¿Ya no podré contemplar
jamás
tus manos
que, como el arcoíris, se posa
sobre la tierra agradecida
por la humedad y la brisa,
así en mis sentidos tu recuerdo?
¿Ni escucharé tu voz
que como alambique de nubes
dispersa palabras y notas
escanciando la divina tranquilidad
con la que me hablaste?
Tan solo escucho el silencio
ahora
golpe péndulo de ausencia,
muro en mi necesidad de olvido,
arena basta
de los ojos de la memoria.
Nada más que eso,
y arrancarme tu imagen para siempre.
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