regocijándome).

Porque hay que celebrar y entusiasmarse. Que no nos arrebate nadie pasar un momento (que sean dos) divertido y para compartir. 

Espero veros a los que os podáis pasar por ahí. 

domingo, julio 28, 2024

una tarde a 38

Este calor es una sopa eléctrica amoratada. 

Wer Werner Haas - Imágenes, Libro 2 [C. Debussy]

La mariposa nos observa, con sus dos puntos negros, desde un tiempo en el que fotografía ha sucedido. Alegre al comprender tu descubrimiento casi imposible, parece que te agradece que hayas regado el breve jardín al otro lado de la calle donde se ha posado. Es un alivio. Sus alas se despliegan como el atardecer que no he visto. 

¡tan lejos nos encontramos de otros seres vivos que...!