lunes, julio 27, 2026

El mío dolor

               I


¡Fue el amor a mis ojos 

dél quedaron enfermos!


Enfermos que no los limpia 

ni la mañana clara

ni la noche fiera.

Enfermos que no los limpia 

ni el pañuelo blanco

ni el pañuelo terso.

Enfermos, ¡quién no los tuviera 

ni ciegos ni opacados!,

pues fueron mis ojos a tus ojos

y allí quedaron tocados

… ya no me dejan ver

ni los míos propios

ni los tuyos otros.


¡He sufrido tanto, mi dueña, 

tanto he sufrido!,

durante sus días largos

y sus piedras blandas

y sus soles, y sus andas, 

y sus minutos tardos y sus horas altas...

sus largos huesos.


No aparto de mí ni tus ojos, ni tu boca,

ni tus manos claras.


¡He sufrido tanto, mi amor, 

tánto! Y segundos

que punzadas en cárcel

este pecho nombraba.


Pero en un suspiro acabó prisión, en un anhelo.

Tu mano amarró

mi barato corazón, 

¿hasta cuándo regresará 

el mío dolor?



               II


No digas nada,

nada me digas.

Ocúltate en la sombría llama

en el río blanco

en el frío incendio

en el silencio abierto.

No digas nada, 

nada digas,

ni respondas nada. 

¡Mi corazón callado

eleva su llama!



               III


La mi lágrima perdida 

entre tus dedos ardió,

y tu sonrisa insolente

la desertizó.

Con la sal que truxo 

sin que te dieras cuenta 

tu corazón removió. 

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