No he podido contenerme. Así que aquí os pego un relato que envié a EP3 Talentos.
Mi padre, poco antes de morir, me dijo que conocería la fecha del día del Juicio Final justo una semana antes de que se produjese, ya que toda la humanidad, la misma noche, tendría el mismo sueño.
Es aquí, evidentemente, donde surgen mis más generososas dudas. Primero, si mi padre me lo comunicó en estos términos –y así fueron– también él, a lo largo de su vida, estuvo pendiente de que pudiera ocurrir tal Suceso, aunque bien es cierto que mostró siempre cierta pachorra para todo y más para sus trabajos y cotidianas labores.
Segundo, y creo que lo más importante, cómo he de saber cuándo es el día del Juicio si vivo en una aldeíta, y aquí las únicas noticias me las sirven los paisanos que, muy de vez en cuando, pasan por delante de mi puerta a echarse un pito, o unas risas o un trago de vino.
Además, preguntar por los sueños es de ser un impertinente, aún habiendo confianza, porque mis paisanos, aunque rudos, son gente muy leída y desconfían muy mucho de los que se avienen a interpretar la sesera para luego escribir sus tontunas en periódicos o revistas, o en programas de televisión para bien enfardarse los billetes, y si te visto no me acuerdo. Porque hay aquí mucha picaresca y mucho vendedor de humo, y ya me lo dijo mi padre, que no confíe en nadie si nunca le he puesto en gran aprieto, si nunca he observado verdadera capacidad para la lealtad o para el callarse.
Así que cuando llegue, si llegare tan desagradable día, que no salga de mí la locura del “arrepentios, el Fin está cerca”, que luego me encierran y tengo que esperar a que todo se vaya al carajo encerrado entre cuatro paredes, que ya será cosa de la mano del degenerado género humano, que no de Dios ni del diablo, y que mejor escribo esto para quien quisiere hacer oídos, y que cada uno se guarde; ¡ea!
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