Estaba deseando llegar aquí. Son las 5 menos cuarto de la tarde. Hace una ligera brisa. Debo poner un nombre a este lugar... ¿Altolago?, porque en el fondo es un pequeño remanso de paz. Solo cuando se escucha el aviso del metro, su señal acústica, la calma se rompe. Si no fuera por este sitio, pero en general, no sé. Si no fuera, por este momento donde todo parece detenerse y la quietud se alía de manera especial con el recuerdo...
Es un alto pero a la vez es un claro de un bosque bajo. Estoy escuchando la emisora de Canadá, Ancient. Cuando el viento arrecia, me gusta aún más, como es el caso. El sonido de las hojas, de los arbustos, todo lo que me rodea ahora vibra y parlotea como estoy haciendo ahora yo sobre este cuaderno.
De tan necesitado de amor y cariño como estaba, me agarré al primer corazón que supuse interesado en mí. Lo atrapé con tanta fuerza y con tanto deseo que se detuvo en un par de encuentros, no más. Ni siquiera con el primero... si lo hubiera dejado marchar... mas insistí. Tras varias semanas, insistí, cuando debería haber desaparecido. De tan necesitado de amor y de cariño, me agarré a tu mano, como si nunca te quisiera soltar, aunque tú ya eras ida.
De tanto tánta, de tan tánto / ahogué la sencillez / y no acallé mi dolor / ahogué tu amistad / no conjuré el olvido.
(Triste suis, Capella de Ministrers & Charles Magraner;
Riu Riu, Skarazuka)
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