
Kilgore Trout. Así se llama uno de los personajes más fascinantes de la historia de la literatura. Así se llama un personaje de Kurt Vonnegut, escritor que ha retratado en sus novelas -aparte de incluir en pasajes aparentemente realistas ciencia ficción, de ahí viene el señor Trout- el surgimiento del expresionismo abstracto en EUA o la creación de la bomba atómica que reventó Hiroshima y Nagasaki y que nos reveló el horror genocida que Kurt ya conoció en sus abuelos con el exterminio de miles de armenios a manos de los turcos -quienes aún no se han atrevido muchos de ellos a reconocer-. Siempre me viene a la memoria aquel verso de Arthur Rimbaud "He aquí el tiempo de los asesinos". Kurt habla del s. XX como el siglo del genocidio... porque las guerras siempre se conocen y reconocen, son retransmitidas en el momento, son valoradas y contrastadas, donde los politiquillos y los analistillos están siempre a la greña... pero ¿y los genocidios? Tal vez no cumplan con las dictados de la carta de los Derechos Humanos y por ello se oculten. No lo sé, lo que sí es cierto es que por desgracia, por desgracia tanto para uno como para otro bando o país, Israel ha cometido un nuevo genocidio y este, para más INRI, ha sido retransmitido pero convenientemente negado como tal. Han actuado en defensa propia. Es lo mismo que dijo Milosevic respecto a Sbrenica. El pueblo de Slobodan era también amenazado por los bosnios musulmanes... y por ello los pisotearon y los asesinaron. Siempre hay una justificación para todo. ¿Es en la "justificación" en lo que se basa la inteligencia humana o es en la posibilidad de encontrar una solución sin aniquilar el problema, y caiga quien caiga, o metiendo la cabeza en la tierra como las avestruces? No lo sé. En Cuna de gato, en el momento en el que está cayendo la bomba atómica sobre una de las ciudades japonesas, Felix Hoenikker, padre de la bomba atómica tiene -creo que era él- entre sus manos unos hilos, o piolines como escribió Cortázar, con los que construye o forma la silueta de una cuna a la vez que se la muestraa su hija. Una pequeña cuna en el salón de su casa, mientras miles de personas están siendo carbonizadas. Nada más. (Leo en Internet que Vonnegut es un nihilista acérrimo, que desconfía absolutamente de la humanidad... ¿no será que se ha reído bastante de los profesores de las grandes universidades yanquis, que ha construido un poderoso ejército de libros que en ejercicio han desbaratado muchas conciencias sin sentido crítico que como burritos siguen al abanderado?...). No, es un nihilista que construye, que critica con sentido, con ganas de hundir su estilete en la conciencia, de análisis, de porqués. Si no fuera así, no hubiera escrito Barbazul, novela en la que refiere la vida de lo que antes comentaba: la abstracción americana en la siglo XX, cuando tras haber dibujado en la pared de la cocina un retrato perfecto de su hija y escuchar la charla de su mujer llamándole fracasado tanto como padre -no gana ni para dar de comer ni a su hija ni a su mujer ni a él mismo- tanto como pintor -no ha vendido ni un maldito cuadro- le planta su mujer que si no podría hacer eso y dejarse de brochazos... el tipo le contesta: "Fue la primera vez que utilicé un taco con mi mujer pero tuve que responderle: ""Porque es jodidamente fácil"". Seguir al abanderado, el tener un ruido en la cabeza y no saber qué cojones es pero está ahí, la necesidad de "hablar" y arriesgarte a condenarte a ti y a los tuyos -en este lugar de mercado, tanto vendes tanto vales...- el plantar cara, todo esto, es jodidamente difícil y hay personas que siendo nihilistas (¡ja!) se comprometen, por lo menos y hasta donde llegan con sus útiles, hasta el tuétano.
Si somos inteligentes para destruir todo somos inteligentes para no hacerlo. En eso consiste esto.
He aquí mi pequeño brindis al sol.
No hay comentarios:
Publicar un comentario