
Al "pequeño onetti"
Tengo un amigo que devoraba a Faulkner y a Onetti como nadie.
Fumaba como Onetti, se emborrachaba como Faulkner. Cuando se encontraba bastante bebido hablábamos de literatura o simplemente nos reíamos.
"Si alguna vez tuviera que hablar ante un público, primero habrían de traerme una botella de whisky". Eso ya lo dijo Faulkner.
Una día, recién amanecido, la armamos gorda. Fue una gran performance en el barrio de Aluche, un domingo por la mañana, a eso de las ocho: Entre el Gran Sí y el Gran No.
Por la tarde me debía reunir con los colegas para hacer el próximo número de una revista que no nos dejaban vender en la facultad porque el monopolio lo tenía la librería; y la Verdad, Santos Sanz Villanueva. Llegué con una resaca enorme, apenas había dormido.
Él se fue a Alicante y junto con su hermano montaron un garito de bakalao. A él no le gustaba el bakalao pero había que ganarse la vida y estar junto a su hermano.
(Yo iba a la facultad y acudía a las clases de Jesús Benítez, un loco maravilloso que enseñaba literatura en la soledad más absoluta y con la manera más divertida, excitante y creativa que he visto nunca. Con él supe un par de cosas más sobre Onetti).
Después de Alicante, y hacerse colegas del mafioso más malo y odiado del lugar, se marchó a Cuba para vender, otra vez junto con su hermano, unas máquinas que hacían, si mal no recuerdo, troqueles o algo parecido.
Volvieron de Cuba, y poco tiempo después marcharon a Galicia, a una aldeíta. Se establecieron junto a unos enormes aerogeneradores que emiten un ruido constante, un bisibiseo continuo y enloquecedor si no te acostumbras a ello.
Le he perdido la pista.
Años más tarde me dijeron unos amigos que posiblemente yo había dormido en la misma cama que Onetti. Me encontraba en Riaza.
Onetti se encontraba allí, es decir, en Riaza, con otro gran escritor y amigo, Ferrer-Vidal. Y para ser que muy olvidado... Entonces, ¿Onetti salió de su casa en la Avda. de América para encontrarse en Riaza? Aquello de que nunca se movió de la cama en sus últimos diez años de vida es un bulo. Un bulo que gusta repetir pero que no es cierto. Por ejemplo.
Anoche hablaba con P. y nos acordamos de nuestro amigo "el pequeño onetti" -su caligrafía es impecable, perfecta, y preciosa; su escritura un complejo psicológico que desguaza las miradas más diversas. Es un portento, una auténtica arquitectura que siempre ha ignorado el que alguien, cualquiera de nosotros, le animara a enviar sus escritos a una editorial. Una pena-.
Hoy domingo aparece esta fotografía en el Babelia en un artículo a doble página. Otra casualidad más. Conociendo a Onetti sé que nada es casual.
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