miércoles, septiembre 21, 2005

Esta mañana he estado fijándome en la nariz de las mujeres, en su tamaño, para ser exactos. La mayoría de ellas eran pequeñas, perfectas, diseñadas por un arquitecto o por un escultor que hubiera sido tocado por la gran inspiración o simplemente hubiera tenido un buen día.

Abrir con una buena frase el comentario. Una frase para crujirse las neuronas o para abrir aún más los ojos al nuevo día.
Frases cortas, como disparos, "como pedradas en la sien y ya hay un muerto" dijo aquel que renunció a su poesía -digo R. Irigoyen, tal vez emulando a Rimbaud aunque no lo creo. Sus Cielos e inviernos siempre serán geniales...-.
Disparos como la obra de Carver, como la obra de Fante, como la obra telegráfica EUA. Todos aquellos que tuvieron entre sus manos a Chéjov. La respiración de la calle.

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