Asco
Lo que más me gusta es que las mujeres me miren con asco.
Ahora que me he dejado barba me observan con asco y disfruto.
Disfruto gracias al asco en sus miradas,
ni siquiera compasión,
porque la compasión no duele, solo asco,
el asco te perfora, te duele, aunque es una herida que florece
porque todo lo que florece en primavera, la estación más puta,
la estación de la crisálida, del bicho deforme, purulento que es asco,
se transforma en un ser aun más repugnante.
El asco es perfecto, un asco que se fragua por ir con gorra, gafas,
barba amarillenta, de orín, de cosa vieja,
y con un olor en la ropa de viejo que se muere
bebiéndose una cerveza o comiéndose una patata con tomate que chorrea.
Asco, asco, eso es: asco, ¡repítelo otra vez más! asco, me miras con tu mirada altanera
y dices solo asco, asco, aunque seas como eres te sorprende repetirlo tantas veces.
Asco me llamas tanto, asco me seduce, te acercas a mi aunque te produzca tanto asco.
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