La soledad de las noches de verano es líquida
y el silencio suave entre cada jirón
que al amanecer desaparece.
La soledad es líquida ahora
pero no te abraza,
aunque no permanezca distante
posee su propio ruido.
La ciudad parece reírse de su propia amargura,
canta una vieja canción con la calma
de todos los hogares vacíos
en época estival.
¡Yo que quisiera habitarlos uno a uno
para recoger entre mis manos
el tenue vibrar de sus paredes,
la llamada secreta
en la disposición de los objetos
y el olor prístino
del aire que discurría
al fundarse en los lugares nuevos!
La soledad de las noches de verano es líquida,
-las sombras conversan en signos
que hacen más dulce la espera-
y se vierte sobre las manos del olvido casi sin ser notada.
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