miércoles, julio 12, 2006

Esta mañana me he levantado con una nueva cicatriz. Esta vez ha sido en la mano, junto al dedo gordo. Subía desde su base hacia la muñeca. Era perfecta y me he detenido a contemplarla.
No quería salir de la cama a pesar de que el despertador había sonado un par de veces. Llegaría tarde de nuevo al trabajo. Ahora lo tenían a huevo. Me preguntarían cómo me había hecho eso y si formaba parte de una nueva moda, como la escariación o una rareza parecida.
Después de desayunar me conecté a Internet. El tiempo, jodido tiempo. Mucha prisa. Conseguí escribir bien la contraseña y apareció mi buzón virtual. Al momento se abrió la portilla y surgió una animación que era un sobre y que a su vez contenía un papel que se desplegó. Lo acostumbrado, pero esta vez el texto explicaba el porqué de aquella nueva cicatriz: "Has sido malo. Un chico malo. Toma tu premio, tu marca. No vuelvas a ser malo. No vuelvas a despreciarnos, a intentar saber quienes somos. Es imposible... te hemos tomado un pequeño huesecillo que te sobraba para experimentar con él en el laboratorio. Puedes seguir haciendo tu vida normal. No te preocupes por nada. Tu castigo se ha terminado a no ser que quieras seguir incomodándonos".

La carta o el texto acababa aquí. Sin origen. Perfecto. Era imposible investigar la fuente, la procedencia. Días antes conseguí entrar en la base, en la que por ley, se guardan durante un año todos los correos. La búsqueda fue infructuosa. Me habían ganado de nuevo... ¿estaría dispuesto a que me cortasen minúsculos pedacitos de mi cuerpo sin importancia durante la noche a cambio de un conocimiento que tal vez ni siquiera podría probar? Se ocultaban con perfección. Incluso esto que escribo pueda desaparecer una vez publicado. No sé cómo seguir investigando. Me detendré unos días. No quiero volver con una nueva cicatriz al trabajo. La gente puede ponerse muy pesada.

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