Espere un rato a la errata
Allí estaba, detrás de aquella coma, pizpireta, regordeta, sabrosa como ella sola, aguardando con un mohín de "aquí estoy, ¿me esperabas? Apártate que contigo nada, además... ¿qué haces, me ves acaso, cuatrojos? La mía vista enamorada, escrutadora, salvaje por lo que tiene de astuta para hallarla en buen estado pero flaca, siempre flaca y tremendamente pequeña, diminuta, inexistente casi para aquel que busca, y ya se sabe que el que busca pasa por encima y ni se percata... la belleza, su belleza para mi propia dicha podría pasar inadvertida, el horror para otro pudiera ser el motivo de afrenta, de insulto casi, si este tenía que ver con la absoluta corrección, la más alta cota del decoro y la limpieza.
Pero nó, a mi nó -este no acentuado, con cara de poquitos amigos, ceñudo, displicente, amargado, cojitranco, hijodeputa- puesto que yo había ampliado cada una de las figuras, cada uno de aquellos símbolos que me decían y que nunca escuchaban, pues eran más que sordas -put@s- aunque bien elevaban sus vocecillas hasta las más altas alturas... a mí no, a mi no me podían burlar, esquivar como se esquiva un guión, por arriba por abajo-. Sigo siendo el mejor y sus resabiados ojillos no me confunden... así que esperé un buen rato a la errata... ¡ni con disfraz siquiera!
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